Después de la Primavera Árabe, el Invierno Islamista: ¿Decepcionados?

Artículo publicado el 15 de Febrero de 2012
Artículo publicado el 15 de Febrero de 2012
Tras la romantización de la Primavera Árabe, algunos se han quedado helados ante el invierno islamista. La euforia revolucionaria ha dado paso a complejos y arduos procesos de transición y de equilibrios de fuerzas en los que los islamistas han sido aupados al poder en el Norte de África. ¿Decepcionados tras la Primavera Árabe?

Tras las revueltas de la Primavera Árabe, hemos asistido al triunfo de los partidos islamistas: Ennahda en Túnez, Hermanos Musulmanes en Egipto y Partido Justicia y Desarrollo en Marruecos. Y lo más probable es que también obtengan buenos resultados en Argelia, Yemen y Libia. ¿Tanta lucha para que los islamistas acaben en el poder?, se preguntan ahora los jóvenes europeos que vieron reflejada su indignación en estas revueltas. Aunque nos pese, laPlaza Tahrir no es Egipto y pensar que el mundo árabe no está preparado para la democracia probablemente demuestra los límites de nuestra propia visión democrática. Para Eduard Soler i Lecha, experto en el mundo árabe del Centro de Estudios y Documentación Internacional de Barcelona (CIDOB), el problema reside "en la frustración de expectativas tras la romantización de las revueltas, sumada a la demonización de la marca islamista". Pero, ¿quiénes son los islamistas?

Hay que remontarse a los orígenes

El islamismo surgió, como corriente intelectual, a finales del siglo XIX. El declive del mundo islámico frente a las potencias coloniales les llevó a buscar alternativas en las raíces del Islam. En 1928, en Egipto- todavía bajo tutela británica-, se creó la primera organización del Islam político actual: los Hermanos Musulmanes. Durante parte del siglo XX, fueron duramente reprimidos por distintos regímenes y, en ocasiones, utilizados como contrapeso de los movimientos de izquierda. A partir de 1967, tras la derrota de las tropas árabes a manos de Israel en la Guerra de los Seis Días, los movimientos islamistas se consolidaron como principal corriente de oposición de unos regímenes que intentaban perpetuarse en el poder bajo una retórica nacionalista. Mohammed Tozy, analista político marroquí, subraya que es a partir de 2000 cuando los islamistas optan por una vía mucho más pragmática y empiezan a aceptar las reglas de juego democrático.

¿Qué es el islamismo?

Es una corriente política heterogénea que tiene como único elemento común la aplicación de los valores y principios religiosos en la acción política. El abanico de partidos y movimientos del islamismo abarca desde los que están dispuestos a aceptar un "estado civil" a movimientos radicales que rechazan la democracia como sistema político. Los hay que aceptan y apoyan una legislación secular, otros que buscan la coherencia con la legislación islámica, los que abogan por la Sharia como una fuente de ley y, los más radicales, que pretenden que sea ésta la única fuente de la legislación. Dentro de este abanico, surge el rompecabezas de las denominaciones. A menudo oímos hablar de "islamismo moderado" para referirse a los partidos que han accedido recientemente al poder. En el caso del AKP (Turquía), se utiliza el término "islamo-demócratas", por analogía con la democracia-cristiana europea, e incluso expertos como Olivier Roy hablan ya de movimientos "post-islamistas". La sorpresa de estas elecciones no ha sido tanto el apoyo popular de los partidos "moderados" sino la irrupción de grupos salafistas como Al-Nour en Egipto, con una agenda que constriñe las libertades personales.

El denominador común del islamismo político es que son partidos de masas bien implantados por todo el territorio

¿Qué explica su triunfo electoral?El denominador común del islamismo político es que son partidos de masas bien implantados por todo el territorio. Han creado una tupida red de servicios sociales que suplen las carencias de las clases medias y bajas. Hacen bandera de la justicia social y de la lucha contra la corrupción; y tienen la posibilidad de hacerlo porque hasta ahora habían sido excluidos sistemáticamente del poder, algo que no había pasado con otros partidos de oposición seculares. Los movimientos islamistas se han presentado a estas elecciones como víctimas de los antiguos regímenes, pero con la voluntad de reestablecer el orden, aspecto que la masa silenciosa ha sabido apreciar tras una época de revueltas y cambios. Además, han introducido un discurso político moralizante, poniendo énfasis en la idea de que la corrupción es un pecado y una depravación. Un discurso que ha calado en una sociedad harta de años de corrupción y abusos de poder.

¿Son estos partidos democráticos? 

No se puede decir que el carácter no democrático sea una característica propia de los partidos islamistas. Si entendemos democracia como la competición en unas elecciones libres y la aceptación de esos resultados, sí lo son porque han respetado las reglas de juego. El tiempo dirá si son demócratas en el sentido más profundo: entendiendo la democracia como el respeto y la inclusión de las minorías y la aceptación de la alternancia del poder. Uno de los grandes riesgos del mundo árabe, como apunta Eduard Soler i Lecha, es que estos partidos entiendan la democracia como la imposición de la mayoría sobre la minoría e impongan sus concepciones sin contar o respetar al otro. Otro peligro es que esos gobiernos no sean capaces de cumplir las expectativas de los ciudadanos y que esto se traduzca en un ascenso de las fuerzas extremistas. Para Soler i Lecha, la solución pasa por acuerdos constitucionales amplios y la construcción de un sistema inclusivo porque, aunque la Plaza Tahrir no sea Egipto, no podemos olvidar que parte de Egipto sí es la Plaza Tahrir.

Febrero 2011

Fotos: portada, (cc) Nate Derrick/flickr; texto: dibujo sobre elecciones Egipto, (cc) Khalid Albahid/flickr; Plaza Tahrir, (cc)  Gigi Ibrahim/flickrvídeo, (cc) euronews/youtube