De compras junto al muro del gueto

Artículo publicado el 27 de Mayo de 2008
Artículo publicado el 27 de Mayo de 2008

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¿Derribar o renovar? En la judería de Budapest chocan los intereses de los modernizadores y los tradicionalistas. En apariencia, a todos les une la voluntad de hacer lo mejor para el barrio.

Llega olor a moho de las desvencijadas ventanas estilo Jugendstil (modernista), y en el edificio de al lado empieza a cuartearse la pintura en estuco. Grandes puertas de entrada y amplios pasillos recuerdan a un tiempo resplandeciente que desapareció hace mucho. Aquí, en Kiraly Utca, en la judería del barrio de Pest, la historiadora del arte Mária Kemény lucha contra la implacable modernización del distrito. “El barrio judío es parcialmente patrimonio cultural mundial de la UNESCO. Pero los edificios históricos se caen a pedazos. Al mismo tiempo, las constructoras levantan nuevos y funcionales edificios para despachos y negocios. ¡Hay que salvar el barrio!”

Mária tiene que gritar las últimas palabras. Su voz es casi ahogada por el repentino ruido de obras. Pronto se abre una gran extensión, las grúas se alzan contra el cielo, los obreros perforan el suelo. En Erszébetváros (Ciudad Isabel), las constructoras crean nuevos complejos de viviendas para los húngaros acomodados. Una de ellas es la americana-israelí Autoker. “Aquí surgirá un nuevo estilo de vida que los habitantes de Budapest no han conocido hasta ahora”, comenta sobre sus planes de modernización el portavoz de la firma Autoker, Péter Zimmermann. Varios cientos de nuevas viviendas y tiendas se construyen en este barrio. A lo que se añaden restaurantes, cafés y bares modernos, garajes subterráneos y centros de fitness. “Este barrio tiene que revivir”, afirma Zimmermann. El nuevo complejo de edificios se inaugurará este verano con una gran fiesta.

Pelea por el muro del gueto

En la judería de Budapest chocan dos mundos. Así lo entiende el sociólogo Michael Miller, profesor en la Universidad Europea de Budapest, que se ocupa de la cuestión judía en Europa. Tiene poco tiempo estos días, puesto que el fin de semana se celebra el Pessaj, un día de fiesta en el que los judíos de todo el mundo celebran su salida de Egipto y la liberación de la esclavitud. También Miller pertenece a los 100.000 judíos que se estima que viven en la capital húngara –la tercera mayor comunidad en Europa-, y que mantienen en su barrio muchas de sus tradiciones. Aquí hay tres sinagogas en muy poco espacio, entre ellas la famosa Nagy Zsinagóga, en Dohany Utca, el mayor templo judío de Europa.

El último vestigio del muro del gueto judío corre el riesgo de ser derribado

La Historia ha dejado sus huellas. En 1944, Hungría entró en la guerra a favor de los alemanes. Se construyó un muro en el centro de la ciudad, alrededor del gueto en el que fueron recluidos los 60.000 judíos que vivían por entonces en Budapest. Este muro ha desaparecido hoy casi por completo. Mária Kemény sabe dónde encontrar el último resto. En Kiraly Utca, la historiadora del arte se para ante un viejo y grande edificio modernista. Mete la cabeza en la puerta de entrada y llama en húngaro a una señora mayor que pela patatas junto a la ventana en el patio interior. Antaño fue una morada señorial; hoy viven aquí los más pobres. El portero automático emite un zumbido, y Mária Kemény puede entrar. A lo largo del frío pasillo se alza un muro gris, de 20 metros de largo y 4 de alto, unido por el otro lado a uno de los nuevos y modernos edificios de oficinas. “Este es el último resto del muro del gueto judío”, explica Mária Kemény. “Y también él caerá pronto víctima de la modernización del barrio. La Administración local y las empresas constructoras solo buscan el beneficio. ¿Qué pasa con la Historia?”, se pregunta. Es el principio del olvido, opina la historiadora. Mária es miembro de la asociación ciudadana de protesta Ovás (objeción). Explica el objetivo de la asociación: “Intentamos convencer a los arquitectos de las empresas y a las autoridades locales de que debemos salvar el barrio judío”.

Sin embargo, no hay que ponerse en lo peor: también el gigante de la construcción Autoker parece interesarse por la conservación del valor histórico del barrio, al menos según las declaraciones oficiales del portavoz Peter Zimmermann. El muro del gueto será parcialmente reconstruido, y además se levantará un cartel conmemorativo.

También parece que la Administración local se opone a una modernización galopante, según las propias declaraciones del vicealcalde de Budapest, Imre Ikvai-Szabó. Desde febrero hasta finales de mayo de este año se ordenó detener las construcciones. En ese tiempo, deberá encontrarse un plan de compromiso para conservar los edificios históricos sin poner en peligro la inversión de los magnates de la construcción en el barrio.

Sin esperanza de compromiso

Ante estas declaraciones de Autoker y la Administración local, Mária Kemény solo sonríe. La responsabilidad de esta parte del antiguo muro no recae sobre la ciudad, sino sobre la administración del distrito. Solo contando con su apoyo puede evitarse a largo plazo el derribo del muro. Eso lo admite hasta el vicealcalde. Aparte del intento de aprobar un plan estratégico en el distrito, poco más puede hacerse. Mária sigue desconfiando. Sospecha que entre las empresas, la Administración local y Protección de Monumentos corre dinero bajo mano. “La corrupción aquí es un auténtico problema”.

Kati Bako, de Budapest, que vive desde hace dos años en el barrio judío, apoya el punto de vista de la historiadora. Se opone firmemente a la modernización de los edificios. Le parecen odiosas esas extensiones de edificios uniformes. Aquí deberían construirse parques y zonas verdes, que es lo que se echa en falta. Tiene una buena opinión de la organización Ovás. Está convencida de que “necesitamos una sociedad civil activa, que se oponga a un urbanismo orientado solo hacia la obtención de beneficios económicos”. Kati Bako entiende que se trata de una inversión que podría atraer a inquilinos y propietarios adinerados. Pero esto carece de sentido a largo plazo, dice. El barrio judío de Budapest es único en Europa. Por eso ha sido y será una famosa atracción turística. “Solo por eso merecería la pena restaurar los viejos edificios.”