David Calleo: “El libre comercio es la última gran religión de Occidente”

Artículo publicado el 23 de Enero de 2007
Artículo publicado el 23 de Enero de 2007
En vísperas de una nueva edición del Foro económico mundial de Davos, el pensador multilateralista norteamericano, David Calleo, nos da su visión del rol de Europa en la Globalización.

David Calleo tiene aire de profesor chapado a la antigua. Nacido en 1934 en una zona rural del Estado de Nueva York en el seno de una familia de raíces italianas, no se ve ordenador alguno en su despacho, sino algo que podría ser una radio de galena, bajo un gran retrato de Napoleón Bonaparte. Admira a este emperador francés a tal punto que su residencia estival está en la isla de Elba y allá lleva cada verano a sus mejores estudiantes, acompañado de su mujer. Economista político doctorado por la Universidad de Yale es, a la sazón, Director del Programa de Estudios Europeos de la escuela de relaciones internacionales de la Universidad Johns Hopkins en Washington, desde donde afirma su convicción por un mundo multilateral en el que Europa cuente como contrapeso amigable de los EE UU.

El fontanero polaco, visto desde América

Los dilemas económicos de Europa en el mundo (deslocalizacion, flujos de capitales, medioambiente...,etc) se reproducen también en el interior de Europa. Existe una partición entre Europa del Este y Europa Occidental, como vimos con el debate sobre la ampliación de la UE al Este y el mito del fontanero polaco dispuesto a presionar a la baja los salarios de Europa occidental. Calleo no ve aquí un problema como con China o India: “Es cierto que al principio estos países de Europa del Este atraen inversiones por sus bajos salarios, pero al estar dentro de la Unión estos (al igual que su renta per capita) convergerán enseguida con los occidentales”. Si bien Calleo se muestra algo crítico con la ampliación de 2004 y 2007, que ha sido, en su opinión, “demasiado precipitada. El verdadero problema es la gran diferencia entre el este y el oeste europeos en grandes cuestiones institucionales, como el manejo de las relaciones transatlánticas, la política europea exterior y de seguridad, o la integración política del continente”.

Pesimismo y Euroesclerosis

Mientras la libertad de mercado sigue en boga en el mundo, Calleo se manifiesta en términos críticos sobre ella. “El comercio internacional debe ser regulado de modo que no produzca un deterioro inaceptable la calidad de vida de los trabajadores europeos como consecuencia de la excesiva competencia de la mano de obra barata”. El tamaño es importante: “China o India son países de gran tamaño y con un inmenso mercado interior, por lo que no pueden seguir pretendiendo ser economías totalmente volcadas en la exportación, como sí se justifica en el caso de Estados pequeños como Hong Kong o Corea del sur”. De ahí que no se canse de repetir que el libre comercio a ultranza, sin consideraciones sociales de ningún tipo, es “la ultima gran religión de occidente”.

Evitando simplificar las comparaciones entre el crecimiento económico en Europa y en Estados Unidos afirma: “Es cierto que Europa ha sufrido durante muchos años una tasa de desempleo mayor que la estadounidense. Sin embargo, ha crecido durante la mayor parte del periodo de la posguerra a un ritmo mayor que en Estados Unidos, con niveles de pobreza y desigualdad menores”. Claro que ante el estancamiento económico de países europeos como Francia, Alemania o Italia desde los años noventa esta afirmación se contradice. Ante lo que este economista reacciona aceptando que “ni las políticas de estímulo de la demanda aumentando los salarios o la inversión pública, ni las políticas de equilibrio presupuestario y reducción de la inflación son ya suficientes”, dando a entender que proteger el empleo industrial en Europa de una competencia exterior abusiva resulta, pues, imposible a estas alturas.