Cuando los cow-boys se hacen shérifs

Artículo publicado el 12 de Mayo de 2003
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 12 de Mayo de 2003

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Si bien los invectivas estadounidenses contra Siria no son nada más que un alardeo, Damasco prefiere especular sobre el apaciguamento, tanto en las palabras como en las calles.

Encajada entre un Irak devastado y una Palestina que nunca deja de ser ocupada, la Siria del jóven presidente Asad parecía, hasta el principio del mes de abril, haber sido milagrosamente olvidada por los cruzados del Pentágono.

El olvido ha sido subsanado, y aun cuando parece ahora que la fiebre ha vuelto a bajar un poco, ha sido sólo un momento, en el que nos hemos preguntado si Siria no iba a pagar las consecuencias del éxito de la campaña iraquí. La prensa occidental, en alerta continua, parecía estupefacta al descubrir que Siria no era una democracia de veras y que el régimen instaurado por el general Hafez el Asad presentaba semejanzas inquietantes con el difunto sistema de Sadam Husein.

Enemistad entre Damasco y Bagdad

En efecto, hace mucho tiempo que Siria posee todas las cualidades necesarias para figurar en una posición destacada en el « eje del mal » trazado por el iluminado de la Casa Blanca. Un apoyo ostentatorio al Hezbolá libanés, la presencia en su territorio de militantes islamistas palestinos, una intransigencia asumida en las negociaciones sobre el problema del Golán, una república hereditaria… Todos ellos elementos determinantes que explican las amenazas sutiles de EE UU. Sin embargo, parece bastante sorprendente que los portavoces de la democracia hayan reaccionado tan tarde. Hace apenas unos meses, le negaron al cónsul estadoudinense de Damasco el acceso a un restaurante de moda, bajo el único pretexto de su nacionalidad, y durante las manifestaciones « espontáneas » de apoyo a la Intifada palestina, los cortejos siempre convergían hacia la Embajada de EE UU. A pesar de todo, en esa época, este tipo de acontecimientos no provocó la ira de los halcones de Washington.

Así pues, podemos tener dudas legítimas sobre la credibilidad estadounidense al ver sus líderes mirar con ira. Los argumentos a los que recurrieron para justificar sus declaraciones eran por lo demás más bien cómicos. Sobre todo, acusaban a Damasco de haber apoyado al régimen vecino debilitado, recibiendo con los brazos abiertos a los mandamases caídos, enviando a « millares » de combatientes para luchar contra América en Irak, y lo mejor, estar en posesión de armas de destrucción masiva. Argumentos de moda, bien mirado, que no nos convencen más que los que Powell enarboló delante de la ONU para justificar la operación «Liberación de Irak» . Cualquiera que se dé un poco cuenta de lo que está en juego en esta región conoce la enemistad que ha existido siempre entre Damasco y Bagdad : sospechar que Damasco esté apoyando a Sadam Husein es absurdo y patético por parte de personas que se supone conocen al detalle Oriente Próximo. En cuanto a las armas de destrucción masiva así como el arsenal iraquí, esperamos todavía que se descubran.

Echar una vistazo hacia Islamabad y Tel Aviv

Este episodio revela bastante bien la característica principal de la política exterior de EEUU : lejos de fundarse en una visión a largo plazo, parece más bien que se adapta a lo aleatorio, fundándose en una serie de prejuicios ideológicos equívocos. Aprovechando del avance causado por la victoria, quizas en un momento se les ocurrió a los estrategas estadounidenses la idea de « acabar el trabajo » - expresión que reproduce perfectamente la terminología de George W. Bush – enviando hacia Damasco sus tropas y algunos periodistas embarcados… Quizás quisieron simplemente ejercer presión sobre Siria, pero no hay duda que la situación en Irak les hizo volver a la realidad de las relaciones internacionales : antes que pueda moldear Oriente Próximo, que contribuye a aniquilar desde hace mucho tiempo, EE UU tiene que pacificar y democratizar a Irak, lo que es harina de otro costal. En este contexto, las amenazas sobre Siria aparecen sino ridículas, al menos inútiles : añadir a la demostración de fuerza militar los ladridos de aquel comicastro de Ronald Rumsfeld es subestimar la capacidad de análisis de los líderes sirios. Es probable que EE UU lograra de Siria lo que esperaba, y luego las amenazas se desvanecieran. Queda el efecto de estilo pero, en eso también, la administración Bush no necesitaba dar pruebas de que era el nuevo shérif de la escena mundial. Desde ahora, todo el mundo sabe que América puede atacar a quien quiera, cuando quiera.

En ese sentido, los sirios han adoptado una actitud bastante prudente : la « calle árabe », generalmente tan inflamable (como si tuviera tendencia a ser ciega y sedienta de sangre… al revés de la « calle occidental », que ni siquiera existe, por otra parte), se ha quedado quieta. Los vecinos de Damasco siguen sin rechistar, como siempre, la linea oficial impuesta por las esferas superiores. Los argumentos emitidos por las autoridades – que ya eran los argumentos del embajador sirio durante las discusiones sobre Irak en la ONU – subrayan, con razón, una de las numerosas paradojas de la política estadounidense : si EE UU quiere de veras desembarazar a la región de todos sus armamentos non-convencionales, ! qué empiecen por echar un ojo a Islamabad, aliado circunstancial, hacia Tel Aviv, amigo de siempre, y hoy día más que nunca, hacia la Casa Blanca !