Del macho Italiano al progresista sueco

Artículo publicado el 1 de Agosto de 2005
Artículo publicado el 1 de Agosto de 2005

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El Tratado de Roma de 1957 señaló que “la Comunidad debería proponerse eliminar las desigualdades entre hombres y mujeres”. Aunque indudablemente se han hecho progresos, a Europa le falta aún un largo trecho por recorrer para alcanzar este objetivo.

Desde su fundación en 1957, la Unión Europea (la entonces Comunidad Económica Europea) ha seguido definiendo la igualdad de género como uno de sus objetivos clave, aunque la Comisión Europea reconoce que mujeres y hombres todavía no disfrutan de los mismos derechos en la práctica. Los repetidos episodios de violencia doméstica (que afectan a alrededor del 20% de las mujeres en la UE) y la explotación sexual representan un serio fracaso por parte de los gobiernos europeos y las instituciones. Como promedio, las mujeres de la Unión Europea realizan una parte desproporcionada de las tareas domésticas y del cuidado infantil y continúan sin representación política y económica. Es más, les pagan un 25% menos que a los hombres y su índice de desempleo (situado en un 12,4%) es un 3% más elevado que la media.

El macho mediterráneo

Aunque estas estadísticas contemplan a la UE en general, existen enormes diferencias respecto a los derechos de las mujeres en cada región, lo que se hace particularmente evidente al comparar los países nórdicos con los mediterráneos. En Escandinavia, las mujeres suelen disfrutar de una autonomía política y económica mayor que en cualquier otro lugar. Por el contrario, el machismo costumbrista de países como España e Italia establece los tradicionales patrones sociales entre hombres y mujeres. El político italiano Rocco Buttiglione es un ejemplo ilustrativo de esta actitud al apuntar que “la familia existe para permitir a las mujeres tener hijos y la debida protección del sexo masculino”. No obstante, en España, el gobierno de Zapatero ha emprendido una enérgica campaña de progresista reforma social que combate al machismo. Por ejemplo, ahora los contratos matrimoniales incluyen el compromiso de compartir las tareas domésticas y el cuidado de los niños. Otro asunto que muestra los diferentes niveles de igualdad de género en Europa es la participación de las mujeres en sus gobiernos. Mientras que el gabinete de Zapatero está simbólicamente formado por ocho hombres y ocho mujeres, el Senado español tan sólo tiene, un 36% de representación femenina. Sin embargo, es uno de los porcentajes más altos de Europa -sólo superado por los Países Bajos y los Escandinavos-. Suecia tiene el parlamento más equitativo, donde las mujeres alcanzan un 45,3%. En Alemania es de un 32,8%, en el Reino Unido un 18,1%, en Francia un 12,2% y en Italia un vergonzoso 11,5%.

Parecidos sobre el papel

Pero mientras los diferentes Estados de la UE se diferencian mucho en los niveles de igualdad de género, sus políticas de igualdad se leen de modo similar, haciendo referencia a las áreas clave de la política de la UE -la garantía de un salario equitativo, derechos del trabajador, baja laboral y seguridad social, derechos relacionados con el embarazo y la maternidad y un compromiso de combatir la discriminación sexual y la violencia doméstica-. En algunas materias, como en el derecho al trabajo, la política de la UE hace caso omiso de los recursos nacionales; en otras, la UE establece condiciones a las cuales se deben adherir las políticas nacionales. Por ejemplo, la UE insiste que en al menos se deben permitir tres de meses de baja laboral por paternidad. Otros asuntos, como el aborto, siguen siendo objeto de los gobiernos nacionales (en Malta, el aborto continua siendo ilegal, pero en 18 de los 25 Estados, el aborto se consigue libremente).

Aunque la política de la UE no controle la realidad de las desigualdades de género de los Estados miembro, ha introducido algunas medidas concretas para apoyar a las mujeres. El programa “Daphne II" cuenta con 50 millones de libras para reducir la violencia contra las mujeres y los niños mediante la concienciación y ayuda a las víctimas, trabajando muy de cerca con las ONG. La igualdad de género también está dentro del plan “Iguales“, que cuenta con un fondo de 3.000 millones de libras para combatir la discriminación en el mercado laboral.

Igualdad económica = igualdad de género

No debería subestimarse el nexo de unión entre la igualdad económica y el progreso en la igualdad de género. Una sociedad igualitaria permite a un mayor número de mujeres ser autosuficientes, rompiendo así el círculo de dependencia masculina. Pero es necesario un consolidado Estado del bienestar para que esto llegue a hacerse realidad; como en Suecia, donde el 83% de los niños de edades comprendidas entre 1 y 6 años consiguen ayudas estatales para su cuidado durante el día. Entre los mejores clasificados en la carrera del abismo entre géneros, destacan los países escandinavos, en este sentido ellos lo hacen particularmente bien en los campos de salud y bienestar y oportunidades económicas. Esto es importante, ya que como la Asamblea Feminista de Madrid señaló: “Las mujeres constituyen el grupo más propicio a aceptar trabajos poco seguros y sueldos bajos". Esto sugiere que la amplia protección social de los países escandinavos, incluyendo la prolongación de la baja laboral de ambos padres, haya sido particularmente beneficiosa para la mujer, ayudándola en su emancipación.

Es encomiable que la mayoría de los países de la UE traten de superar el abismo entre los géneros. A pesar de todo, hombres y mujeres no son todavía iguales, y particularmente en los Estados del sur de Europa donde le dan largas al asunto, parece que llevará décadas extender las ventajas logradas por los escandinavos a otros Estados miembro.