¿Cual es la verdadera naturaleza de la OTAN?

Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2002
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Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2002

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¿En qué traduce la ampliación de Praga la evolución de esta estructura que compite directamente con una hipotética defensa europea?

La importancia, hasta la pertinencia de la Alianza Atlántica, fue cuestionada, primero por el fracaso del orden bipolar, y luego por la aparición del terrorismo como nueva amenaza estructurante de la arquitectura de la seguridad internacional. Los desarrollos recientes de la Cumbre de Praga parecen sin embargo ofrecer un aire de nueva vida: aunque es la Alianza clásica la que está en su corazón, se encuentra debilitada por la desaparición del enemigo, la OTAN tiende a redefinirse más como organización político-militar. Su radio de acción se extiende ahora por todos los lugares donde los conflictos de alta intensidad estallan. Si los términos no fueran contradictorios, diríamos que con la creación de su Fuerza de Intervención Rápida, trata de volverse una especie de organización de seguridad regional con alcance mundial.

Aunque la desaparición de la alianza era considerada como una alternativa demasiado radical, la ampliación de su acción no era lo que más se esperaba. La falta de compromiso del gobierno estadounidense, ignorando casi siempre las capacidades europeas en su guerra en contra del terrorismo por un lado, y la voluntad de Europa de poder arreglar sola sus problemas de seguridad por el otro lado, hacía pensar que la Alianza iba a derivar hacia una nueva naturaleza de cuadro político cuya importancia sería bastante simbólica. La decreciente amenaza desde los países del este hubiera así reducido la necesidad de compromiso al estatuto de paraguas más o menos tranquilizador para los europeos y para los nuevos miembros, y llevaría a la debilitación de la organización militar integrada.

Fin de una división de las tareas que favorece demasiado a los europeos

Los hechos no siguieron el mismo rumbo, especialmente por culpa del interés estadounidense en apoyar la Alianza como instrumento poderoso de influencia estadounidense en Europa, pero también, por el hecho de que los europeos no están todavía listos para renunciar a la protección de los Estados Unidos. Porque, ellos no necesitan las disponibilidades de la FRO, pero el compromiso europeo en contribuir a las responsabilidades globales en materia de seguridad y los límites que este compromiso impondrá a las oposiciones de algunos países demasiado cercanos a autonomizar la defensa europea y a enrocarse sobre la gestión de los problemas del continente. La OTAN no será probablemente una herramienta privilegiada de los Estados Unidos para las acciones militares en un futuro próximo, y menos, quizás, para legitimarlas; sin embargo, su nueva orientación permitirá mantener, hasta reforzar, la imbricación de las capacidades estadounidenses y europeas, y sobre todo el papel del subordinado de estos últimos. Vistas las restricciones de sus capacidades de proyección de fuerza, los países de Europa pondrán seguramente a disposición de la FRO elementos ya destinados a la Fuerza europea, normalmente concebida para misiones más modestas. Abandonaríamos así la vía de una división de tareas juzgado demasiado favorable a los europeos pero también, quizás, la posibilidad de una gestión europea de los problemas de seguridad en el continente, sobre todo si los Estados Unidos logran impedir la realización de iniciativas tales como la construcción del avión A-400M.

El esfuerzo de defensa europeo vacío de sentido

Podríamos pensar que la participación en una fuerza ultramoderna podría contribuir a una cierta mejora de las capacidades europeas en dominios claves, con reserva de la celebración de arreglos permanentes- todavía bloqueados- para la utilización de los medios de la OTAN. Pero la utilización efectiva de dichas capacidades se volvería difícil, porque eso implicaría para la Alianza la no disponibilidad inmediata de la FRO. Tendremos entonces que esperar más presiones sobre los compromisos de los estados contribuyentes, aunque algunas voces- la mayoría francesas advierten en contra del establecimiento de un derecho de primer empleo favoreciendo a la Alianza en contra de la Fuerza Europea. A este peligro, habría que agregar que la preferencia europea por la ONU como marco para las operaciones a fuera de zona, así que las pocas ganas que tienen algunos países europeos en dar medios ampliados de intervención a una organización de lejos dominada por los Estados Unidos, parece por ahora ir por atrás.

En resumen, la superioridad de los medios y la credibilidad de la Alianza como herramienta militar, en Europa o fuera; la lentitud de los progresos europeos; y por fin, el éxito probable de Washington para reafirmar la dependencia de los medios militares europea en relación a la OTAN, tiene el riesgo de vaciar de sentido el modesto, pero crucial esfuerzo para dotar a Europa de capacidades autónomas para la gestión de su seguridad.