De profesión, payaso: Marenka o el arte de lo verdadero

Artículo publicado el 28 de Junio de 2010
Artículo publicado el 28 de Junio de 2010
Desde hace siete, esta mujer de 37 años actúa como clown en los escenarios de lengua alemana de toda Europa. ¿El trabajo que aprendió en Hanover, Francia y California? Hacer reír

Viena, una día frio de primavera, a las tres de la tarde. Los camareros van de mesa en mesa bajo los espléndidos arcos del Café Central. Con un poco de suerte se puede encontrar a un auténtico payaso: Marenka. Lejos del cliché, la joven es rubia, sin maquillaje, zapatos a primera vista del 37, de nariz pequeña, peinada con un moño no demasiado sofisticado y vestida de civil. Su primera vez en el circo fue a los 24 años. 

A decir verdad, la cartera de cuero un poco demasiada apretada que Merenka lleva a sus espaldas ya es graciosa por sí sola. Actualmente trabaja en Viena, por lo que a menudo pasa las tardes en este bar. Mientras sorbe su café con leche, aprovecha para impregnarse de la atmósfera que la rodea: “Un payaso observa, a la gente, a sí mismo. Así utiliza lo que ha visto, lo trabaja y siente la necesidad de mostrárselo a los demás”. Es posible que cualquier situación en el café sea el punto de partida para un papel: el hombre francamente enamorado que, con muy buena voluntad, intenta ayudar a su amada a quitarse el abrigo pero que en cambio inicia una cadena de acontecimientos: vasos que vacilan, sillas que se rompen y perchas que se caen. La dama distinguida que remueve la cuchara en el café al ritmo de vals o bien, la sirvienta que, torpemente y sin darse cuenta, se encuentra bajo el foco de los proyectores y que no sabe cómo salir de esta situación embarazosa sin hacer el ridículo. 

Al margen del espíritu de observación, el trabajo de Marenka requiere del máximo rigor. Como payaso independiente, no solo debe encontrar constantemente nuevas ideas para sus coreografías, sino que para interpretarlas bien necesita prepararse físicamente para mantener al máximo su cuerpo. Eso, sin contar la elección del traje correcto, mantener sus contactos y la necesidad de encontrar nuevos contratos. Normalmente, Marenka termina su trabajo de oficina después de las 19.30 y rápidamente va a entrenar durante varias horas. Por lo general, su día concluye poco antes de medianoche, cuando cae el telón. Se podría decir que nuestro payaso combina muchas profesiones diferentes: actriz, escritora, directora y gerente. Todas estas profesiones las reencontramos en el escenario. 

Vivimos en una mentira

Todo empezó hace 14 años cuando Marenka vio a un mimo. “Él había creado un mundo que yo podía ver pero que no existía”. Cuatro años más tarde, Marenka, cuyo nombre completo es Marenka Leins, siguió el consejo de una amiga. Realizó un taller de pantomima y envió una solicitud para un curso intensivo con un video, según sus propias palabras, patético. Posteriormente supo que la habían aceptado porque mostraba sin rubor que no sabía nada. Esta audacia, acompañada de una sinceridad desarmante, es su principal fuente de motivación: “Sin verlo, vivimos en una mentira. Yo tengo la necesidad de mostrarlo […], de jugar con la vida, la verdad, en todo lo que ella representa”. 

Marenka cita como artistas que han tenido una influencia determinante para su evolución a Garold Anderson, Avner Eisenberg, o su mujer, Julie Goell. Ella les conoció en los distintos centros de formación de Francia y California, donde estudió en la Dell’Arte School of Phisical Theatre, en Blue Lake. El nombre de Marenka es el que ella ha tomado como herramienta de trabajo y lo utiliza para actos culturales, galas, fiestas y espectáculos de variedades, shows en Alemania, España, Austria, Suiza, los Países Bajos y Estados Unidos.

Son solo breves instantes los que Marenka representa como un sismógrafo. Para el resto, agrega la cantidad justa de seriedad y humor para mejorar. Para conservar la mayor autenticidad posible, a veces incluso investiga la atmósfera de los años 50 correspondiente a la situación que quiere revivir. El resto ocurre en el escenario donde también observa, llena de seriedad e interés por lo cómico: “Un hombre se cae, todo el mundo ríe. Una mujer se cae, la gente se siente mal si se ríe. Alguien golpea a un hombre y la gente ríe. Si se hace a una mujer es casi tabú. […] El público muestra lo que funciona y lo que no. Para mí, los mayores regalos provienen a menudo de imprevistos que suceden en el escenario”. Así nacen sus obras: de una situación cotidiana y banal ella crea una representación trabajada y muy física. Lo hace de forma espontánea, dinámica y, probablemente, sin dificultad. Además, lo imprevisto es embarazoso y es posible hacer alguna cosa. E aquí un auténtico payaso, incluso sin maquillaje.

Fotos: ©marenka.de