Déogratias Mushayidi: la voz ruandesa del exilio

Artículo publicado el 21 de Abril de 2006
Artículo publicado el 21 de Abril de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Desde que escapara de Ruanda en 2000 por criticar al gobierno, Mushayidi se ha mantenido firme en su decisión de crear una oposición unificada.

El genocidio ruandés continúa siendo una señal de vergüenza en la conciencia europea. En 1994, 800.000 opositores tutsis y hutus del régimen Habyarimana fueron masacrados en pocos meses mientras la comunidad internacional se mantuvo al margen sin actuar.

Incluso ahora, once años después del genocidio, Ruanda aún no vive en paz. Un reciente informe de Human Rights Watch (HRW) explica que en la dubitativa búsqueda de la unidad nacional "[el gobierno] asimila 'la ideología genocida' con el disenso respecto de la política del gobierno o con la oposición al Frente Patriótico Ruandés (FPR), el partido mayoritario en el gobierno".

El recuerdo de las pérdidas

Durante el genocidio Mushayidi perdió a toda su familia. Sin embargo, en vez de vivir encolerizado, asombra escuchar a Mushayidi decir que está comprometido para luchar por una mejor vida tanto para los hutus como para los tutsis. Para alcanzar este objetivo, comenta que el gobierno tiene que hacer frente a las consecuencias del genocidio.

En un principio, Mushayidi se preparó como sacerdote en Suiza. Cuando el FPR tomó el mando del país en 1994, la economía y la infraestructura de Ruanda estaban en ruinas y el FRP le pidió volver al país para ayudar en el proceso de reconstrucción. Durante este proceso, Mushayidi fue secretario ejecutivo del centro para la promoción de la libertad de expresión y la tolerancia en la región de los Grandes Lagos (CPLTGL), presidente de la asociación de los periodistas ruandeses –bajo el control del actual gobierno del FPR- y redactor-jefe de la revista Imboni.

La oposición en el exilio

Fue precisamente para dicha revista para la que escribió una serie de artículos sobre la renuncia de Sebarenzi Kabuye. Sebarenzi, antiguo portavoz de la Asamblea nacional, fue forzado a presentar su dimisión por desafiar la posición del FPR sobre el genocidio. Durante los dos años anteriores, los tutsis habían comenzado a escapar de Ruanda, dificultando al gobierno mantener su acusación de genocidio sobre la oposición.

Un poco después de escribir uno de esos artículos, Mushayidi fue despedido como presidente de la asociación de los periodistas ruandeses y acusado de malversación de fondos por las autoridades ruandesas. Los artículos condujeron también a la prohibición de Imboni en febrero de 2000. Poco después, Mushayidi pidió asilo político en Bélgica.

Para Mushayidi, "el FPR no es la Cruz Roja; es más, el FPR no detuvo el genocidio cuando pudo hacerlo". Hoy en día, ejerce exclusivamente el control militar, político y económico en el país y no tolera ninguna crítica. Ha forzado la oposición al exilio. En nombre de la unidad y la reconciliación nacional, varios segmentos de sociedad ruandesa están sometidos a una doctrina autoritaria. Sin embargo, lo que Mushayidi quiere es un diálogo en una sociedad donde la gente tenga sus derechos fundamentales garantizados.

“La gente vive asustada, usa seudónimos para escribirnos". Cuando le preguntamos sobre el libro que escribió acusando a Paul Kagame, el actual Presidente de Ruanda, de ser el cerebro de la matanza interétnica de 1994, explica que fue un período terrible y que incluso sus mejores amigos están aún demasiado intimidados como para hablar con él sobre ello.

Unidos en oposición

El hecho de que la oposición esté en el extranjero no significa que no tenga poder. En marzo de 2002 se creó la Alianza para la Democracia y la reconciliación Nacional (ADRN-Igihango). El Igihango -que quiere decir pacto sellado en sangre- unió a una panoplia de grupos tutsis con el FDLR, el ala política de los hutus y el ALIR -el ejército del régimen dominado por los hutus que cometió el genocidio en 1994-. Mushayidi fue el portavoz de esta alianza.

Sin embargo, la alianza no consiguió ganar adeptos en Ruanda y el grupo se disolvió. En 2004, muchos de sus miembros formaron otro partido: el Partido Democratico Nacional (PDN). Para Mushayidi "los dos grupos étnicos se han unificado en el exilio a pesar de las numerosas dificultades”. Cree que a pesar de que la oposición afronta numerosas dificultades internas, queda aún espacio para la esperanza.

La voluntad para cambiar

No es sólo la oposición ruandesa en el exilio la que se enfrenta a dificultades. Está también la pregunta de la responsabilidad de la comunidad internacional. ¿Después de haber fracasado para prevenir el genocidio, está la comunidad internacional fracasando a la hora de enfrentarse a las consecuencias?

Mushayidi cree que la comunidad internacional "adapta sus actividades para evitar la confrontación con las autoridades". A pesar de que "la Unión Europea tiene todos los medios para ayudar" y hacer presión sobre Kagame, "no hay voluntad". Sin dicha voluntad, ni por parte de la comunidad internacional ni del gobierno ruandés, el futuro seguirá siendo incierto para los ruandeses.