Desde China y Oriente Medio, con amor en Bucarest

Artículo publicado el 7 de Agosto de 2007
Artículo publicado el 7 de Agosto de 2007
De compras por el complejo Europa situado en la zona norte de la ciudad, donde dos empresarios inmigrantes discuten acerca del estado que desde hace ocho meses es miembro de la Unión Europea.

En el conocido complejo de compras Europa, situado en el área norte de Bucarest, puede encontrarse cualquier nacionalidad antes que la europea: árabe, china, india o turca. A lo largo de sus estrechas y angostas calles, llenas de pequeños negocios donde los clientes eligen directamente lo que quieren sin necesidad de entrar, Iraqi Abdul-Hafiz Nawfal tiene una modesta tienda de ropa. Oponente al régimen de Saddam, este hombre de 50 años ha vivido en Rumania durante 20 años, y todavía teme regresar a su país natal. Sólo puede encontrarse con sus parientes cuando ellos viajan fuera de Irak.

Un segundo hogar

En perfecto rumano, Nawfal describe su convicción de que la comunidad árabe es una de las más diversas. Él siente que la gente de los 27 estados de la Unión Europea conoce mucho más sobre el mundo árabe que sus ciudadanos compatriotas. “A los rumanos deberían darles la oportunidad de aprender más sobre nuestra cultura para entender mejor nuestros conceptos, tradiciones y solidaridad. Por ejemplo, la televisión rumana podría presentar más documentales explicando el mundo árabe”, opina el empresario de pequeña categoría que está casado con una mujer rumana.

Nawfal cree que el nuevo estatus alcanzado por Rumania como uno de los más recientes estados miembros de la Unión Europea es un cambio positivo desde que las visas ya no son requeridas para viajar de un país a otro. Él admira los valores europeos, nuestro respeto por la justicia, las leyes y los seres humanos. Sin embargo, en Rumania “ellos no siempre respetan las mismas leyes europeas y hay demasiada burocracia”. Los problemas que existen para los pakistaníes de primera generación como él incluyen, por ejemplo, la obtención de la licencia de conducir: los exámenes teóricos y prácticos sólo están disponibles en rumano, mientras que en el Reino Unido, por ejemplo, existe la opción de tomar las pruebas con voces en off y traductores de Urdu para la comunidad de pakistaníes que no domina el inglés.

Susurro chino

El exitoso hombre de negocios Jyaniu Ling, de 40 años, coincide, hablando conmigo por primera vez en fluido inglés: “¡A veces se necesitan veinte firmas sólo para obtener un papel!” A un mundo de distancia de su China natal, él también está casado con una rumana, y es padre de tres niños nacidos en Rumania. La familia vive en el distrito Colentina, en Bucarest, un área de residentes compuesta por edificios de apartamentos de diez pisos. Es una futura Chinatown; muchos chinos han alquilado apartamentos aquí y se han mudado con sus familias. Ling ha vivido en Rumania durante quince años y rehúsa obtener la ciudadanía por el riesgo de perder la propia. Él y su mujer han visitado a sus parientes en China en varias ocasiones.

Continuando en buen rumano, Ling describe Rumania como un cielo para oportunidades de negocio, aunque cree que éstos se han vuelto “mas difíciles” que antes, con regulaciones más restrictivas. Las compañías de la Unión Europea presentes en el mercado rumano son las que más se beneficiarán con este cambio.

Ling cita ejemplos de la exitosa entrada de Rumania en la Unión Europea; calles y avenidas que están siendo mejoradas, mientras que nuevos y modernos edificios están apareciendo por todo Bucarest. “Puedes perder mucho tiempo si eres atrapado por el tráfico”, dice, refiriéndose a uno de los puntos débiles de la capital. “En China tratamos de resolver este problema construyendo autopistas”, confirma orgulloso de su país natal. Cree que la periferia de Bucarest debería ser planeada más cuidadosamente, como en China, donde muchas instituciones importantes están intencionadamente ubicadas en la periferia de la ciudad para facilitar el tránsito e impulsar el crecimiento económico del área.

Como Nawfal, Ling siente que los medios muestran poco interés por el mundo chino. “Debería haber más intercambios entre ambos, y más eventos culturales chinos en Rumania”, agrega, con la esperanza de que los dos países lleguen a tener más oportunidades para aprender el uno sobre el otro. “Los rumanos son amigables”, concluye Ling. “Pero no aparentan estar mucho más contentos después de la integración en la Unión Europea”.

Correas de cuero apretadas

Aunque la mayoría lo está aceptando, algunos hombres de negocios rumanos no parecen estar muy felices con los “recién llegados”. Marian Aurescu de 55 años, vende zapatos rumanos de cuero en el complejo Europa. A él no le resulta muy cómodo hablar sobre la “intromisión de extranjeros” en la vida comercial de Bucarest. “Vienen aquí y venden cosas de mala calidad a bajos precios. ¡Y no es de extrañar que las personas los compren!”, dice algo enfadado. Sus zapatos son auténticos y están hechos “para resistir”. De todas formas, la gente aún prefiere la mercadería china barata, aunque no posea el nombre de una marca importante. “Espero que algún día los rumanos aprendan a respetarse a ellos mismos y a su país. No creo que realmente necesitemos comprar cualquier cosa barata sólo porque es barata”, concluye.

© Fotos:

Luciana Grosu