Crisis política en Bélgica: Yves Leterme (y ya van tres)

Artículo publicado el 29 de Julio de 2008
Artículo publicado el 29 de Julio de 2008
El primer ministro belga, Yves Leterme (democristiano del CDV) tira otra vez y por tercera vez la toalla, después de que su partido le retire el apoyo para reformar el Estado. Poco después de su dimisión, el rey Alberto II la rechaza y prolonga su mandato.  ¿Qué está pasando en Bélgica?

Es la tercera vez en un año que el primer ministro belga, Yves Leterme, deja voluntariamente sus funciones… para acto seguido ¡volver a retomarlas!

El 23 de agosto de 2007, dos meses después de vencer en las elecciones legislativas, presenta su dimisión tras fracasar en la formación de un gobierno de coalición, por la falta de consenso entre las comunidades flamenca y valona en lo que concierne a la reforma del Estado. Retoma su puesto el 29 de septiembre de 2007 por petición expresa del rey Alberto II. Sus tentativas de compromiso se volatilizan el 7 de noviembre cuando por vez primera los flamencos acaban con el tradicional acuerdo en cuestiones comunitarias al votar una resolución que priva a los francófonos residentes en Flandes de algunos derechos.

Tras un periodo de gobierno provisional garantizado por Guy Verhofstadt, el antiguo primer ministro, Yves Leterme se vuelve a convertir oficialmente en primer ministro el 20 de marzo de 2008. Semanas más tarde, se alcanza un acuerdo de mínimos entre flamencos y valones. Se evitaron las cuestiones más sensibles pero debía presentarse un segundo paquete de reformas antes de mediados de julio.

“Reactivar el diálogo institucional”

Fue precisamente este segundo paquete de reformas lo que puso en entredicho al líder democristiano. En la noche del 14 al 15 de julio, presentó por tercer vez su dimisión oficial al rey. Pero no tendría mayor importancia.

En la raíz del problema: el CDV/NVA –una alianza entre los democristianos flamencos y los nacionalistas- acaba de retirarle su respaldo en el proyecto de reforma del Estado que debía otorgar mayor autonomía a Flandes.

El 17 de julio, tras varios días de reflexión, el rey rechaza esta dimisión y confirma al primer ministro en sus funciones. Con un pequeño matiz: le endosa una suerte de comité de sabios compuesto de tres miembros, dos de ellos francófonos. Su objetivo: reactivar “el diálogo institucional de una manera creíble”. Problema: los flamencos están infrarrepresentados en esta nueva formación y los nacionalistas, entre ellos los del NVA, lo critican.

Cisma nacional

Garde Royale belge devant le Palais Royal à Bruxelles. La Monarquía, ¿El último rastro de la unidad de Bélgica? / Foto: JLA Kliché-FlickrBélgica se encuentra así en una situación intrincada, un atolladero que tiene en parte sus orígenes en una arquitectura institucional original, por no decir arriesgada. De hecho, desde la abolición del Estado unitario en Bélgica, tres niveles institucionales (Estado federal, región y comunidad) se superponen a las complejas relaciones.

A esto hay que añadir estatus especiales como las comunas particulares o el de los distritos electorales y judiciales de Bruselas-Hal-Vilvorde. En esta parte de Bélgica, que incluye la frontera entre las regiones flamenca y valona trazada en los 60, los francófonos disfrutan de derechos especiales como la posibilidad de votar las listas comunes de los partidos francófonos o de ser juzgados en francés. Mientras que los flamencos ven la escisión de este distrito como la única condición previa a una posible retoma de las negociaciones, los francófonos ven en ello un asunto al que aferrarse mal que bien.

Entre los políticos flamencos y los valones se contraponen dos concepciones de país. Los flamencos querrían más autonomía, confederalismo, por no decir independencia. Los valones mientras tanto permanecen aferrados a la unidad nacional, el Estado federal. Las razones de este cisma son múltiples. Con frecuencia se debe a razones socioeconómicas. Mientras que Valonia sufre graves dificultades económicas ligadas a la desindustrialización, Flandes prospera y refunfuña cada vez más por la cesión de transferencias monetarias. A esto hay que añadirle una corriente nacionalista identitaria flamenca muy dinámica. El Vlaams Belang, partido de extrema derecha flamenca, obtiene cerca del 30% de los votos en ciudades como Amberes.

Sin embargo, según los sondeos, la población belga parece desinteresarse por el tema, más preocupada como está por las dificultades cotidianas como el problema de la pérdida de poder adquisitivo.