Cumbre UE-Rusia: Nómadas contra gigantes del petróleo

Artículo publicado el 25 de Junio de 2008
Artículo publicado el 25 de Junio de 2008

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La cumbre entre Rusia y la Unión Europea se celebra en Chanty-Mansijsk, Siberia occidental. Los pueblos nómadas de la taiga son el extremo opuesto a esta próspera ciudad del petróleo, donde se reúnen los jefes de estado del 26 al 27 de junio.

Los pueblos nómadas de chanty y mansi, que dan el nombre a la ciudad de Khanti-Mansisk, viven todavía en la taiga de Siberia occidental. Allí donde no hay redes eléctricas ni cobertura telefónica. El trayecto en lancha desde Khanti-Masisk hasta el pequeño asentamiento Nasim dura tres horas. Pero entre los dos hay años luz.

Vivir como los ancestros

Solo durante los tres cortos meses de verano este asentamiento de tiendas a orillas del Ob se convierte en el hogar de los nómadas. En el invierno, cuando el río está cubierto de una capa de hielo de un metro de espesor, el clan atraviesa la taiga helada. Los hombres cazan ciervos y renos a una temperatura de hasta menos 60 grados. Una vida dura. Muchos de entre ellos vivían en Khanti-Mansisk durante la época soviética. El partido les obligaba a trabajar en los koljoz, grandes explotaciones agrícolas de propiedad colectiva. Tras la caída de la Unión Soviética, retomaron su vida tradicional en la taiga.

Quieren vivir al margen de la vida moderna, como lo hicieron sus antecesores, explica Albina Dmitrowa. La delicada anciana mujer que lleva un colorido vestido y botas de piel saca el pan recién hecho del horno. Murmura una poesía en una lengua que no parece ruso. “Todos los pueblos se llaman Khanti”, dice Albina Dmitrowa entre risas. ‘Khanti’ significa en su idioma ‘persona’. Los dialectos Khanti y Mansi están en la lista de idiomas amenazados de la UNESCO. Se estima que solamente entre 10.000 y 30.000 personas en total dominan los distintos dialectos. 

La dura lucha contra las empresas petrolíferas

La khanti Lydia Sudmanowa piensa dar pasos pequeños. La viva mujer es la portavoz del asentamiento Nasim. El móvil que lleva en la bolsa cosida a mano alrededor del cuello lo demuestra. Pero solo hay cobertura a muchos kilómetros, siguiendo el río a contracorriente. Durante la cena, entre sopa de pescado y carne de alce, cuenta Sudmanowa su dura lucha contra las empresas petrolíferas. Los gigantes rusos Rosneft, Lukoil, Surgutneftegas y Gazprom Neft obtienen la mayor parte de las ganancias de la región. El 70% de los recursos petrolíferos de Rusia están enterrados en la taiga de Siberia occidental. Esto constituye el 7% de las fuentes de petróleo activas.

El boom del petróleo en Rusia ha redibujado la taiga: carreteras de arena y placas de cemento atraviesan el paisaje pantanoso. Una fila de 300 camiones abastece diariamente a un solo campo de petróleo. Lydia Sudmanowa mira con tristeza hacia el río. La orilla próxima al asentamiento está muy contaminada, la arena casi negra. ¿Petróleo? Se encoge de hombros. “Qué podría ser sino, no hay otra industria aquí”.

La organización medioambiental Greenpeace informa sobre la región: al año ocurren al menos 300 accidentes en los que se vierten hasta 100.000 toneladas de petróleo – y estos solo son los datos oficiales. Pero Lydia Sudmanowa tiene esperanza. La asociación de los Khanti y los Mansi han negociado durante años con las empresas petrolíferas. Juntos los han llevado a juicio para demandarlos por destrucción del medio ambiente. Pero lo único que ha producido algún efecto es el hecho de que el petróleo no va a durar eternamente.

El turismo ecológico como arma contra la polución

El gobernador de la región, Alexander Fillipenko también lo ha comprendido. En aproximadamente de cien años se habrán acabado las reservas, cita la previsión del instituto de investigación local. “Debemos desarrollar otros sectores económicos”, anuncia. Quiere convertir Khanti-Mansisk en una atracción turística. Las tiendas de suvenires a lo largo de la calle comercial de la capital lo dejan adivinar. En un pueblo de tamaño importante, a 20 minutos del asentamiento Nasim, va a construirse un colegio. También un hospital y una cámara frigorífica con un generador de corriente han sido construidos. Lydia Sudmanowa resplandece de alegría. Pero la situación no ha mejorado tanto, ha de admitir. La falta de educación y la alcoholemia de los hombres son difíciles de combatir. 

Que el presidente Dimitri Medvedev conceda una única visita al pueblo khanti de Kasim significa mucho para Lydia Sudmanowa: “Es un signo de que se nos toman en serio en Moscú”. Antes de convertirse en presidente, Dimitri Medvedev era jefe del consejo de administración de Gazprom, cuya sucursal para el negocio del petróleo, Gazprom Neft, explota ocho pozos de petróleo en la región. Medvedev puede de esta forma mejorar la mala imagen de la industria petrolera mostrando a occidente una nueva faceta de esta: la de responsable con el medio ambiente y la sociedad. 

Vídeo turístico de Khanti-Mansisk

La autora, Simone Schlindwein, es miembro de la red alemana de periodistas N-ost