Críticos en la Berlinale: los mismos perros con distinto collar

Artículo publicado el 22 de Febrero de 2010
Artículo publicado el 22 de Febrero de 2010

Traducción: By Christiane Loetsch live from the Berlin film festival Irina Márquez Todos hemos sentido alguna vez envidia de esa gente de la prensa que se pasea con sus tarjetitas rojas colgadas al cuello y que entra en la mayoría de los espectáculos sin tener que hacer cola.

Cuando eres periodista, en cierto modo, tus colegas te sacan de quicio, pero con el tiempo, acabas topándote siempre con el mismo tipo de gente. He aquí un estudio antropológico de nuestro reportero de la Berlinale.

El disciplinado precavido

Se conoce el programa incluso dos semanas antes de la conferencia de prensa y tiene sus entrevistas organizadas respetando el mismo orden del programa de películas, que siempre lleva en su correspondiente bolsita de plástico. Porque claro, para llegar a cumplir con su tarea cinematográfica como ambicioso periodista aficionado, necesita, ante todo, disciplina. En el cine, por lo general, viene equipado con su linterna especial para la lectura, mientras que los demás periodistas, envidiosos, tenemos que conformarnos con la luz de la pantalla de nuestros móviles, declarando la guerra al resto de invitados. Nuestro objeto de estudio suele abandonar las múltiples fiestas de la Berlinale alrededor de las 21.00horas, para poder estar en plena forma de nuevo la mañana siguiente, puntual como un clavo, en la presentación de la prensa.

La prepotente intelectual

Se pasea solemnemente por la Potsdamer Platz con su collar extravagante, sus botas altas y su bolso grande. Generalmente suele ser francesa y seguro que se está preguntando qué está haciendo en Berlín con ese frío glacial, cuando todavía es verano en Cannes. A pesar de las enormes capas de hielo, siempre se las ingenia para conservar su toque de elegancia, en su forma de andar. Su tarjeta de prensa es de color rojo oscuro, que nos indica "prensa diaria VIP", e ignora la existencia de sus compañeros de tarjeta roja más clarita. Evidentemente, siempre será la última en llegar y tendrá su asiento reservado junto al histérico o histérica director o directora de cine. Sus críticas suelen ser destructivas.

El friki

Cumple todos los requisitos del estereotipo: suele ser un hombre, algo obeso y lleva gafas. Dirige su propio blog de cine, que abarca todas y cada una de las 400 películas de la Berlinale. ¿La esencia de su trabajo? ¡Bah! Principalmente, dibujos animados, como los que había antes en la televisión, cuando él se pasaba noches enteras tragándose las telecomedias americanas. Vamos, ¡raro, raro, raro! En su bolsita de la Berlinale lleva el kit de supervivencia para amortizar al máximo los largos días y noches: tabletas de chocolate, Coca Cola, patatas… Sus críticas se resumen en puntuaciones, pulgar hacia arriba o pulgar hacia abajo.

El guiri

Lleva un abrigo de plumón suplementario, que se compró exclusivamente para la Berlinale en la metrópolis sudamericana. Ni siquiera los berlineses de pura cepa tienen ese tipo de abrigo, y eso que son muy frioleros. Es un gran fan de los cineastas europeos y suele hacer preguntas ininteligibles en las conferencias de prensa, tanto por su sentido como por su pronunciación. A veces, semanas después de la Berlinale, te encuentras a uno de ellos algo confuso en las entradas del metro de Berlín. Sencillamente, se nos ha perdido entre el Cinemaxx de la Potsdamer Platz, los cines Kiezkinos de Neukölln, Zehlendorf, Schöneberg y el Zoo-Palast.