Dj Boris Viande : Un bretón que pincha punk-gitano

Artículo publicado el 18 de Enero de 2010
Artículo publicado el 18 de Enero de 2010
Boris Viande, también conocido como Romain, de 26 años: “Es mi otro yo, versión trash”. Trompetista como el escritor Boris Vian, este joven francés mezcla música desde los cuatro años. Y reivindica que, antes de enamorarse de los sonidos del Este, sus orígenes están en el punk

“¡Todavía me aconsejan que me cambie el nombre! Pero mi alias es transgresor, no gusta a los intelectualoides”. Enfundado en un abrigo verde con un escudo de la ‘polizei’ alemana, Romain pide un café americano y comienza por el principio del principio: Berlín. Con motivo de una estancia en la capital alemana, se convirtió en fanático del grupo Russendisko y volvió a Francia con las maletas llenas de vinilos. “Por pasar el rato” comienza a poner su música mientras pasaba las noches con sus amigos y rápidamente su público le sugiere que aproveche su talento. Comienza en el oeste de Francia y luego llega a París para realizar sus estudios.

Musicalmente, Romain se define como “un poco autista”. El antiguo estudiante de ingeniería civil y más tarde de ciencias políticas solo sale de su estudio de grabación para buscar nuevos sonidos. Después de haber dejado su trabajo en diciembre de 2008 para consagrarse enteramente a la música, viajó en tren y barco y atravesó Italia, Grecia y Turquía. Un periplo en busca de otros músicos. “Busqué contactos en Myspace. Un plan parecido a enviar 100 emails y recibir tres respuestas. Pero valieron la pena. Matrimonia en Sicilia, Nesheli Milis en Turquía… también grupos de música tradicional. Viajar como turista me pone muy nervioso. Estos encuentros en cambio me han permitido compartir sonidos”. Una cerveza, una comida, consejos para mezclar ciertos temas… los músicos se entienden muy rápido. En Estambul, en esta ciudad turca “tan europea”, Romain incluso se encontró con adeptos al dub que conocían mejor los festivales franceses que él.

Mina de oro balcánica

En la carretera, en los mercados, en los puertos, el trompetista se pasea con una grabadora y capta los ambientes o los grupos de música que se cruzan en la calle. “No para utilizarlos tal cual, pues el sonido no es muy bueno. Analizo la construcción y la utilizo en mis composiciones”. Durante esos tres meses ha descubierto sonidos desconocidos para el público francés. Sobre todo de Turquía, “un país que no exporta mucho su música y donde la autoproducción está poco desarrollada”. Al margen de las tonalidades colectivas, Boris se marcha de nuevo a por algunas sesiones en un festival en Holanda. Siempre en constante viaje…

Este verano ha pasado por el ineludible Guca, en Serbia, el festival balcánico por excelencia. Una referencia en la materia. “Hace 50 años que existe. Una verdadera mina de oro porque cada músico llega con las maletas llenas de discos”. Boris nos explica sin dudar que toda esta inquietud por la música del Este proviene de la entrada de diez países nuevos en la UE en 2004. “La no necesidad de utilizar visados facilita el acceso a estos países. Ahora es más fácil tener colegas serbios, rumanos o estonios”.

Berlin ocioso

Cuando viaja al Este, Romain pasa por Berlín regularmente. “Esta ciudad tiene una cultura con influencias rusas inexistente en Francia” ¿Volvería a vivir allí? Impensable para el joven dj. “Existe todavía ese lado ocioso en el que me perdería. Prefiero el carácter decadente de París, que me obliga a moverme”. Sus antros preferidos en la capital francesa: Bellevilloise o Alimentation Générale. Pero la noche que le llena de verdad es la de los martes en La Dame de Canton, un barco de madera atracado sobre el Sena. “Al revés que en otras salas, el público no está conquistado antes de empezar. Y, además, como pincho entre semana, la gente no se quiere quedar mucho tiempo. Basta poner una canción que no les guste para que se marchen. ¡Es un verdadero reto!” Pero cuando a medianoche las faldas giran y los pies saltan, Romain estalla de júbilo.

Fuera del electro-punk del Este, el bretón ha fundado su propio sello Vladprod. “Un trabajo con mucho papeleo, pero me encanta”. Y continúa tocando con Vladivostok, su primer grupo con sus colegas de Nantes. Juntos, van de gira por Ucrania, Alemania y a lo mejor, próximamente, por Holanda. De amistad en amistad, y tiro porque me toca. Finalmente, con “cuatro o cinco bolos por semana” Romain llega bien a fin de mes. La próxima etapa del viaje es un tren París-Toulouse. Va a mezclar en la cafetería del tren, para hacer vibrar los sonidos del Este lo más al Oeste posible.