Cuento de hadas en el Cáucaso

Artículo publicado el 7 de Noviembre de 2005
Artículo publicado el 7 de Noviembre de 2005

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A pesar del éxito de los movimientos populares en Georgia, el sur caucásico sólo podrá progresar a largo plazo si supera los separatismos, la corrupción y el autoritarismo.

La entrada de Turquía en la Unión no se limitaría a agrandar el grupo de los 25 hasta las puertas de Irak e Irán, como suelen decir los que se oponen a dicha ampliación. Además, convertiría a las pequeñas repúblicas caucásicas de Georgia, Armenia y Azerbaiyán en vecinas de escalera. Estos Estados son de gran importancia estratégica para la UE, pues se encuentran al lado del Mar Caspio. Esta región rica en yacimientos de gas y de petróleo podría, una vez estabilizada, reducir la dependencia de los occidentales respecto de Oriente Medio. 14 años después de obtener su independencia con la caída de la Unión Soviética, estos tres países siguen hoy minados por problemas que provocan conflictos internos y con los países limítrofes.

Desilusiones

Tras la “revolución de las rosas” en noviembre de 2003 en Georgia, que sirvió para derrocar al presidente Edward Szevardnadze y colocar en su lugar al joven abogado prooccidental Mijail Saakashvili, muchos pensaron que la libertad florecería también en la vecina Azerbaiyán, a pesar de verse sometido a un régimen autoritario. Pero desde que el presidente Ilham Aliyev logró, en octubre de 2004, reprimir las voces que se alzaron contra la mascarada de elecciones presidenciales que organizó para legitimar su acceso al poder como heredero de su padre, tanto la prensa como la oposición se han visto gravemente maniatadas. En Tibilisi el entusiasmo también ha dado paso al desencanto acerca de la revolución democrática: Saakashvili combate con firmeza la corrupción y no deja de implementar reformas económicas, pero se muestra cada vez más autoritario.

Este jefe de Estado goza de todo el respaldo de los EE UU y de la UE, que ven en él a un aliado muy valioso de cara a socavar la influencia rusa en la región. La inauguración del oleoducto Baku-Ceyhan que une Baku (capital de Azerbaiyán) en el mar Caspio con el puerto turco de Ceyhan en el Mediterráneo, atravesando Georgia durante 1.100 km, representa un paso decisivo y la última mano de una jugada de póker político que se remonta a muchos años. Este oleoducto permite a los países occidentales no sólo evitar Irán, sino también el uso de barcos petroleros rusos, limitando así la tutela de Moscú sobre la zona.

Intereses rusos

Sin embargo, Rusia siegue teniendo una fuerte presencia en Asia central, que considera como parte integrante de su esfera de influencia. El apoyo que da a dos pequeños países como Abjasia y Osetia del Sur (al norte de Georgia) dificulta toda salida al conflicto que mantienen estos últimos países caucásicos avivando el conflicto entre los disidentes y Tibilisi. La situación -comparable a la de Adjaria- no puede resolverse de la misa manera: el presidente Saakashvili logró en 2004 desposeer del poder al jefe local Aslan Abachidzé retomando el control del territorio.

La batalla sobre el Alto Karabaj también parece no tener solución. En 1988, un levantamiento popular estalló en el seno de este enclave situado en Azerbaiyán y poblado en su mayoría de armenios. Una revuelta que, tras largos años de guerra civil y el exilio de centenares de miles de personas, ha desembocado en un statu quo que dura hasta nuestros días. Armenia apoya de hecho el enclave, mientras la comunidad internacional no lo reconoce. En él ya no quedan, después de muchas expulsiones, casi ningún azerbaiyano. Las relaciones entre Armenia y Turquía, quien mantiene un embargo tácito contra sus pequeños vecinos, son para colmo muy tensas también. La cuestión sobre el reconocimiento del genocidio armenio a manos de los turcos en 1915 dificulta aún más si cabe la normalización de las relaciones entre los dos países.

Dentro de la esfera europea de intereses

Las tres repúblicas de las que hemos hablado primero comparten un problema: el separatismo. Su persistencia complica la resolución de otros problemas políticos y económicos. Dicho esto, el mantenimiento de la democracia, el respeto de los Derechos Humanos, la lucha contra la corrupción y el nepotismo que sigue presente en la vida cotidiana de estos Estados, no dependen tanto de la situación geopolítica. Georgia, Armenia y Azerbaiyán se encuentran cada uno en un estadio distinto con respecto al avance de las reformas económicas y persisten muchas diferencias entre ellos en cuestiones de democratización. La UE debe apoyar a estos tres Estados en los terrenos en los que avancen con sus esfuerzos e impulsos para forzarlos como sea posible a que las cosas cambien ahí donde no se han realizado verdaderos esfuerzos. Y es que, independientemente de saber si Turquía entrará o no en la Unión, la UE tiene mucho interés en que el sur del Cáucaso sea democrático, estable y próspero.