Cruasán: ¡menuda vienesa!

Artículo publicado el 7 de Marzo de 2008
Artículo publicado el 7 de Marzo de 2008
El viaje europeo de una leyenda francesa y por qué el cruasán se ha convertido finalmente en una auténtica especialidad del Hexágono.

¿Quién lo habría pensado? ¿El no va más de la cultura de desayuno francesa va a resultar no ser francés? Cuenta la leyenda que los turcos trataron en 1683 de conquistar la capital austriaca, Viena. De manera astuta, excavaron un túnel para conseguir entrar en Viena sin ser descubiertos. Pero no habían contado con los panaderos vieneses, que estaban trabajando desde temprano en sus hornos, y que se percataron a tiempo de los ruidos de los excavadores turcos. Dieron la alarma inmediatamente y se descubrió el pastel. Para celebrarlo, crearon un bollo en forma de luna creciente. ¿Suena? Por supuesto: en la bandera nacional turca se puede ver una luna creciente blanca. Suena plausible.

El único problema es que los austriacos llaman al cruasán “Hörnchen” (cuernecillo) o Kipferl, nombres que no están relacionados con el francés lune croissante (“luna creciente”). Pero esto también tiene una explicación histórica. La hija del emperador austriaco, María Antonieta, casada en 1770 con el francés Luis XVI, introdujo en la corte francesa su especialidad preferida para el desayuno. Y dado que la corte gusta de imitar las nuevas modas, el curvado bollo se introdujo en las panaderías francesas en menos de lo que canta un gallo.

"¡Este cruasán está delicioso!”

“¡Pues anda que este otro, de mi invención!”

Ilustración de Bosco Rey-Stolle

Hoy en día, el cruasán se ha convertido en la encarnación de la cultura gastronómica francesa, y sólo recuerda de manera indirecta a través del término viennoiseries (general para la bollería) su viaje europeo. Los franceses se apropiaron de la masa de levadura original del cuernecillo capa a capa, añadiendo mucha mantequilla. La primera receta oficial se pudo leer en 1906 en la Nouvelle Encyclopédie Culinaire. Cruasanes realmente buenos se consiguen hoy en día rara vez fuera del páis de los galos.

Cruasán: the only uán

Preparar: 500g de harina, 50g de azúcar, 42g de levadura, 2 huevos, leche, 1 pizca de sal, muuucha mantequilla.

Poner a punto: calentar la leche, remover la levadura con azúcar y leche, y después con los demás ingredientes y 50g de mantequilla. Meter en la nevera y sorprenderse a la mañana siguiente cuando la masa de levadura se haya hinchado (esperemos…).

A la mañana siguiente: amasar en forma de cuadrados, espolvorear con harina y añadir mantequilla. Doblar la masa por la mitad como un sobre, volver a amasar hasta conseguir un rectángulo. Enrollar el rectángulo tres veces y volver a desenrollar. Volver a empezar con la tarea de principio a fin y repetir 3 ó 4 veces. ¡Para eso se necesita tanta mantequilla! Al final, cortar triángulos y enrollarlos formando cuernecitos desde la parte ancha. Meter en el horno (a 220 grados) y hornear 20 minutos.