“Django desencadenado”: Tarantino vuelve a liberar pasiones

Artículo publicado el 25 de Enero de 2013
Artículo publicado el 25 de Enero de 2013
Pocos, desde los más creyentes hasta los más escépticos, son los que afirman que la filmografía de Tarantino va por mal camino. Sin embargo, mentiríamos si dijéramos que el director estadounidense no se ha arriesgado en cada una de sus ocho películas. Por supuesto, Django desencadenado no iba a ser menos, ni mucho menos la excepción.

En todas las profesiones creativas o artísticas es casi obligatorio culminar con una obra maestra. En el caso de Quentin Tarantino, el fin del mundo de 2012 habría podido castigar una filmografía inmejorable compuesta de ocho películas a cual más sorprendente. Pero como ya sabemos, los mayas solo han sido los autores del comentario más recurrente del siglo XXI y él aprovecha el alivio general para reafirmarse como el mejor director de cine de lo que podría ser el nuevo mundo.

Versión trastornada de la historia

Que Django desencadenado es un peliculón lo piensa todo el mundo. Teniendo en cuenta la difusión mediática que ha beneficiado a la nueva obra maestra de Tarantino, ni siquiera hemos tenido que esperar para ver su gloria, puesto que acaba de ser galardonada con dos Globos de Oro. De entrada, solo podemos decir que es el octavo largometraje del director y que una vez más nos deleita con una historia de venganza. Además, por segunda vez consecutiva, Tarantino nos ofrece una versión trastornada de la historia mundial, dos años y medio después del estreno de Malditos bastardos.

Los hechos se desarrollan en Estados Unidosdos años después de la Guerra de Secesión, cuando el doctor King Schulz (Christoph Waltz), un cazarrecompensas alemán, libera a Django de su esclavitud (Jamie Foxx) a cambio de que este le dé la descripción de tres hermanos en busca y captura cuyas cabezas tienen recompensa. Tras toda clase de peripecias, Django se convierte en un vaquero decidido a ir a liberar a su mujer, prisionera de un rico propietario de tierras llamado Calvin Candie (Leonardo DiCaprio). Se cuenta que Tarantino escribió esta película centrándose en el personaje de Waltz, cuya bondad hacia un esclavo negro supone la base de las 2 horas y 44 minutos cargados de emociones. Según Wikipedia, Django desencadenado es todo un homenaje al Django de Sergio Corbucci, un spaghetti western de 1966.

“Tócala otra vez, Sam”

Si bien es cierto que en las siete películas anteriores Tarantino siempre ha construido escenarios según los trazos de los personajes que él consideraba como musas (Uma Thurman o Samuel L. Jackson), todavía es más cierto que el hijo prodigioso de Knoxville siempre ha tendido a alabar el cine de antaño; sin embargo, es la primera vez que escribe un guión de forma lineal. El pasado miércoles 16 de enero, en una de las proyecciones de la película en París, se encontraba Emmanuel Burdeau, autor de Tarantino : un cinéma déchaîné, quien precisó que “Quentin Tarantino siempre ha dirigido su escenario a través de diferentes puntos de vista encarnados en sus personajes y en secuencias por capítulos. En este caso, la historia es lineal, y nos lleva desde un punto A hasta un punto B sin ninguna intervención de otro tipo de narración”.

L. Jackson a Tarantino: “¿Quieres saber si me es un problema hacer el papel del negro peor jodido de toda la historia mundial?”

También es cierto que este nuevo método ha podido debilitar la fuerza de personajes secundarios que siempre han tenido los papeles principales como, por ejemplo, David Carradine en Kill Bill, Bruce Willis en Pulp Fiction y, cómo no, Christoph Waltz en Malditos bastardos. No obstante, incluso sobre una estructura clásica, Tarantino es todo un experto en crear personajes. El papel de Samuel L. Jackson en Django desencadenado posiblemente se lleve la palma en términos de psicología cinematográfica. Después de ser calificado como demasiado viejo para tener un papel principal, este se encarna, según sus palabras, en la piel del “negro peor jodido de la historia mundial” llamado Stephen: un esclavo doméstico negro todavía más humillado que la más blanca de las apologías a la esclavitud.

Emmanuel Burdeau: “En este caso, la historia es lineal, y nos lleva desde un punto A hasta un punto B”. ¡Gracias, Emmanuel!

Y así es como Django desencadenado marca el fin de una época en el cine de Tarantino. Si el modus operandi —diálogos, humor y música— es el de siempre, la cuestión se enredará sin delicadeza en uno de los grandes tabúes de la historia estadounidense. De hecho, según el propio Tarantino, este es un tema que apenas se trata en las escuelas de EE. UU., pero en esta película el horror se muestra desmaquillado y con mucha hemoglobina —y ya debe ser mucha cuando de por sí se considera violenta—. A fin de cuentas, se trata de una manera de desahogar a una América encorsetada y acostumbrada a ver documentales pudorosos y cuyos puritanos, como Spike Lee, se sobresaltan por haber utilizado la palabra negro99 veces. Tarantino se defendió diciendo que era “inevitable” y que no se puede escribir ese tipo de historias sin utilizar el vocabulario propio de la época. Lo más contradictorio, y lo que recalca su genialidad, ha sido el hecho de elegir una peli del Oeste para contarla: precisamente un género que se caracteriza por glorificar la historia de su propio país.

Imágenes: © cortesía de la página en Facebook de Django Unchained. Vídeos: Cine300/YouTube y visaprod/YouTube.