Depardieu hace su Tour de France entre rap y pintura

Artículo publicado el 15 de Diciembre de 2016
Artículo publicado el 15 de Diciembre de 2016

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Con motivo de la 38ª edición del Festival de Cine Mediterráneo, Cafébabel Bruselas ha tenido la suerte de acudir al preestreno de la película Tour de France, protagonizada por Gérard Depardieu y el joven rapero Sadek. El estreno está previsto para el 14 de diciembre.

21:30 del sábado 10 de diciembre y mucha gente delante de la sala de proyección del Botánico de Bruselas: el Orangerie.

A pesar de que las 21:30 es la hora a la que está previsto que empiece la película, el público no está para nada impaciente, todo lo contrario. El ambiente es muy agradable y la música de la cafetería que está justo al lado inunda la entrada del Orangerie, donde periodistas y público esperan pacientemente a que abran las puertas.

El director de la película, Rachid Djaïdani, aprovecha la ocasión para mezclarse con la multitud. Se acerca a saludar educadamente a los espectadores y estrechar algunas de las manos que le tienden, como para excusarse por el pequeño retraso.

La proyección de la película dura aproximadamente 1,5 horas.

La película, que ante todo es una road movie intimista, cuenta el periplo de Serge, personaje interpretado por Depardieu, y de Far’Hook, interpretado por el joven rapero Sadek. Serge es un carca desencantado, amargado, que solo vive para su único ídolo: el pintor Vernet. Far’Hook, por su parte, es un joven rapero que piensa que Francia le ha abandonado. Ambos están llenos de prejuicios hacia los demás.

A raíz de un ajuste de cuentas y para escapar de su enemigo, Far’Hook trata de que se olviden de él. Pero, ¿cómo hacerlo? La ayuda le llegará de su mejor amigo e hijo de Serge, Bilal. Este, enfadado con su padre, le propone ocupar su puesto de chófer y llevar a Serge a recorrer Francia siguiendo las huellas de su pintor favorito, Vernet. Acepta el viaje, una ocasión para abandonar París y alejarse de su adversario. 

Ese viaje por carretera permitirá a los dos personajes liberarse progresivamente de sus prejuicios y descubrir poco a poco cómo son realmente: dos seres maltratados por la vida pero, sobre todo, dos seres que reprochan continuamente a los demás su propia precariedad. Serge detesta a los extranjeros que arman alboroto en su barrio y Far'Hook culpa a "Marianne" de haberle abandonado. 

Poco a poco, aprenderán a conocerse, a descubrirse, para terminar finalmente ayudándose mutuamente: al fin y al cabo, ambos están en el mismo barco.

Con esta película, Rachid Djaidani intenta reconciliar a los componentes de una Francia desde abajo a la vez decepcionados y tristes, poniendo el acento en sus similitudes con el fin de que cesen las divisiones. Esa división puede resultar peligrosa porque, si perdura, su descontento será tal que todos los Serge y todos los Far’Hook de Francia se irán separando hasta llegar a la ruptura definitiva. La consecuencia será que los primeros caerán en los brazos de partidos extremistas y los segundos hacia un repliegue comunitario.

¿No estamos viendo ya despuntar las premisas de esa ruptura en toda Europa? En ese caso, la película adquiere una nueva dimensión, se convierte en un grito; pero un grito sano porque tiene la audacia de ser optimista sugiriendo una reconciliación de las clases populares. 

Sin embargo, esa reconciliación no puede producirse por sí sola. El cineasta Djaïdani propone una pista: el arte. La película es un gran guiño al arte. Serge pinta a lo largo de todo el viaje y Far’Hook escribe y canta sus textos para convertirse en famoso. A medida que se van aproximando el uno al otro, veremos de vez en cuando al rapero poner algunos toques de azul para completar el cuadro de Serge y a este último intentar rapear.

Es como si el director quisiese descubrirnos que el arte puede saltar por encima de nuestros prejuicios y jugar el papel de mediador.