Derechos de la mujer: Azerbaiyán abre los ojos

Artículo publicado el 22 de Octubre de 2014
Artículo publicado el 22 de Octubre de 2014

La Liga del Derecho Internacional de las Mujeres acaba de presentar un informe sobre la situación femenina en Azerbaiyán. Acusado durante mucho tiempo de pisotear los principios fundamentales relativos a los derechos humanos, el país ha experimentado avances notorios en cuanto a los derechos de la mujer. Aunque la tradición pesa todavía en la mentalidad de los azerbaiyanos, se notan los cambios. 

Antiguo satélite de Moscú durante la guerra fría, Azerbaiyán decide europeizarse tras el desmantelamiento de la URSS. Como miembro del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas y del Consejo de Europa –del que ejerce la presidencia de mayooctubre de 2014–, el estado azerbaiyano ha tenido que acatar la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como su homónima europea, la Convención Europea de Derechos Humanos. Esto influirá positivamente en un país en busca de inspiración. 

Un país pionero mucho antes que Francia

Azerbaiyán instauró mucho antes que Francia, tras finalizar la Primera Guerra Mundial, el derecho al voto femenino. Lo hizo después de la proclamación de la primera República Democrática de Azerbaiyán, el 28 de mayo de 1918. Un siglo más tarde, como prueba de modernidad, el gobierno azerbaiyano ha acreditado a la Liga del Derecho Internacional de las Mujeres con el fin de comprobar los avances llevados a cabo en materia de "sus" derechos.

Desde hace veinte años, la república caucásica ha iniciado un verdadero proceso de modernización y se ha fijado como objetivo el respeto a los valores del Consejo de Europa, adoptándolos en la práctica en el año 2001.

En primer lugar, las autoridades azerbaiyanas han permitido a la mujer dar un paso adelante en materia política, dejando vía libre al Parlamento para poner a una mujer al frente de la Mediación Nacional, el equivalente a nuestra oficina del Defensor del Pueblo, en 2002. Por otra parte, la Asamblea Nacional de Azerbaiyán está compuesta hoy en día por un 16% de mujeres, frente al 11% que había hace diez años. Aunque el porcentaje actual es todavía escaso, el país va indudablemente por el buen camino. En lo que respecta a los ayuntamientos, el avance es todavía más significativo: según un estudio elaborado por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), el porcentaje de mujeres elegidas como concejales ha pasado del 4% al 26,5% entre 2004 y 2009.

Además, desde el punto de vista profesional y a pesar del inexorable incremento del desempleo que ha seguido al desmembramiento de la URSS, las mujeres azerbaiyanas que tienen un empleo son cada vez más numerosas, particularmente dentro de la empresa privada y en sectores como las recursos humanos, la comunicación o incluso los servicios. En la legislación laboral azerbaiyana se han introducido una serie de artículos que refuerzan la protección de las madres trabajadoras, flexibilizando los horarios y previendo determinados permisos. El Parlamento aprobó en 2006 una ley sobre igualdad de género, haciendo hincapié en la igualdad de oportunidades en los procesos de selección y promoción y en la igualdad de salarios. 

Todavía existen diferencias que hay que cambiar

Desde luego no se pueden negar los evidedentes avances en materia de derechos femeninos desde hace más de 20 años; sin embargo, aunque la situación de la mujer ha mejorado en Azerbaiyán, el camino para conseguir la igualdad de género es todavía largo.

Pese a la ley de 2006, las diferencias salariales entre hombres y mujeres persisten y la presencia femenina es todavía demasiado pequeña en los puestos de gran responsabilidad o en los de toma de decisiones. Si bien es verdad que ciertos puestos de trabajo les han sido reservados tradicionalmente –puestos en el sector de la sanidad, asistencia social, educación o incluso en la administración pública–, las retribuciones son demasiado bajas. Esta es una tendencia que se repite en la mayoría de los países del mundo, comenzando por Francia.  

Por tanto, parece indispensable establecer una igualdad más real entre hombres y mujeres para  que estas últimas se liberen poco a poco de las ataduras tradicionales y acepten hacer uso de sus derechos, si bien el elemento psicológico es el principal escollo hoy en día: en Azerbaiyán, muchas mujeres casadas están convencidas de que su papel se limita a las tareas domésticas y a la educación de los hijos y se someten a la autoridad del marido en cuestiones económicas. 

Así pues, según un estudio elaborado conjuntamente por el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) y la International Finance Corporation (IFC), solo el 12% de las estudiantes obtienen un título superior, frente al 33% en el caso de los varones. El factor "educación" es por tanto primordial para reducir las diferencias entre los derechos del hombre y de la mujer. Permitiría, entre otras cosas, cambiar la diferencia existente entre ambos sexos en lo que a tasa de empleo se refiere –67% para las mujeres frente al 77% en el caso de los hombres¬, tal como recoge un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo elaborado en el año 2009

La propuesta no encierra, evidentemente, un sentimiento antirreligioso primario en contra del mundo musulmán y de sus preceptos. Pero Azerbaiyán, que es -no hay que olvidarlo- un Estado laico, ha elegido comprometerse con la vía de las reformas que conducen al máximo respeto del derecho de la mujer. Y los avances son irrefutables. La pregunta que hay que hacerse entonces es si el hecho de continuar -algo necesario- con las citadas reformas será o no aceptado por el conjunto de los musulmanes chiíes del país, mayoría y muy apegados todavía a la tradición patriarcal. 

Por lo que respecta a los derechos humanos en sentido amplio, el gobierno azerbaiyano ha optado, tras la desintegración de la URSS, por un acercamiento a Europa, una comunidad en la que todos los Estados han elegido defender y promover esos derechos universales. Su misión principal tiene que ser acompañar a los gobiernos que desean mejorar el estado del respeto de sus derechos humanos, como el gobierno azerbaiyano desde hace algunos años. Su petición ante la Liga del Derecho Internacional de las Mujeres es, desde este punto de vista, una prueba irrefutable de su buena fe y de su compromiso serio.