De Catulo a los U2, diez formas de decir te quiero

Artículo publicado el 13 de Febrero de 2006
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Artículo publicado el 13 de Febrero de 2006

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Jeanne Moreau, Bono, Chagall... ¿Por qué no adentrarnos en la cultura europea para declarar nuestro amor en 2006?

Los clásicos

Da mi basia mille, deinde centum, / dein mille altera, dein secunda centum, / deinde usque altera mille, dinde centum. ("Dame mil besos, seguidos de un ciento / luego otros mil, luego un segundo ciento / luego otros mil seguidos, luego un ciento"). De esta manera, Catulo se dirigía a su amada en el Carmen V, que millones de estudiantes europeos leen todavía, identificándose con esa misma tristeza. Contra los censores de todos los tiempos, Catulo se lanzaba en busca del amor que concebía como una experiencia vital fundamental.

En la cultura judía, el amor es en su origen un momento de gozo y así nos lo representa el pintor Marc Chagall -pintor de origen ruso y judío- en el cuadro El Paraíso, Adán y Eva en el jardín del Edén, un festival de vivos colores combinados acertadamente, donde los amantes están en comunión con la naturaleza, madre generosa de la que nutrirse: incluso la tentadora serpiente parece buena, mientras Adán y Eva se disponen a descubrir los placeres carnales (es decir a comer el fruto prohibido).

En el siglo XVIII, el escultor italiano Antonio Cánova hechizaba a sus mecenas con una de sus obras más famosas, Cupido y Psique, inspirada en la mitología clásica. En la obra, el beso viene representado en el momento que le precede, la espera. En el mito, Venus, que envidiaba la belleza de Psique, envió a la tierra a Cupido (el amor) para enamorar a psique de un hombre feo. Pero en las leyendas, los bellos lo son también por dentro; Cupido se enamoró de su víctima y obtuvo para Psique el acceso al Olimpo.

La noche, cómplice de los amantes

En la romántica Verona, dos jóvenes enamorados se encuentran furtivamente en el balcón de la muchacha, hoy tapizado con frases de amor de los numerosos turistas que visitan estos lugares que ya forman parte del imaginario colectivo. Good night, good night! Parting is such sweet sorrow That I shall say good night till it be morrow. ("¡Buenas noches, buenas noches! Partir es tan dulce pena

que diré 'buenas noches' hasta que amanezca." Acto II, Escena 2ª de la obra de Shakespeare), dice Julieta a Romeo, convirtiendo la noche en escenario del amor.

O sink hernieder, Nacht der Liebe, / gib Vergessen, / daß ich lebe; / nimm mich auf / fin deinen Schoß, / löse von / der Welt mich los! ("¡Oh, desciende, noche de amor,/ hazme olvidar que vivo;/ acógeme en tu regazo,/ libérame del mundo!): la noche es cómplice de los amantes una vez más en el famoso libreto de Wagner Tristán e Isolda, compuesto en 1856, hacia el final de la era romántica en Alemania.

¿Románticos o cínicos?

Platónico es el amor para el poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer, que sacraliza a la mujer amada con gran ternura: "Tu pupila es azul, y cuando ríes, / su claridad suave me recuerda / el trémulo fulgor de la mañana / que en el mar se refleja.".

Incluso el visionario y cínico surrealista Dalí pintó en 1958 su "rosa meditativa", roja y suspendida en el cielo, reflejando su propia luz sobre una pareja y dejando ver una lágrima en uno de sus pétalos, como testimonio de un amor futuro.

El amor en los tiempos del sida

En los años noventa, la banda de rock irlandesa U2 y las poéticas palabras de su canción titulada One hicieron delirar a medio mundo: el grito de Bono nos aseguró de que "el amor es un templo, una ley superior", "love is a temple, love a higher law". Según algunas interpretaciones, la letra de la canción nos traslada a la dimensión de un enfermo de sida que quiere amar y ser amado, con respeto, porque "We're one but we're not the same" ("Somos uno pero no somos lo mismo").

El séptimo arte

Quizás muchos poetas, al observar la imagen de París y su Pont Neuf, rincón romántico por excelencia, hubieran recitado aquí sus versos. Precisamente en París, el cineasta François Truffaut ambientó el amor anticonvencional de Jules y Jim. En su película, una extraordinaria Jeanne Moreau declara al princicipio de la película: "Tu m'as dit je t'aime / Je t'ai dit attends / J'allais dire prends-moi / Tu m'as dit va-t-en" ("Me dijiste 'te amo' / Yo te dije 'espera'. / Iba a decirte 'tómame'/ Me has dicho 'vete' "), anticipando el trasiego sentimental de los tres protagonistas. Un tipo de amor que también supieron reflejar Serge Gainsbourg y Jane Birkin en los años sesenta con su canción Je t'aime, moi non plus ("Te quiero, yo tampoco").

En 2004, se estrenó en los cines La vida es un milagro. En esta película galardonada con dos premios en el festival de Cannes, el director serbio Kusturica le da a una burra -suicida por amor- un papel protagonista: salvar inesperadamente de la muerte al protagonista. El amor entre Luka y Sabaha, musulmana, nos devuelve con delicadeza a un mundo sencillo, hecho de alegrías capaces de vencer hasta el más crudo de los conflictos, como el de Yugoslavia, aún vivo en la mente de sus habitantes.

Pié de fotos: wikimedia primera y segunda imagen; Pedro Chumbo tercera imagen; y Pier

Paolo Silvestri la última