Daniel Libeskind: Edificando el Éxito

Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2004
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Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2004

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Daniel Libeskind, arquitecto designado para reconstruir el World Trade Center, personifica el espíritu de Europa. Un libre pensador y trotamundos, padre de diversas escuelas con las que extiende todo un estilo en el planeta.

La arquitectura no consiste tan sólo en construir; es una expresión cultural e histórica, y es precisamente por esto por lo que Libeskind se distingue. Nacido en Polonia en 1946, se trasladó con sus padres a Israel y más tarde a EEUU, escapando de la opresión comunista y del antisemitismo. Aclamado como músico prodigioso, decidió abandonar su carrera musical para dedicarse a la arquitectura y, tras conseguir su titulación en Nueva York, regresó a Europa para completar en el Reino Unido un postgrado en Historia y Teoría de la Arquitectura.

Desde entonces, la importancia de la historia ha sido un tema recurrente en su obra, y quizás sea esta una de las razones por las que sus trabajos son tan notables, consiguen capturar lo efímero en lo tangible.

Construyendo con el dolor y la esperanza

El Museo Judío de Berlín es uno de los ejemplos más reseñables de la arquitectura de Libeskind, el edificio en si, imita el dolor y la destrucción del Holocausto. Para Libeskind, la decisión de hacerse cargo de ese proyecto no fue fácil, pues sus propios padres fueron supervivientes del Holocausto. Cuando fue nombrado Doctor honoris causa por la Universidad

Humboldt de Berlín, Libeskind afirmó que se veía a si mismo “no como un arquitecto de otra nacionalidad llevando a cabo un proyecto alemán, sino como alguien sin identidad producto de la era del Holocausto.”

El Museo Judío supuso un punto de inflexión en la carrera de Libeskind puesto que, a pesar de que impartía conferencias en universidades por todo el mundo y ya era celebrado en los círculos académicos, sus diseños nunca se habían llevado a cabo, por lo que eran visto como abstracciones excesivamente teóricas.

El reciente éxito de Libeskind no ha estado exento de criticas por parte de otros arquitectos que le acusan de ganarse al público con tretas tales como llevar botas de vaquero en el concurso del proyecto del WTC para dejar claro su “americanidad”. Es posible que el origen obrero de Libeskind sea lo que le separe de la mayoría de sus colegas arquitectos y le permitan desmentir esas acusaciones, señalando que ”la arquitectura no es para una elite, sino el mundo real”.

Nuevos Proyectos.

No saciado con construir museos y galerías, Libeskind se esforzó al máximo para hacerse con uno de los contratos más importantes en los últimos 50 años: la reconstrucción de la Zona Cero. Lo consiguió. Una vez más, ha tenido que diseñar algo que es mucho más que un simple edifico, algo que también viene a ser un monumento a las víctimas a la par que da una imagen de fortaleza y esperanza en el futuro.

La mayoría de los que tuvieran que hacerse cargo de un proyecto así se dedicarían a él en exclusiva, pero Libeskind tenia entre manos muchos proyectos más. Recientemente, se ha hecho con el concurso para levantar tres rascacielos en Milán -ciudad en la que fundó un escuela de arquitectura en 1983-: los primeros que se construyen desde hace 40 años. Entre otros proyectos que lleva a cabo en Europa, están un centro de artes escénicas en Dublín, el mayor centro comercial de Europa (Suiza), e incluso la producción de una ópera. La absoluta variedad de proyectos y países es impresionante y ejemplifican el significado de la arquitectura como expresión de una identidad post-nacional.

Una existencia nómada

Habiendose criado en Polonia, Israel y los Estado Unidos, Libeskind ha continuado su periplo de país en país. Su hija pequeña, nacida en Italia mientras él trabajaba en la universidad, tiene como primer idioma el alemán puesto que vivió en Berlín durante los más de diez años que costó realizar el Museo Judío. Como sucede con su arquitectura, quel trasciende las fronteras entre países, entre el pasado y futuro, y entre el sufrimiento y la esperanza, es difícil describir a Libeskind. Tal y como declaró en una entrevista con Giles Worsley “el hogar no está aquí o allá. El hogar es como un viaje...la gente se identifica con un pedazo de tierra, con un lugar, pero es algo ilusorio porque el mundo es global”.