Daesh, enemigo hoy y mañana 

Artículo publicado el 4 de Enero de 2016
Artículo publicado el 4 de Enero de 2016

Por primera vez en Europa, varios kamikazes se inmolaron el pasado 13 de noviembre en París. Varios días antes, Líbano vivió su peor ataque desde 1990, un doble atentado perpetrado en Beirut. El 2 de diciembre, un tiroteo dejó 14 muertos y 22 heridos en un centro social en San Bernardino, California. Desciframos las claves de un conflicto que se exporta.

Siria, los orígenes del conflicto 

En 2011, el mundo asistía a la rebelión del pueblo árabe a través de lo que se denominaría posteriormente la Primavera Árabe. Uno tras otro, los pueblos de Magreb y de Oriente Medio se alzaron contra sus dirigentes para provocar la caída de sus Gobiernos. Así, países como Túnez o Egipto vieron a los regímenes dictatoriales que les gobernaban caer como castillos de naipes tras los levantamientos populares.  

La Primavera Árabe llegó hasta Siria en febrero de 2011, pero Bsahar al-Assad quiso encauzar este movimiento mediante diferentes reformas sociales. Sin embargo, esto no fue suficiente para el pueblo sirio, que quiso derrocar a su dirigente. Es en marzo de ese mismo año, un mes más tarde, cuando comienza realmente la crisis siria con manifestaciones en las grandes ciudades del país, especialmente en Deraa. Esta ciudad es testigo de los primeros enfrentamientos entre el pueblo sirio y las fuerzas del orden, que utilizan balas reales y causan más de 100 muertos: Es el comienzo de la guerra civil en Siria.  

En este contexto, Abu Bakr al-Baghdadi, sucesor del líder de Al-Qaeda en Irak (Abu Musab al Zarqaui), se aprovecha del caos general y decide inmiscuirse en el conflicto sirio enviando un centenar de hombres a combatir junto a los rebeldes contra Bachar El-Assad. Así, Al-Qaeda en Irak se fusiona con el Frente Al-Nosra, la otra rama de Al-Qaeda en Siria, para formar el denominado Estado Islámico de Irak y Levante.

El Daesh cambia de estrategia

El 5 de junio de 2014, Al-Baghdadi hizo su primera aparición pública en la mezquita de Mosul, una ciudad recientemente conquistada por Daesh. Durante su discurso declara su intención de instaurar un califato y de convertirse en califa: "Se me ha confiado una gran misión. Se me ha puesto a prueba y he sido designado como vuestro guardián. ¡Obedecedme como obedecéis a Alá!".

No obstante, los recientes ataques perpetrados en Líbano, en Francia o en Estados Unidos nos hacen pensar en una expansión de la estrategia del Daesh. Mientras que antes se centraban en la creación de un califato y combatían a sus enemigos en Irak y en Siria, ahora también se internacionalizan como lo hizo Al-Qaeda en la época de Bin Laden.

Pero ¿cuáles son las razones de este cambio operacional? Para empezar, podría tratarse de una respuesta a los ataques de la coalición occidental: Podría ser una forma de incitar a los responsables políticos occidentales a parar los ataques contra Daesh. Por el contrario, podría tratarse también de una forma de animar a los ejércitos occidentales a intervenir militarmente por tierra para infligirles una derrota. 

Más tarde, surge la hipótesis de que Daesh tendría dificultades para reclutar nuevos yihadistas, debido especialmente a la decisión de las autoridades turcas de cerrar la frontera con Turquía tras los ataques de Suruç y Ankara. Esto llevaría a Daesh a animar a los candidatos a la yihad a quedarse en sus respectivos países y planificar atentados en ellos antes que correr el riesgo de viajar a Siria. 

¿El Daesh sólo contra el mundo?

Para empezar, es importante apuntar que Daesh es más disperso y difícil de delimitar que Al-Qaeda. La organización anteriormente dirigida por Bin Laden tenía una estructura piramidal y las órdenes venían de los altos mandos. Con Daesh, nos encontramos ante una organización que concede una cierta libertad de acción a sus yihadistas. Esto explicaría por qué algunas acciones son llevadas a cabo por yihadistas de Daesh sin ser totalmente reivindicadas por el Estado mayor de la organización terrorista. 

Es muy probable que los atentados del 13 de noviembre en París estuvieran organizados por un pequeño grupo francófono fiel a Daesh, sin estar totalmente comandado por las grandes instancias del grupo terrorista. De hecho, se podrían considerar estos atentados como errores estratégicos de la organización, dado que las personas asesinadas en estos ataques eran de diferentes confesiones religiosas, incluída la musulmana. De manera que no es posible contar con el apoyo de una franja de la población no radicalizada que se siente rechazada por la sociedad occidental, ya que personas de sus mismas confesiones han sido atacadas. Ese no fue el caso en los atentados de Charlie Hebdo, que tenía por objetivo personas islamofóbicas, según Daesh. 

Aperentemente, la organización terrorista ha conseguido unir en su contra a países que tradicionalmente son enemigos. Pero detrás de este objetivo común, se esconden dos bloques de aliados con intereses divergentes e incluso a veces contrarios. Estos dos bloques se articulan alrededor de la división entre los chiíes y los suníes de Irak y Siria

Por una parte encontramos el bloque de confesión chiíta, compuesto por el ejército de Bashar al-Assad, del Hezbollah libanés y de Irán. Su objetivo es mantener a Bashar al-Assad en el poder, ya que es el garante del eje chiíta que va de Irán al sur de Beirut, pasando por Damasco. Encontramos otro aliado de peso del eje chiíta en Rusia. Principal aliado de Bashar-al Assad, el objetivo de Moscú está claro: Mantener en la zona de influencia su única puerta al mediterráneo, el puerto de Tartous en Siria. Por último tenemos a Irak, uno de los grandes países de mayoría chiíta en la región. Este recibe la ayuda de Irán y está financiado por Francia y Estados Unidos, comprometidos contra el Daesh por razones de seguridad interior. 

Por otra parte, nos encontramos el eje sunita, compuesto por la resistencia armada siria, varios grupos radicales sunitas, como el Frente Al-Nosra y combatientes del movimiento de la guerrilla curda en Irak y en Siria (PPK y YPG). Tienen un objetivo común a corto plazo: Derrotar a Bashar al-Assad. Más táctico que ideológico, este eje corre el gran riesgo de romperse en caso de que Daesh caiga, pues está financiado por tres países que compiten entre ellos: Arabia Saudí, Qatar y Turquía. Su objetivo es el de expandir sus respectivas influencias, oponiéndose por todos los medios a las ambiciones de Irán, aunque a veces combatan con más convicción al régimen de Bashar al-Assad que al Daesh.

No obstante, se plantea una cuestión: ¿Qué pasará con estas alianzas una vez que Daesh haya sido eliminado? ¿Se está preprando una guerra subyacente aun más importante que ésta contra la organización terrorista? 

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Este artículo ha sido elaborado por la redacción de cafébabel Bruxelles