De Nueva York a Bulgaria: Un viaje culinario

Artículo publicado el 25 de Enero de 2015
Artículo publicado el 25 de Enero de 2015

¿Qué lleva a una neoyorquina a mudarse a Kyustendil, un pueblecito de Bulgaria? Esta es la historia de Casey Angelova, una experta culinaria estadounidense que cultiva cerezas, espárragos y cría a sus tres hijos en la Europa del Este rural.

"¿Podemos hablar antes de la tarde noche? Después tengo que preparar la cena", me pregunta Casey Angelova con voz tranquila y segura, aunque sé que está muy ocupada. Aunque todas las comidas le parecen importantes, la cena con sus tres hijos pequeños es toda una tradición. Y cuando tu madre es una experta cocinera, jardinera, consultora agricultural y activista culinaria, la comida tiene que estar buenísima.

Casey forma parte de la división búlgara de Slow Food, un movimiento que promueve el valor de la comida. Pero también es una granjera innovadora y su blog Eating, Gardening and Living in Bulgaria(comer, cultivar y vivir en Bulgaria) es muy popular. Casey lleva más de siete años viviendo en Kyustendil con su marido búlgaro. Es una mujer muy ocupada, así que el tiempo es oro, incluso el de esta entrevista.                                                                                                             Se graduó en el Culinary Institute of America y desde entonces siempre está trabajando en nuevos e innovadores proyectos. Además, da clases de educación culinaria en la escuela de sus hijas, donde intenta fomentar una actitud saludable hacia la comida y enseñar a los niños a escoger alimentos saludables y nutritivos.

"Algunos dicen que la devoción por la comida y el vino pueden parecer elitistas, y hay algo de verdad en ello, especialmente con la gente que usa este 'conocimiento' como un indicador de estatus social. Pero no es el caso del slow food", explica Casey. "No es nada hippy ni radical", añade. "Se trata de disfrutar comiendo, de saber escoger lo que comemos". "Es bueno conocer a quienes producen tu comida", comenta, aunque la mayoría de las personas solo conocen el supermercado en el que compran la comida.

Espárragos, cerezas y avellanas

La pareja tiene un gran jardín lleno de especias, verduras, frutas, avellanas y calabazas que cultivan para su propio consumo, además de gallinas y abejas. También cultivan cerezas, avellanas y espárragos que venden en el mercado local. A los locales sus métodos le parecen extraños, se preguntan cómo puede cultivar los alimentos sin fertilizantes. Casey consigue hacerlo manteniéndose al día de las prácticas  de cultivo sostenible y de la salud de la tierra.                                                                                                                       Uno de los temas que más le importan a Casey es la falta de respeto y los estereotipos que hay hacia los agricultores en Bulgaria. "Los búlgaros creen que la agricultura no es un trabajo intelectual, pero esta profesión exige ciertos conocimientos y habilidades. Por ejemplo, tienes que saber de economía, del mercado, conocerte la cadena alimenticia", comenta Casey, ya que ella misma está teniendo dificultades con los factores que afectan al mercado de la cereza en Kyustendil.

Hay factores que cambian el precio constantemente, y el monopolio de mercado obstaculiza la actividad de los pequeños granjeros. Por esa razón, la familia está redirigiéndose al cultivo de avellanas y espárragos, que tienen mucha demanda en el mercado global.

De Nueva York a Kyustendil

Casey cree que Estados Unidos se está despertando de la ola de comida rápida y empieza a adquirir un estilo de vida más saludable con la comida ecológica. Al mismo tiempo, países como Bulgaria se enfrentan al desafío de revertir los daños causados por la comida rápida, como las enfermedades crónicas.

"Tenemos que evitar las tentaciones de la sopa, patatas y verduras enlatadas, que tanto abundan en las tiendas", nos recomienda, ya que ha sido testigo del enorme consumo de estos productos en Estados Unidos.

"Puede parecer extraño que me haya mudado de Nueva York a una pequeña ciudad, pero prefiero este tipo de vida", relata. Su vida ha sido muy variada, ya que ha trabajado para la televisión en Nueva York e incluso como chef en un lujoso hotel búlgaro.

"La vida de esos restaurantes elitistas no era para mí, especialmente cuando decidí tener hijos. Y al mismo tiempo, mis conocimientos en cocina seguían aumentando. Me di cuenta de que, aunque me gustaría tener mi propio restaurante en el futuro, en ese momento tenía que centrarme en los ingredientes y en la buena comida. Todo lo que he hecho hasta ahora me ha llevado a la comida y a la tierra, a los elementos básicos. Mis proyectos cambian cada día, pero es el amor por la comida lo que nos llevará al futuro".