Desde Mahoma hasta Breivik: el silencio de los daneses

Artículo publicado el 30 de Marzo de 2012
Artículo publicado el 30 de Marzo de 2012
Dinamarca está traumatizada. Desde la publicación de las caricaturas de Mahoma que en 2005 colocaron al país escandinavo en el centro de atención, los daneses no pueden soportar la imagen negativa creada y prefieren guardar silencio: ¿significa esto un adiós a la libertad de expresión?
Solo la entrada en escena del manifiesto escrito por el terrorista noruego Anders Breivik consigue poner, de nuevo, el multiculturalismo a debate.

¿Quién no se acuerda de las caricaturas de Mahoma del año 2005 que provocaron un escándalo mundial y convirtieron a Dinamarca en el centro de la controversia entre la libertad de prensa y la provocación a las minorías musulmanas en Europa? Siete años después, la gente de Copenhague prefiere no decir nada sobre el tema. “Estimada colega, muchas gracias por tu correo. Lo siento, pero hemos dejado de publicar comentarios relacionados con el tema de Mahoma. Reciba un cordial saludo, Tage Clausen, jefe de redacción”, contestan desde el diario danés Jyllands-Posten. Parece innecesario darle más vueltas a lo ocurrido. Flemming Rose, director de la sección de cultura en este periódico y responsable de la publicación de las 12 caricaturas en 2005, ha escrito el libro The Tyranny of Silence (La tiranía del silencio, 2010) con el fin de zanjar el tema. Punto final. No hay más comentarios.

El primer editor árabe de un diario danés y primer autor palestino que ha publicado un libro en la lengua local.

Detrás de mí se cierra la puerta de vidrio. Alguien teclea un código al otro lado y entonces se abre la segunda puerta ante mí. Tarek Omar me guiña el ojo desde el otro lado del arco de seguridad. Politiken, el diario donde trabaja el redactor, se encuentra en el mismo edificio que el diario Jyllandas-Posten, situado al lado de la Rådhuspladsen de Copenhague. Desde hace varios años, la redacción es más segura que cualquier banco: está vigilada día y noche. “¿Valió la pena de verdad vivir aquello solo por unas viñetas? Mi hija tiene un año. Cuando la llevé por primera vez a la redacción, hasta ella necesitó un distintivo”. Sin embargo, el redactor, de 34 años, no entiende por qué nadie en el diario quiere hablar sobre la libertad de prensa: “Es nuestro trabajo”.

La línea que separa en Europa la libertad de expresión y el daño a los sentimientos religiosos se ha vuelto extremadamente fina: lo muestra no solo el reciente atentado a la revista satírica Charlie Hebdo en Francia, sino la creciente tendencia general a censurar las críticas al islam. Un estudio de Kaas y Mulvad realizado en 2010 sondeó a 654 miembros de asociaciones culturales de Dinamarca, la mitad de los cuales restaron anónimos. Casi un 50% de los encuestados opinaron que la libertad de expresión estaba en peligro en el país. A la pregunta “¿Está mal visto burlarse del islam del mismo modo que se hace con otras religiones?”, una redactora becaria respondió: “Creo que, efectivamente, los redactores tienen ahora más en cuenta a quién provocan”.

MuhameDANEREN contra el Partido Popular Danés

Tarek Omar procede del Líbano, aunque prefiere no definirse según su origen: “Me considero danés y árabe, pero soy sobre todo un padre”, afirma con un inglés sin acento quien ha sido corresponsal en Bruselas. En 2011, publicó un libro titulado MuhameDANEREN. Los personajes de Omar —“los nuevos daneses”— no encuentran su identidad, pero “nunca se han sentido estresados (por ello)”, explica. Hasta el imán adicto al porno, del cual trata una historia, fue aceptado en los círculos religiosos. ¿Solo porque es musulmán? “Claro que no. Es porque han reconocido su bondad. No siempre tiene que provocar un escándalo, todo depende de la manera de abordar el tema. Si no es más que una pura provocación, entonces no vale nada”.

Entre ellos está, por ejemplo, el musulmán que quema el pañuelo de su piadosa mujer para que pueda sentirse tan libre como las otras danesas.

Lo que para Omar es una provocación, Helle Merete Brix lo llama simplemente libertad de expresión. Sería muy fácil contar historias multiculturales que han acabado bien, asegura la periodista. Alerta de que hay un “perfil definido” en Dinamarca que a menudo se relega al rincón de la islamofobia. ¿Con razón? En el piso de Brix hay colgada en una pared, al lado de imágenes budistas, una caricatura de Kurt Westergaard sacada del número de Jyllands-Posten que hace siete años dio la vuelta al mundo. La misma Brix es budista. Cree en una “cultura vehicular europea” basada en los valores del cristianismo (sic), en controles fronterizos rígidos y en la imposibilidad de conciliar islam y democracia. La autora de Mod Mørket: Det Muslimske Broderskab i Europa (Contra la oscuridad: la hermandad musulmana en Europa) trabajó durante años para la danesa Free Press Society, aunque finalizó esa colaboración debido a diferencias de opinión. “Es como en un matrimonio: la gente a veces decide divorciarse”.

La derecha populista del Dansk Folkeparti (en castellano, Partido Popular Danés), que ha estado convirtiendo progresivamente la sensación general de inseguridad creada a raíz del 11-S en leyes restrictivas contra los extranjeros, es una voz necesaria frente a la creciente influencia del islam, opina Brix. En los últimos diez años, la derecha liberal danesa ha hecho varias concesiones a la derecha populista debido a la coalición con estos últimos. Asegura, además, que ningún otro político se atreve a abordar el tema en público. La instrumentalización de la libertad de opinión por parte de la derecha populista hace tiempo que es un hecho en Dinamarca.

El trabajo de este dúo danés, publicado por toda Europa, resulta mucho más satírico.

Anders Breivik y el terror de los cristianos

En el CaféTeatret de Copenhague, seguimos una línea roja pintada en el suelo junto con el director de teatro más controvertido de la actualidad danesa: Christian Lollike. Se trata de una línea que atraviesa literalmente el edificio del teatro y que más tarde servirá de guía a los espectadores. Actualmente, el enfant terrible de la dramaturgia danesa está en boca de todos. Lollike quiere llevar a escena el manifiesto del terrorista Anders Breivik: 2083 - A European Declaration of Independence. Breivik asesinó en 2011 a 77 personas —la mayoría jóvenes— en un atentado perpetrado principalmente en la isla noruega de Utøya. “En Escandinavia hemos legitimado una determinada manera de hablar sobre los extranjeros y especialmente sobre los musulmanes. Es un tono racista que puede llevar a extremismos como este”, explica Lollike.

Según su opinión, es un hecho que el debate del islam ha perdido intensidad desde la publicación de las caricaturas de Mahoma, pero no por ello quiere barrer bajo la alfombra la crueldad del cristiano de Breivik. Los acontecimientos de Utøya y el manifiesto que estará visible para siempre en Internet no pueden pasar de largo sin ser comentados. La derecha populista del país intenta continuamente tapar la boca al director y estigmatizarlo por su falta de compasión. Su proyecto, sin embargo, no se corresponde con el del arquetipo de enemigo. El respeto por la libertad de expresión que se exigió para las caricaturas del Jyllands-Posten ha perdido de repente importancia entre los políticos.

La derecha danesa y, sobre todo, Pia Kjærsgaard, a quien se alaba en el manifiesto de Breivik, utilizan especialmente las emociones para sus objetivos.

“¿Puedes ver, si te fijas bien, lo que hay en el brazo de Breivik?”, pregunta Lollike mientras señala la foto que cuelga del corcho de su habitación, lleno de recortes de papel y artículos de diarios sobre la función de teatro. “Veda abierta al traidor multicultural”. “Todos esos pensamientos perversos sobre los musulmanes le debían haber trastornado”, apuntala. El ruido de los medios de comunicación sobre el atentado le ha afectado: sobre todo, cuando la televisión danesa, a pesar de haber acordado lo contrario previamente, le puso cara a cara con padres de las víctimas. Sin embargo, asegura que no será tan fácil acallar a los que perturban la paz. “Puede volver a pasar”, afirma en defensa de su proyecto. “Creo que tenemos una responsabilidad para con nuestros conciudadanos musulmanes. Si Al Qaeda perpetra un atentado contra las torres gemelas, es parte de una guerra religiosa y cultural. Pero si se trata de una persona trastornada y enloquecida como Anders Breivik, entonces no tiene nada que ver con nuestra sociedad. Este doble rasero me parece una traición a nuestros valores y una amenaza para nuestra democracia".

Este artículo forma parte de Multikulti on the Ground 2011-2012, una serie de reportajes sobre el multiculturalismo realizados por cafebabel.com en toda Europa. Nuestro agradecimiento al equipo de cafebabel.comen Copenhague.

Fotos: portada (cc) FotoRita/Flickr; texto, © tarekomar.dk, © Wulffmorgenthaler y © Nicola Zolin.