¿Crisis? ¿Qué crisis?

Artículo publicado el 1 de Noviembre de 2004
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Artículo publicado el 1 de Noviembre de 2004

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La comisión Barroso no ha tomado el poder este primero de noviembre. La UE carece de precedente legal que determine qué es lo que se debe hacer en este caso. ¿Significa esto que la Unión está ante una nueva crisis?

Se suponía que todo transcurriría sin grandes sobresaltos: primero, el Parlamento Europeo votaría y aprobaría el gabinete propuesto por Barroso, después se produciría un traspaso de poderes sin incidencias entre Prodi y Barroso, tras esto, la UE viviría feliz para siempre y comería perdices. Pero algo ha salido mal. Barroso, de pronto, decidió retirar su propuesta de Comisión de la agenda de votaciones previstas en el Europarlamento. ¿Por qué lo hizo? ¿nos encontramos ante una crisis?

Las tres “B”: Buttiglione, Barroso, Berlusconi

A pesar de todo lo que los medios de comunicación puedan decir o hayan dicho al respecto, el mayor fallo de Buttiglione no ha sido su retrógrado punto de vista sobre temas como la homosexualidad. Su mayor falta consiste en no haber conseguido el suficiente consenso del Parlamento para convertirse en el próximo Comisario de Justicia, Libertad y Seguridad. Y no lo ha conseguido porque Barroso lo propuso para una cartera sobre la que Buttiglione no tenía la más mínima preparación; lo hizo simplemente porque era amigo de uno de los hombres más ricos de Europa, Silvio Berlusconi. Las tres “B” han tropezado con la misma piedra: han ignorado el papel que ejerce el Europarlameto en el proceso de elección de la nueva Comisión. Haciendo esto, lo único que han conseguido es engendrar un conflicto institucional, y ahora la única forma que tienen para resolverlo, tanto Barroso como los propuestos para Comisarios, es mostrando algo de respeto hacia el Parlamento.

Desequilibrio institucional

La estructura institucional de la Unión se basa en la división de Poderes (Checks and Balances). Según este sistema, las cuatro instituciones principales de la UE (el Consejo, La Comisión, el Parlamento y el Tribunal de Justicia) se vigilan y controlan mutuamente. Dejando por el momento a un lado el Tribunal de Justicia, y tomando como baremo la influencia que cada uno de estos órganos tiene en el proceso de toma de decisiones, me aventuro a decir el reparto de poderes entre estas instituciones es tal que así: 50% para el Consejo, 35% para la Comisión y 15% para el Parlamento. La mayoría de los que piensan que el objetivo final del proyecto Europeo debe ser político, piensa que de las tres instituciones antes mencionadas, son tanto la Comisión como el Parlamento los que necesitan ser potenciados, porque o bien representan la “supranacionalidad” (la Comisión), o le otorgan cierta legitimidad democrática a la Unión (el parlamento). Bajo este enfoque, la victoria del Parlamento no deja de ser una victoria pírrica. Es cierto que se ha ganado algo más de respeto, y también que tanto Barroso como la Comisión tendrán que tener más tacto cuando traten con el Parlamento. Pero también es cierto que la cuota de poder del Consejo permanece intacta.

Así que mientras el juego de poderes institucionales permanezca más o menos tal y como está ahora, en desequilibrio, no se podrá hablar de crisis en la UE. El Consejo sigue desempeñando el papel más importante en el seno de la Unión, y los Estados continúan siendo los amos y señores a la hora de firmar tratados. No ha sido el Parlamento quien ha elegido a Barroso, y aunque así fuera, tampoco es él quien preside las reuniones del Consejo. A pesar de esto, si se está dando una pequeña crisis en la Unión Europea -pues no se veía al Parlamento enseñando los dientes tal y como ahora lo ha hecho desde el caso Santer-, se demuestra que no malgasté mi tiempo yendo a votar el pasado 13 de junio y nos recuerda una vez más que cualquier institución Europea debe tomarse en serio el papel del Parlamento.