CUANDO GRECIA CULTIVA LA UTOPÍA

Artículo publicado el 19 de Julio de 2013
Artículo publicado el 19 de Julio de 2013
Frente a las medidas de austeridad, son muchos los griegos que se han visto obligados a tomar modos de vida alternativos, en especial los jóvenes. Este es el relato de un domingo en el universo utópico de una finca cerca de Atenas donde los aficionados pueden aprender de forma gratuita todo aquello que siempre quisieron saber sobre la agricultura ecológica y que nunca se atrevieron a preguntar. 

Es como si estuviéramos con una auténtica expedición científica. Equipados con ropa de protección, sombreros protegidos con velos y guantes de cuero impermeables, todo el mundo parece impaciente por pisar el terreno. Apiñados en un medio círculo, una veintena de alumnos principiantes en apicultura escuchan atentamente a Panagiotis Skotidakis, un agrónomo de renombre, mientras explica cómo se manipula una colmena. 

Este universo secreto parece haber cautivado a todos los presentes. La anécdota que el profesor cuenta sobre las tres colmenas con los colores nacionales que recientemente se colgaron en los techos de la Asamblea Nacional en París hace gracia a todos. "Aquí, eso sería impensable. La gente ha visto demasiadas películas sobre abejas asesinas", dice un alumno entre risas. 

LA CRISIS HA CAMBIADO LA FORMA DE PENSAR

Cada domingo Giorgos, un joven ateniense en paro se dirige hacia esta finca  aislada  a 30 km del norte de Atenas, para asistir a un curso de apicultura que se imparte en una escuela de agricultura ecológica diferente a las demás. Gratuita y autogestionada esta OIKOSXOLEIO (palabra griega para designar este tipo de escuela) lleva abierta desde el año pasado y ha tenido un gran éxito, especialmente entre los jóvenes. 

En Grecia, donde la tasa del paro entre los menores de 25 años se ha disparado, los jóvenes se han visto obligados tomar modos de vida alternativos. Y todo sirve para poder llegar a fin de mes. "La crisis ha cambiado la forma de pensar de mucho de nosotros  - reconoce Giorgos - si la generación de nuestros abuelos emigró en masa a las ciudades en busca de una vida mejor, nosotros estamos experimentando ahora el proceso inverso. Muchos de mis amigos que no encontraban trabajo se han marchado de Atenas para vivir en las islas. Ahora cultivan la tierra  y viven de su propio trabajo".

El resto de alumnos asienten con la cabeza a modo de aprobación. Todos sueñan con un pedacito de tierra. Si no es posible en alguna isla o algún pueblo a las afueras de la capital, al menos tener una huerta en el techo de sus edificios. "Sienta bien comer lo que has cultivado con tus propias manos. Aunque hoy en día sea más barato comprar un kilo de tomates que cultivarlo", comenta uno de ellos decepcionado.

UNA IDEA SIMPLE PERO EFICAZ

El hombre detrás de esta escuela se llama Theodoris Arvantis, antiguo estudiante de Sociología que desesperado por el desinterés del Estado por la producción ecológica decidió encargarse él mismo de la situación. Hecho nada sorprendente en Grecia, donde las iniciativas solidarias se multiplican a diario, desde la atención sanitaria gratuita hasta la conexión ilegal a la red eléctrica.

La idea de Theodoris es simple pero eficaz: en lugar de actos de caridad, él prefiere instruir a las personas para que sean capaces de producir sus propios alimentos. Él contaba ya con tierras en las que cultivaba frutas y verduras y producía miel y queso; solo faltaba reunir a profesores  de agricultura dispuestos a dar clases voluntariamente y también a alumnos que con ganas de aprender. "Yo parto de la idea de que la tierra pertenece a todos. Así que si alguien quiere aprender y trabajar aquí no puedo más que acogerlos con los brazos abiertos", explica Theodoris. 

Champiñones en internet

Theodoris se jacta de ser un productor ecológico desde hace 20 años, incluso cuando la palabra ECO no estaba aún de moda. Su finca es su orgullo. Pero a pesar de todo, basta con una ojeada a nuestro alrededor para darse cuenta de que la crisis también ha sacudido a este recóndito pedazo de tierra. Los invernaderos, víctimas de una tormenta, se alzan ante nosotros totalmente destrozados "Por desgracia, no contamos con los medios necesarios para arreglarlos por el momento", explica encogiéndose de hombros y prefiriendo cambiar de tema.

Me lleva a conocer a Grigoris, un griego de 50 años que resume a la perfección la filosofía del proyecto de Theodorakis. "El trabajo escasea últimamente, pero no quería quedarse de brazos cruzados así que vino a la finca". Con el beneplácito de Theodoris, Grigoris se ha lanzado a la producción de champiñones. Hoy toca esterilizar el medio en el que crecerán los champiñones. Se mueve rápidamente de un lado para otro dando la imagen de un hombre que conoce su oficio.

¿Pero dónde ha aprendido? ¿En las clases que se imparten en la finca? "No, he encontrado todo lo que necesito saber en internet", comenta.

"Quién sabe, lo mismo esta crisis tiene también un lado positivo. Ha abierto los ojos a la gente que y les ha impulsado a volver a la tierra y a la ecología", explica Theodoris, que con este tono filosófico resume la situación actual de Grecia.

Sin embargo, sus ideas no acaban aquí. Tiene aún numerosos nuevos proyectos en mente; como por ejemplo, dedicarse pronto al agroturismo o impartir nuevos cursos para enseñar a los alumnos a hacer mermelada y otro tipo de provisiones para el invierno.

Nada mal para tratarse de un país en recesión.