Cursos de elecciones italianas para extranjeros

Artículo publicado el 23 de Abril de 2006
Artículo publicado el 23 de Abril de 2006

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¿Por qué ha ganado por la mínima Romano Prodi las elecciones del 9 y 10 de abril en Italia? La prensa europea no ayuda mucho a comprender el fenómeno Berlusconi.

Las últimas legislativas italianas arrojan la imagen de un país dividido en dos. En el congreso de los diputados, la diferencia de votos entre la unión liderada por Prodi y el Polo de las Libertades de Berlusconi es sólo de 25.000. Si el centro-izquierda de Prodi se ha hecho con la victoria -341 escaños contra 277–, es sólo gracias al sistema que prima a la mayoría. En cuanto al senado, la Unión del Olivo sólo cuenta con 158 escaños contra 156 que logra Berlusconi. Por encima de la victoria in extremis de Prodi, la noticia sigue siendo la increíble remontada de Silvio Berlusconi, a quien se daba por perdedor en todos los sondeos preelectorales y que venía arrastrando derrotas electorales en los últimos años. El Polo de las Libertades, que obtuvo el 43% de los votos en las elecciones europeas de 2004 y el 44% en las regionales de 2005, concentra hoy casi el 50% de las papeletas.

¿Un “Padrino” no apto para gobernar?

En este contexto, los resultados cuestionan las certidumbres de los extranejros bienpensantes –ya sean estudiantes Erasmus o turistas- que esperabana que Italia diera un vuelco radical a la página de los “años negros del berlusconismo”. No han sabido mirar de frente la realidad de la península de la bota. Prodi a ganado de milagro. ¿Cómo explicar a nuestros conciudadanos europeos que a pesar del uso de términos como “kapo” [nazi] refiriéndose al eurodiputado alemán, Martin Schultz, que osó contradecirle en 2003, o el reciente “gilipollas” espetado a los electores de izquierda, Berlusconi haya logrado convencer a la mitad de los italianos? La prensa europea no sabe explicar este fenómeno. El semanario galo Télérama se contenta con describir a Il Cavaliere como un peligroso mafioso casi extraído de la película El Padrino, mientras el diario británico The Economist le consideraba en 2003 “unfit”, o sea “no apto” para gobernar.

Berlusconi no es el principal problema del país

Media Italia ha manifestado su confianza en Berlusconi. No porque estén locos, a imagen de un reciente caso clínico de un ama de casa amnésica de 66 años que, según sus médicos, sólo reconocía el rostro del primer ministro italiano. Tampoco por el poder de Berlusconi sobre las televisones. Eso sería una explicación demasiado fácil.

Hay que tener en cuenta la existencia de una Italia desencantada, sin estudios de Ciencias Políticas, que no considera los conflictos de interés que rodean la carrera de Berlusconi como el principal problema del país, a pesar de que la campaña haya girado en torno a este tema en su mayor medida. Esta Italia sabe, desde Maquiavelo, que todos los hombres políticos buscan defender sus intereses personales. El escándalo en el verano de 2005, según el cual la izquierda apoyó con métodos más o menos legales la voluntad de Unipol de adquirir la Banca Nazionale del Lavoro contra la OPA del español BBVA, lo ha demostrado de sobra.

Una Italia carnavalesca

Existe también una Italia carnavalesca que adora las salidas de tono de Berlusconi y lo que el polifacético fotógrafo Oliviero Toscani definiría como “creatividad”, una cualidad desconocida entre los tenores de la izquierda que se juzga seria y prudente. Hablamos de una Italia que encuentra “simpático” a Berlusconi y disfruta de sus bromas –presentadas, en efecto, por la prensa extranjera como lamentables y ridículas–, incluso aquella sobre las mujeres que no participan en política “para no tener que venirse a Roma y dejar a sus maridos en casa”.

Hay, por último, una Italia de los indecisos, atenta a los verdaderos problemas del país –crecimiento cero, viejas infraestructuras, inmovilismo- y que no ha terminado de creer en el proyecto del centro-izquierda de Romano Prodi, por miedo a que el líder democristiano se vea sujeto al dictado de la extrema izquierda, o porque no ve en el programa de Prodi una verdadera voluntad de pasar página. Tal es la verdadera falta de la izquierda que, para gobernar, tendrá que contar ahora con la realidad de un país cuya mitad ha votado por Berlusconi.