Democracia en el Líbano hacia todos y contra todos

Artículo publicado el 29 de Marzo de 2005
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Artículo publicado el 29 de Marzo de 2005

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Se ha comparado la situación del Líbano con la de Francia bajo el régimen de Vichy. Sin embargo, desde el asesinato del ex primer ministro suní Rafic El Hariri, las voces de la oposición se levantan exigiendo la retirada inmediata de Siria del territorio libanés.

Acusando a Siria por el asesinato de Rafic Hariri, el Líbano ha sacado a colación en seguida la resolución 1559 de la ONU para legitimar su solicitud de retirada. Alentada, entre otros, por los Estados Unidos y Francia, la oposición (esencialmente suní, cristiana y drusa) acusa de esta manera a los leales de Siria y pide el desmantelamiento de los servicios secretos sirios implantados en el Líbano. A golpe de manifestaciones, la oposición ha conseguido colocar el problema libanés en el orden del día y ha propiciado varios cambios: en primer lugar, la dimisión del primer ministro Omar Karamé; después, el discurso del presidente sirio Bachar El Assad, prometiendo la retirada siria del Líbano; finalmente, la firma por los presidentes sirio y libanés de una promesa de retirada parcial del ejército sirio y de sus servicios secretos hacia el valle del Bekaa. Sin embargo, se ha sido impreciso en lo que respecta a las fechas de retirada total del país. La respuesta de los leales, apoyados por el movimiento chií Hezbollah no ha tardado en hacerse oír ni, sobre todo, hacerse ver. Estos últimos convocaron una manifestación masiva con el objetivo de "agradecer la presencia siria en el Líbano". La manifestación, que pretendía ser intimidatoria, provocó, no obstante, a la oposición, y a su necesidad de perseverar en la reivindicación de independencia. De esta manera, han replicado con buena nota: más de un millón de personas venidas de todas las regiones libanesas demostraron que el pueblo, en su totalidad, estaba lejos de desear o de agradecer toda presencia extranjera en el país. Pero el reincidente nombramiento de Omar Karamé como primer ministro por parte del gobierno pro-sirio, ha demostrado no haber aprendido lección alguna por parte de la voluntad popular. Una vez más, se ha empeñado en escuchar sólo la voz de Damasco.

La voz del pueblo

"En un país como el Líbano, cuya particularidad es, precisamente, el pluralismo confesional, la democracia pasa por las voces de la diversidad confesional", expone Valérie, joven cristiana de treinta años, ferviente partidaria de la oposición. "Los oponentes no se manifestaban hasta ahora en masa porque el Estado hacía todo lo posible por contrarrestarlos o intimidarlos. La gente salía a la calle con timidez, por miedo a verse 'invitados' por los servicios secretos líbano-sirios".

No se puede trasplantar la "democracia" norteamericana a un país como el Líbano, incluso habiendo siempre sido reconocido por su apertura hacia Occidente y su modernidad. "Los americanos y los israelíes quieren meterse en todo. ¡Nos impiden existir según nuestros principios y nuestras convicciones!", exclama Alí, un chií de 28 años.

"La pluralidad confesional no es el problema del Líbano; es, al contrario, su fuerza. El pueblo está dispuesto a unirse. El problema real es que los gobiernos libanés y sirio actuales quieren hacer de esa pluralidad una fuente de discordia. Crean una zanja entre las diversas religiones para poder legitimar la incapacidad del país de entrar en la era de la independencia total. 'Dividir para reinar': tal parece ser la receta del gobierno sirio", expone Karim, un suní de unos 50 años que siempre se ha considerado apolítico.

"La crisis -la auténtica-, data de más de quince años, cuando bajo la bandera de la ‘fraternidad’ el pueblo se vio inyectar, por parte de los servicios secretos líbano-sirios, dosis repetitivas de anestesia que, con el tiempo, han transformado su día a día en una larga serie de maniobras de intimidación, de corrupción y de sospechas", añade.

Dos razones principales impiden a los libaneses pro-sirios ceder a la "tentación democrática": por un lado, Hezbollah teme ser desarmado como consecuencia de la aplicación de la resolución 1559, perdiendo de esta forma su legitimidad frente a la "amenaza israelí"; por otra parte, el presidente Emile Lahoud y su gobierno provocarían, si modificasen su política pro-siria, la cólera de Damasco, perdiendo a su vez todo privilegio económico.

El Cardenal Sfeir, jefe espiritual de los cristianos en el Líbano, de visita en Washington para una entrevista con Bush, no dudó en insistir en el carácter imperativo de la retirada siria. Aprovechó para pedir no sólo una ayuda financiera a los Estados Unidos, sino también la implantación de una verdadera democracia, en el sentido "libanés" del término.

¿Democracia Fast-food?

Puede que el problema de la política norteamericana resida en su voluntad de trasplantar en bloque su concepto de democracia por todo el mundo, sin preocuparse por su adaptabilidad. Sin embargo, la democracia no es atributo del individuo tomado en abstracto (Derechos del Hombre), sino que deriva de la pertenencia a un grupo social. En sentido estricto, la problemática no es la del sufragio universal, sino la que presupone que la base de un poder sea homogénea socialmente.

El caso del Líbano es más complicado de lo que queremos creer. El país no está dividido en "buenos" y "malos". Nos damos cuenta de que los libaneses están capacitados para legitimar su pertenencia política y elegir sus ideales. Por supuesto, la independencia libanesa frente a Siria permanece como objetivo ineludible. Pero si una democracia debe instaurarse en el Líbano, debe ser "a su medida", con el fin de responder a las diferencias religiosas, culturales y sociales de cada libanés.

El libanés acaba de ganar su batalla contra el miedo. Esperemos que su sentimiento de libertad, la verdadera, no tarde mucho más en aflorar.