Cuando deporte y política no ligan

Artículo publicado el 22 de Junio de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 22 de Junio de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El fútbol puede ser un gran unificador, hermanando a compatriotas detrás de los equipos nacionales. ¿Pero qué ocurre cuando la nación ya está dividida? ¿Puede el fútbol superar esas divisiones o, por el contrario, se agravan a causa del ferviente nacionalismo?

Un ejemplo

Irlanda del Norte, un lugar donde todo es política, desde el periódico local hasta el Pub donde te tomas las pintas, la fábrica que es la vida produce en su interior dos identidades distintas: Católica/Protestante, Nacionalista (con el objetivo de unificar Irlanda)/Unionista (que pretende la permanencia en el Reino Unido).

¿Qué significa que alguien apoye a Irlanda del Norte? Para los unionistas es una manera de celebrar su identidad, en el sentido de que la selección nacional inspira orgullo, pasión y esperanza. Pero los cantos sectarios y la atmósfera hostil hacia los católicos que se respira en los partidos convierten el Windsor Park (donde juega la selección) en campo enemigo para el más firme de los fans.

De hecho incluso los jugadores necesitan nervios de acero. Recientemente un jugador católico que jugaba en el Celtic (Escocia) fue amenazado de muerte por una organización paramilitar lealista después de ser seleccionado para formar parte de la selección Norirlandesa. La reacción de la IFA fue decepcionante y Neil Lennon se sintió empujado a retirarse del fútbol internacional en la cumbre de su carrera para proteger a su familia. Como de costumbre en Irlanda del Norte, el tema a debate queda siempre cubierto de la neblina política, o sea, hablar de fútbol es más que hablar de fútbol. Para los nacionalistas, el apoyo a la selección noriralnadesa significa la aceptación de un Estado en Irlanda del Norte, legitima la división de Irlanda en dos y se considera una traición a su verdadera alianza con la república de Irlanda. Con todos estos elementos como telón de fondo ¿A alguien le extraña que los partidos de fútbol tengan tanta relevancia?

Con reglas de Rugby

La historia cambia cuando hablamos de Rugby. Los acontecimientos históricos han producido una unión irlandesa que engloba todo el territorio de la isla (IRFU) en una sola entidad. El Rugby lo empezaron a jugar los estudiantes de la Universidad de Dublín (Trinity College), en su mayoría provenientes de la clase alta inglesa. Su popularidad fue en aumento y se convirtió en un éxito por los cuatro rincones de Irlanda. Donde al principio había dos órganos, en 1879 se fundieron en uno, el IRFU. Para acomodar la realidad política a la deportiva, después de la partición de 1921, se tocan dos himnos en los encuentros; el himno nacional de la República de Irlanda y el "Ireland's Call" (ciertamente más genérico).

El fútbol llegó a Irlanda a través de las plantaciones y se concentró principalmente en el Ulster (Provincia al Noreste que forma parte de Irlanda del Norte). La organización reguladora (Irish Football Assiciation) tenía su sede en Belfast, pero el resto del país sentía que se centraba demasiado en jugadores del norte (en particular protestantes). Después de la partición de 1921, fue creada la Asociación de Fútbol del Estado Libre de Irlanda en un intento de reequilibrar esta situación y es así como en Irlanda el fútbol siempre ha sido sospechoso de estar politizado.

Problema de Clases

Puede decirse que el fútbol sufre uno de sus peores momentos. Al no mantenerse firmes ante una amenaza de muerte contra un jugador seleccionado y su familia han establecido un triste récord de tiempo de juego sin marcar y las voces se han alzado cuestionando la idoneidad del estadio, cuando es el estadio de un equipo local y no un estadio nacional. Este bajón está teniendo mayor repercusión entre la población Unionista, porque los aficionados se pueden dividir en líneas políticas y en clases sociales. Como hemos dicho anteriormente el Rugby era el deporte de la clase alta y el fútbol es un fenómeno de la clase trabajadora. Los éxitos de campañas anteriores (como el de la Copa del Mundo de 1982) y de algunos individuos como George Best, Pat Jennings y Norman Whiteside han permitido un cierto grado de orgullo nacional pero también han acentuado la situación actual. La sensación de fracaso se ve catalizada por el apoyo creciente por parte de los nacionalistas de deportes como el fútbol gaélico. Este tipo de deportes ha experimentado un auge paralelo al auge de la confianza en la identidad nacionalista. Como consecuencia la identidad Unionista se siente más amenazada, lo que ha significado formas más extremas de expresar esa identidad.

Los elementos nacionalistas existentes detrás del fútbol no permitirán superar las divisiones basadas en la identidad nacional. Es más útil como técnica para crear divisiones étnicas. De todas formas se están tomando medidas en Irlanda del Norte para desarrollar programas deportivos que involucren a jóvenes de las dos comunidades en un intento de superar el sectarismo. Mientras estas medidas buscan el aplauso social, el problema político de fondo sigue existiendo y marcando la división a nivel deportivo.