¿Da igual, al final, el feminismo europeo?

Artículo publicado el 20 de Agosto de 2015
Artículo publicado el 20 de Agosto de 2015

Alemania, al igual que el resto de Europa, parece no necesitar más el feminismo moderno. Las llamadas "antifeministas" han conseguido abrir un hueco para sus posiciones radicales. Un alegato a favor de la apertura y la reflexión sobre el feminismo en los países "ilustrados".

Los hechos: el debate sobre el feminismo suscitado recientemente por el diario alemán Die Welt se ha vuelto a quedar descafeinado. El periódico germano resultaba aparentemente aburrido ante el tema del feminismo. Tres jóvenes redactoras recibieron el encargo de adoptar tres posiciones distintas con respecto al asunto: a favor, neutra y en contra. Resultado: se redactaron textos completamente distantes y que no aportaban nada nuevo, hasta el punto de la sordidez de una pelea en el barro. ¿Por qué sucede esto?

Detengámonos en la posición "contraria" de la redactora Ronja von Rönne, que podría dejarnos un poso optimista. Si actualmente una mujer joven y de éxito en Alemania tiene la sensación de que el feminismo no tiene cabida en su vida (y por tanto, le es indiferente), porque es algo totalmente pasado de moda (bueno, "repugnante", pero no queremos ponernos demasiado faltones, por supuesto), entonces ¡algo han aportado los años de las protestas, Alice Schwarzer! Podríamos escribir sobre la tumba de Alice Salomon que los años pasados en el exilio no sirvieron de nada. Ronja von Rönne ya no necesita sus ideas, pues ahora ya puede elegir a su marido, tiene derecho a interrumpir el embarazo, y tampoco necesita la firma de su marido ni de su padre si quiere pedir un puesto de trabajo, como pasaba con las mujeres en los años setenta en Alemania.

Alegrémonos por Ronja von Rönne, que se siente totalmente en igualdad, y cuando consigue algo importante en su vida, no se lo debe a su sexo, sino a los logros en su trabajo. Las mujeres aquí se olvidan por fin de su papel de víctimas, podríamos decir. Cuando nuestras jóvenes en Alemania se despiertan con la seguridad de saber que para ellas no hay fronteras, más allá de las propias de cada una, entonces el feminismo, al menos, ha aportado algo al país: un increíble estilo de vida de una generación joven y despreocupada.

"Terror feminista" en toda Europa

No solo hay en Alemania figuras como Rönne, que parecen no observar el panorama en su amplitud, al declarar su victoria en la batalla de la igualdad. En Francia tiene una aliada en Elisabeth Lévy, redactora jefa de la revista Causeur, que redactó un informe con el título "Terror feminista". En una entrevista en el diario francés Le Figaro, Lévy denuncia a las neofeministas que, según ella, luchan contra las estructuras tradicionales y aspiran únicamente a "controlar el pensamiento y el comportamiento".

La bloguera, autora y periodista italiana Costanza Miriano sacude con su antifeminismo a la esencia cristiano-católica, cebándose en temas como la pareja, la familia y las relaciones entre los sexos. No entiende en absoluto el revuelo causado por sus tres libros, con títulos como Cásate y sé sumisa; en especial, no entiende la razón por la que la Ministra de Cultura española quería prohibir la venta de este libro en España. En diciembre de 2013, durante el programa News Night de la BBC, Miriano dijo: "Creo que las mujeres que piden los mismos derechos que los hombres carecen de ambición. Nosotras somos muy diferentes de ellos. No necesitamos lo mismos derechos, sino unos derechos diferentes". Una acusación formal de una Italia y una Europa igualmente ilustradas. 

Además de personajes claves nacionales, en 2013 tuvo lugar una campaña mundial con el título "Mujeres contra el feminismo" en las redes. El movimiento fue duramente criticado por afirmaciones como "Estoy contra el feminismo... porque me gusta que los hombres me miren" o "Estoy contra el feminismo... porque mi novio me trata bien". Las mujeres no habían entendido el feminismo como argumento principal.

No olvidar la realidad más allá del propio ombligo

El antifeminismo no es nuevo. El joven sociólogo Hinrich Rosenbrock ha llevado a cabo un estudio racional sobre los movimientos antifeministas. Existe antifeminismo  precisamente porque hay feminismo. Al principio, se basaba en la tradicional división de papeles; actualmente son sobre todo los hombres los que se sienten víctimas del feminismo. Una inversión de los papeles. Los jóvenes antifeministas europeos no quieren ninguna discriminación positiva, sino ser reconocidos por sí mismos. Como aspecto positivo, conviene destacar que tanto unos como otros se empeñan en conseguir el reconocimiento sobre la base de sus hechos, no de su sexo. ¿Es esto suficiente? 

Ciertamente, no. Al menos no mientras una joven iraní, que lucha contra el tráfico de seres humanos y los crímenes contra el honor, no pueda elegir libremente su propia indumentaria y deba temer por su vida a causa de ello. Tampoco, mientras mujeres inmigrantes en Alemania, como Lareeb Khan, sean estranguladas por sus propios padres, porque quieran elegir ellas mismas a sus maridos. Es hora de elevar la mirada y observar el panorama completo. Estamos continuamente mirándonos al ombligo.

Centrarnos en la corta distancia está bien, sobre todo en Alemania, y nos va bien, y mucho; mientras la situación no explote. En tal caso, no es necesario pensar en situaciones tan tétricas como las de la novela Sumisión de Houellebecq. En ella, efectivamente, ya no hay feminismo, ni siquiera mujeres, solamente "hermosos coños", que se ofrecen solícitos y sin comentarios. El hecho es que la mujer moderna —para la que todo va tan bien, que ya no necesita el feminismo—, quizás debería conocer el miedo a perder sus propios derechos, y no solo tener en cuenta su propia condición de mujer, sino mirar también más allá, con una visión más global de la figura de la mujer.