Diego De Silva: la Camorra, ¿una moda editorial?

Artículo publicado el 2 de Octubre de 2009
Artículo publicado el 2 de Octubre de 2009
El libro Certi Bambini (Ciertos Niños, 2001) ha abierto el camino a un género literario que ha hecho de Nápoles y de la Camorra uno de los argumentos más apreciados de la narrativa italiana. Prueba de este hecho es que los libros de Diego De Silva han sido traducidos en Inglaterra, Francia, España, Portugal, Holanda, Alemania y Grecia. Encuentro con el autor

Rosario nació en Salerno, Campania, en el sur de Italia, hace ocho años. Pensado por el autor con la pistola y el título Certi Bambini. El chiquillo de la camorra, antes de Gomorra. Es el centro de Salerno, donde las calles se llenan de atascos de coches en los semáforos. Entre las casas ruidosas y las señoras que salen al balcón con la camisa medio abotonada, el cabello despeinado y subiendo la bolsa de la compra con una cuerda, mientras los niños les agarran del borde de las faldas, se relee en imágenes las páginas de la novela de Diego De Silva (traducida a siete idiomas, y adaptada al cine por los hermanos Frazzi en 2004 premiada con un European Film Award).

Nápoles, escenario literario

©Diritti RiservatiEntonces, si se vuelve a abrir el libro, poco después de las primeras palabras, te das cuenta de que estás en Nápoles. Y no (al menos no inmediatamente) por la descripción “épica” –así la define el escritor mientras habla de ello en la mesa de un bar frente al mar– de la camorra. En la versión italiana, el “Statti” (usa el dialecto napolitano en vez del italiano estándar que sería 'stai') de la novena página es inequívocamente de Nápoles; si hubiese sido Salerno hubiese bastado con 'Statt'. También las notas biográficas sobre De Silva –las que están en la cubierta posterior de las cinco novelas que ha publicado con la editorial Einaudi– engañan como la añadida “i” final, lo quieren napolitano, aunque no lo sea.

Todo se convierte en Nápoles cuando se entra en territorio de Campania, la ciudad fagocita la literatura con las contradicciones y la sangre. Por otro lado, observa De Silva, “¿qué es la escritura si no la síntesis de las contradicciones? Y cuando reconoces los vínculos con una tierra es porque le reconoces sus incoherencias”. Nápoles es una burbuja de tinta. “Los escritores no limitamos la ciudad. Ni fosilizamos las imágenes, pero las instituciones incluso la hacen retroceder”, explica.

El síndrome Gomorra

Sobre todo hoy que en Italia, y en el resto del mundo, no se hace otra cosa que mirar a la ciudad napolitana a través de la lente deformante del ‘Gomorrismo’: “A partir de Gomorra hemos perdido un poco la cuenta de las obras (no solo narrativas, sino también ensayos y documentales) que el mercado ha repetidamente, por así decirlo, ofrecido. Entendiendo entonces por 'Gomorrismo' un pensamiento antimafioso, de un cierto empuje antagonista en el sentido que el libro de Roberto Saviano le ha dado”.

De Silva se expresa con las manos, gesticula mientras explica: “Nápoles en un gran condominio, donde a cada uno se le ha concedido hablar su propia lengua, vivir sus propios inconvenientes. Es una suma de comunidades pero de estas no nace un pueblo modificado por la convivencia”. Después prosigue: “Se relaciona con los otros pueblos con la conciencia de la propia singularidad y tiende a tutear al resto del mundo. Juega con la propia notoriedad y aunque se ha habituado a los demás, se basta a sí misma”.

©gomorra-lefilm.com

¿Y si la escritura de Campania consolidase los tópicos (la película de Matteo Garrone, adaptación del libro de Saviano, candidata al Oscar como mejor película extranjera, ha sido incluso acusada de hacer apología de la Camorra), sobre todo en el extranjero? “Desde un punto de vista internacional, algunos temas tienen una sugerencia exótica –dice mientras hace una anotación en el periódico que tiene delante– interesan como fenómenos peculiares de un lugar lejano y distinto. Pero no vale siempre. Pienso, en mi caso, en Certi Bambini: no fue comprado por las editoriales inglesas porque, en 2001, el argumento de la Camorra que se trataba en la literatura no interesaba, mientras que Voglio guardare por el contrario sí; probablemente porque la historia de soledad y perversiones que narra se ha considerado más cercana al público anglosajón”.

La Camorra sostenible

©LuchterhandDesde su primer libro La donna di scorta (1999), seguido después de Certi Bambini (2001), Voglio guardare (2002), Da un'altra carne (2004), el autor ha descrito lugares, construido historias sobre estados emocionales.

En el último, No me enteré de nada (2007, publicado en España y Alemania): “El abogado Malinconico es un individuo en lucha con la felicidad, un hombre de mediana edad que trata de envejecer sin volverse demasiado capullo", añade serio. Cuando la mala vida pasa de ser terrible a ser sostenible, “La Camorra está abandonando progresivamente el control del territorio para dedicarse a negocios más importantes, con el efecto de que la delincuencia de los 'perros callejeros' se ha vuelto más aguerrida y feroz. La paradoja, pues, es que una delincuencia profesionalmente organizada haría el crimen más aceptable. De ahí la idea de una camorra ‘sostenible’”.

Desde donde está sentado para la entrevista, podría presentarme uno a uno a los hombres, las mujeres, los niños de los que ha hablado en sus obras –mientras bebe un café y se recoloca las gafas– tiene enfrente el litoral de Celeste y Heller, a un lado la acera de Sampietrini en la cual (con un poco de lluvia, tal vez) se podrían encontrar Livio y Dorina, y a sus espaldas, en la calle principal no es que haya solo uno de los personajes salidos de sus novelas sino incluso decenas de replicas. Y Diego de Silva con la mirada y el mismo malestar los sigue. Rosario está en Nápoles bajo su campana de celulosa y cristal.