Dejemos que florezcan cientos de Cheques Británicos

Artículo publicado el 3 de Agosto de 2004
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Artículo publicado el 3 de Agosto de 2004

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El Cheque Británico es un sistema injusto, pero no porque el Reino Unido goce de ese trato, sino porque no son suficientes los que disfrutan de él.

Es absurdo que en una Unión Europea con 25 miembros un Estado prospero que experimenta un crecimiento estable y que tiene una renta per capita superior al doble que la de los nuevos miembros del este, recupere cada año 2000 millones de libras ( aproximadamente 3000 millones de euros), de las arcas de la UE, algo a lo que los demás no tienen derecho.

Ante esto, la reacción natural es propugnar su abolición, lo que ciertamente sería un avance respecto a la situación actual. pero dejaría al margen el porqué de la negociación original del cheque británico. Margaret Thatcher fue capaz de conseguir el "cheque" en 1984 porque, al ser Gran Bretaña un país industrializado con un sector agrícola muy reducido, abonaba a la sobredimensionada política agraria de la Unión bastante más de lo que conseguía gracias a los subsidios de la PAC (Política Agraria Común). Otros contribuyentes netos, como Alemania, estaban de acuerdo en seguir invirtiendo fondos en el saco roto que suponía la PAC, por eso en vez de negociar una reforma total de la PAC, se optó por extenderle a Gran Bretaña un cheque.

Existe un fructífero principio aplicable a este caso: los países que no quieran tomar parte en el gran despilfarro que supone la PAC, no deberían verse obligados a ello. Era algo justo para la Gran Bretaña de 1984, y sigue siendo igualmente valido hoy en día. Existe una solución mejor que la eliminación del cheque británico: garantizarle un cheque a todos los países que aporten en exceso a la PAC. Países como Holanda, Alemania, Dinamarca, Suecia o Austria tendrían la oportunidad de retirar sus contribuciones, lo que forzaría a los beneficiarios netos a planificar sus estrategias por sí mismos.

Lo que conllevaría un drenaje paulatino de la PAC, y en última instancia su total desaparición tal y como la conocemos hoy en día. El gran beneficio que esto supondría tanto sobre las finanzas, como sobre la reputación y la eficacia de la Comisión Europea sería inconmensurable.

Para empezar, permitiría que la UE se enfrentase al reto de abrir una nueva ronda de negociaciones tras los acuerdos comerciales de Doha, retirando los subsidios agrícolas dando así oportunidad a los países en desarrollo de exportar sus productos a nuestros mercados. Pascal Lamy ya ha efectuado algunas propuestas para recortar los subsidios, pero si no fructifica, la Unión debería plantearse una disminución unilateral de los mismos.

Otro beneficio: pondría punto final al estéril debate sobre si la Comisión debe tener su tope presupuestario al 1%, porque un recorte del 50% del presupuesto destinado a la PAC supondría una reducción de gastos desde el 1´14% al 0´75% del PIB, lo que dejaría el terreno despejado para que la Comisión enderezase sus cuentas y se centrase en otros objetivos prioritarios, como la ayuda al desarrollo regional, ayudas internacionales o en una Política de Defensa Común.

En tercer lugar, realzaría la credibilidad de UE. Durante décadas, la PAC ha sido la vergüenza de la Unión, ejemplificando derroche, incapacidad para reformarse y falta de organización. La PAC viola uno de los principios de la UE, el de subsidiariedad, por lo que, dándole a los estados miembro la posibilidad de retirarse, centraría la atención en los otros objetivos de la Comisión.

El cuarto beneficio: reduciría el euroescepticismo en los países que, como Gran Bretaña, Dinamarca o Suecia, tienen un sector agrícola muy reducido. Estos estados se han convertido en un caldo de cultivo muy fértil para los euroescépticos y se corre el riesgo de que florezcan mas disidentes en el futuro.

A esta reforma se le podría objetar que acarrearía un efecto poco solidario. Muchos de los beneficiarios de la PAC son los miembros más pobres, Estados poco desarrollados, en especial entre los nuevos miembros, como Polonia. Esto, por supuesto, es erróneo. Algunos beneficiarios, como Irlanda, son extremadamente ricos. De todas formas, por lo general es cierto que suelen coincidir. Así que para contrarrestar el efecto que conllevaría un Cheque Británico "universal", esto debería llevarse acabo acompañado de un sistema transparente de transferencias desde los Estados más ricos a los más pobres que contribuyan a su reconversión y desarrollo, que es a lo que se ha comprometido el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD)

La Comisaria Europea de Presupuestos, Michaele Schreyer , está prestándonos un gran servicio al promover la eliminación del Cheque Británico, es un asunto que no podía permanecer enterrado para siempre. Pero ahora, todos los miembros deberían recibir el mismo tratamiento que recibe el Reino Unido.