Desarmados contra el Diablo

Artículo publicado el 18 de Marzo de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 18 de Marzo de 2004

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La manipulación informativa tras los monstruosos atentados de Madrid siembra el desconcierto en la ciudadanía antes de las elecciones españolas. La credibilidad de las Instituciones Europeas está en entredicho.

Europa se enfrenta a uno de los horizontes más inciertos y cruciales de toda su Historia reciente. Sus Gobiernos e Instituciones tienen que plantarle cara a circunstancias como el sanguinario terrorismo global o la construcción de la Unión. Y lo van a tener que hacer sin un arma que será difícil de sustituir: la credibilidad.

Hemos asistido desconcertados, en los últimos tiempos, a gestos, pronunciamientos y promesas que no hacían sino minar reiteradamente la confianza de los ciudadanos europeos en sus organismos, tanto nacionales como supranacionales.

Intoxicaciones interesadas

El último caso en la UE han sido los esfuerzos del Gobierno español por contaminar la información relativa a la autoría de los atentados de Madrid del 11M. Resumiéndolo en una frase nauseabunda, la teoría del extremismo islámico favorecía al Partido Socialista Obrero Español (que se negó a apoyar la participación del país en la guerra de Irak) y la culpabilidad de ETA al Partido Popular (el mejor verdugo del terrorismo nacional para la opinión pública). De forma vergonzante se quiso utilizar, abusando de la honestidad que se le supone a todo un Ministerio del Interior (del PP), las ruedas de prensa de éste en beneficio de un partido ante la cita electoral del 14 de marzo.

Más grave aún; el PP quiso intoxicar también a la prensa exterior a través de las embajadas. Un comunicado de la ministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio empujaba a repetir únicamente la versión más conveniente a sus intereses: la autoría de ETA. ¿Por qué se sintieron forzados a liquidar también la credibilidad de la diplomacia? El escepticismo se ha instalado de tal modo frente a las afirmaciones gubernamentales que eran muchos los que demandaban información, a través de Internet por ejemplo, de otros medios europeos que pudiesen arrojar luz sobre el asunto.

Ya se hizo antes con el falaz argumento de las Armas de Destrucción Masiva (ADM). Fueron varios los gobernantes europeos que empeñaron su palabra. Y, lógicamente, la perdieron. El asunto de las ADM tuvo un colofón espectacularmente retorcido; la BBC, adalid de la credibilidad hasta el momento, malgastó la suya propia en un esfuerzo para mostrar que el Gobierno de Blair mentía. Y éste, para tratar de defenderse, hizo lo que pudo por acabar con la credibilidad de los inspectores de la ONU.

Instituciones heridas por las mentiras

Con motivo del conflicto en el seno de la Unión por la Guerra de Irak las mentiras se han convertido en algo cotidiano. La OTAN, la UE, la ONU no han resistido tantos engaños. Hoy nuestros organismos más importantes están gravemente heridos. Todo porque se eligieron las comodidades de la mentira antes que las molestas complejidades de la verdad.

El Banco Central Europeo advertía hace poco que la credibilidad de la "zona euro" se estaba debilitando, en clara referencia a la "vulneración" del Pacto de Estabilidad. La Constitución Europea va a olvidar lo firmado meses antes en el Tratado de Niza. Aznar, en entrevista a Le Monde (1), recordó que hace tiempo que en las Cumbres Europeas no se hace nada y puso en duda la valía de Chirac. Hace tiempo había hecho lo propio con Schroeder, quien no tardó en devolverle el "elogio" Y en Italia está Berlusconi, quien en otra época hubiera sido excepción, hoy convertido en regla gracias a éstos y muchos otros casos.

Desarmados

Todos mienten. Todos siembran dudas sobre los demás. Incluso con los asesinados todavía sin enterrar. Los ciudadanos, atónitos, inermes, comenzamos a mirar hacia nuestras instituciones con una mezcla de desencanto, escepticismo e indiferencia. ¿Cómo creer en Europa si no podemos creer a sus líderes? Esta crisis supone mucho más que desconfiar de un comunicado de prensa o de una declaración. Si no creemos a nuestros legisladores, no creeremos en su labor, las leyes. Y si la ley pierde su valor estaremos hablando de la destrucción de uno de los pilares básicos sobre el que se sustenta el Estado de Derecho.

Robert Bolt, por boca de Tomás Moro, en "Un hombre para la eternidad", advierte: "Si violas la Ley para perseguir al Diablo ¿con qué te defenderás cuando éste se dé la vuelta contra ti?".

El jueves, en Madrid, el Diablo llamó a la puerta de Europa. ¿Qué tenemos contra él?