Cristina Branco, cantante de fado

Artículo publicado el 29 de Abril de 2005
Artículo publicado el 29 de Abril de 2005
Si no han oído hablar de Cristina Branco, quizás tampoco hayan oído hablar del fado, la canción tradicional portuguesa de carácter melancólico, destinada a tomar Europa por asalto.

Decidí ir a ver a Cristina Branco en el Consulado portugués en París, donde promocionó, en un ambiente de cálida intimidad su nuevo álbum, Ulisses. El Consulado es un imponente edificio de estilo Haussmanniano, con cargados interiores decorados en madera a modo de interesante escenario para la charla informal con Cristina Branco. Pequeña y morena, llegó con antelación a la cita y enseguida se presentó con exquisita amabilidad, esbozando quizás un cierto punto de timidez. Flanqueada por su productor francés y por el Cónsul General portugués, João Teotónio Pereira, Cristina Branco parecía al principio como perdida en la gran silla tallada en madera en la que se sentaba. Teniendo en cuenta que quiso ser periodista, empecé por preguntarle por qué abandonó sus estudios para convertirse en cantante: "¡Me parece más fácil hablar con periodistas que serlo!", bromeó.

A pesar de que su estilo musical se ancla sobre todo en la tradición portuguesa, la realidad es que sus álbumes han sido galardonados con un Triple Disco de Platino en Holanda, país en donde tiene más seguidores. ¿Qué ocurrió para que la tierra de los molinos sucumbiera a sus talentos? "La primera vez que me subí a un escenario fue en Holanda, pero fue totalmente por accidente", admite sonriente. "Un amigo en Portugal me convenció para que saliera en su programa de televisión. Alguien en Holanda vio el programa y me invitó a que actuara allá. ¡Antes de eso, sólo cantaba en la ducha!". Dicha actuación desembocó en su primer álbum Cristina Branco en Holanda, al que le siguió al año siguiente Murmúrio, con el que ganó el prestigioso premio francés Choc de l’Année du Monde de la Musique.

Branco canta en cuatro idiomas (portugués, inglés, francés y holandés) y considera que su música no tiene barreras lingüísticas: "Las palabras no siempre son lo más importante en una canción. La comunicación va más allá de las palabras". Branco continúa para decir que, no obstante, le alegra que "haya muchos americanos, japoneses, holandeses y otros que están aprendiendo portugués a través del fado". Puesto que canta en muchos idiomas y pasa mucho tiempo viajando por el extranjero, le pregunto si todavía se siente unida a su país. "Soy portuguesa", dice con énfasis. "Soy muy patriótica".

Pero, a pesar de esta afirmación, Branco no es una cantante de fado tradicional que se ajuste rígidamente a las raíces históricas del género, sino que ha introducido elementos modernos en su música, incluso el uso de letras de poetas extranjeros tales como Paul Eluard, que ella reconcilia con el fado "buscando la musicalidad en las palabras, su misticismo. El álbum Ulisses es un ejemplo de esta dualidad entre la música tradicional portuguesa y poemas de fuera de Portugal que expresan la emoción de la música". E incluso lo que es más inusual, Branco ha colaborado con un grupo de rock Holandés (ellos cantaban con su estilo y en su lengua nativa y ella ponía el estribillo con el estilo del fado), y reivindica influencias de autores tan variados como James Joyce, Hemmingway y Patrick Süskind. Branco prosigue: "También disfruto leyendo a Sócrates, Sartre y Nieztsche. ¡Nieztsche es sublime!"

La dualidad de Branco es quizás un reflejo del Portugal moderno, que ha tenido que conciliar tradición y modernidad desde su entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986. A pesar de que Branco no quería dejarse arrastrar hacía una discusión política, pude entrever por un instante sus sentimientos contradictorios sobre la modernización de Portugal. "Portugal ha cambiado enormemente" pero, al haber nacido justo antes de la revolución de 1974, Branco comprende que "tienes que aferrarte a la libertad con las dos manos". A pesar de que ella insiste en que se siente portuguesa, Europa es su campo de juego y, cuando le pregunto si le gustaría establecerse en algún lugar en particular, no se compromete. "Mi hijo (nacido de su relación con Custódio Castelo, su marido y guitarrista) está en Portugal y él es mi inspiración. Por lo normal, siempre viaja conmigo, pero en ésta ocasión estaba enfermo."

Justo antes de irme le hago una última pregunta: ahora que el fado está teniendo un pequeño resurgimiento, ¿hay alguien en el mundo de la música con quien le gustaría colaborar? Su modestia se hace evidente en este punto: "No tendría valor para pedir a alguien a quien admiro que cante conmigo". Cuando le insisto en que nombre al menos a una persona con la que le gustaría trabajar, incluso aunque piense que ello no ocurrirá nunca, finalmente accede a nombrar a… Elvis Costello, y en este momento su productor nos interrumpe: "Elvis Costello trabaja con la misma discográfica que tú en Francia. ¡Quizás se pueda arreglar algo!". La respuesta de Branco expresa el espíritu de muchos europeos de hoy. Por un lado, tiene una fuerte identidad nacional que se manifiesta en su amor por esta música tradicional portuguesa, pero por otro lado, influencias de otros cantantes, escritores, poetas y artistas europeos han tenido un impacto en su interpretación del fado y la han ayudado a asimilar este intercambio cultural.