Cuentos chinos

Artículo publicado el 15 de Julio de 2008
Artículo publicado el 15 de Julio de 2008
Es un trabajo de chinos aprender a hablar este idioma. Sin embargo, este país está muy presente en la jerga europea.

Napoleón no era una persona que se caracterizase por chinoiserchinoiser (ser puntilloso, en francés) ni por andarse con rodeos. Era más bien de los que suelen meter la pata. Y algunos, en Alemania (bueno, en Prusia) llegaron a creer incluso que se creía en cierta manera un emperador chino (sich für den Kaiser von China halten"Sich für den Kaiser von China halten", en alemán). Por supuesto, como estrategia militar había llegado realmente a pensar en invadir el imperio chino. Este hubiera sido un buen momento de traer chinoiseriechinoiserie (objetos de arte chino, en francés) a modo de recuerdos para su familia, que adoraba los jarrones Ming y demás cacharrería llegada de Oriente. Pero, vista la distancia, hubiera sido un auténtico rompecabezas chino organizar tamaña expedición, una tarea verdaderamente laboriosa. Un trabajo de chinos"Trabajo de chinos", en suma, tal y como se dice en español.

Por otro lado, incluso su mejor soldado habría jurado solemnemente a un Napoleón sorprendido por contar con hombres tan políglotas: "I wouldn't go there for all the tea in China" "I wouldn't go there for all the tea in China" (no iría allí ni por todo el té de China, en inglés). Al final, Napoleón ensilló su caballó y se fue solo a la otra punta del continente. Una vez que había pasado la muralla china, se sintió un poco como un bull in a China shop"a bull in a China shop" (un elefante en una tienda china). Todos, con sombreros chinos atornillados en la cabeza, le señalaban con el dedo y se burlaban de su famoso bicornio. El chisme corrió como la pólvora por el país y llegó incluso a oídos del emperador. Pero este, más preocupado por sus clases de alemán, respondió algo molesto: "In China ist ein Sack Reis umgefallen"" In China ist ein Sack Reis umgefallen", algo así como que el asunto no era de una importancia capital. Contrariado, el pobre Napoleón se consoló ante un espectáculo de sombras chinas y regresó a casa.