Documental: una Europa abierta, pero no de "color de rosa"

Artículo publicado el 18 de Agosto de 2009
Artículo publicado el 18 de Agosto de 2009
Una parte de la frontera, un lugar, una persona. Una película documental, La frontera interior, será difundida todo el verano en 40 puntos del trazado del antiguo telón de acero. Siete retratos para contar los obstáculos, también mentales, que impiden a los europeos comprenderse

Han llamado a su taller de trabajo Limo. No como la limonada, ni la limusina. No, limo, 'frontera' en esperanto. Esta frontera que fascina más allá de las lenguas que separa. Detrás de este taller Limo se esconden dos jóvenes franceses, Simon Brunel y Nicolas Pannetier, que viven en Berlín. Y es que desafortunadamente, la temática de la frontera está siempre presente en la capital alemana. Los dos antiguos estudiantes de arquitectura vienen de terminar su película documental La frontera interior (La frontière intérieure, 2009). Un viaje a lo largo del viejo telón de acero, del Báltico al Adriático, al encuentro de aquellos que han sido marcados de por vida por esta frontera hoy desaparecida. Olaf, Zbigniew, Vaclav o Vanda no se conocen, pero todos tienen su historia que contar sobre esta frontera que reúne, aísla, destruye y reconstruye. Durante el verano, esta serie de siete retratos será proyectada en 40 lugares diferentes a lo largo de esta frontera. Para debatir y aprender de los unos y de los otros de esta simple línea de separación. 

Con la proyección de La frontera interior por todo el antiguo telón de acero, su película ha vuelto allí de donde viene. ¿Cómo les vino la idea de este proyecto?

(Atelier LIMO/border-speaking.eu)Estábamos en Graz, en Austria, en el momento donde los antiguos países de Europa del este entraban en la Unión Europea y nosotros quisimos saber cómo había pasado. Esto es en lo que habíamos basado nuestro trabajo de fin de carrera de arquitectura, presentando el proyecto de un banco de datos sobre esta frontera. Estuvimos en la ruta durante tres meses, partiendo del mar Báltico y la frontera germano-polaca, hasta el mar Adriático, entre Eslovenia e Italia. El final de esta primera etapa fue recoger los sonidos, las imágenes, las impresiones siempre según el mismo protocolo, en los 238 puntos que visitamos a lo largo de esta frontera. Esto nos llevaría a pasar 4 ó 5 veces la frontera en una sola jornada.

¿Cómo un proyecto de fin de carrera de arquitectura se convierte en película?

Nuestro proyecto, si bien, fue un poco original, ha sido muy bien recibido. Luego, encontramos a Barbara Keifenheim, cineasta y antropóloga, que nos motivó a hacer una película. Nosotros decidimos, por tanto, empezar por el principio: una parte de frontera-un lugar-una persona. Seleccionamos a siete de las personas que habíamos encontrado en nuestro primer viaje y volvimos a verlos. Todo esto se acelera en noviembre de 2007, cuando nos avisaron de que los puestos fronterizos iban a ser destruidos un mes más tarde. Nosotros quisimos estar en el lugar, en ese momento.

Si esta película está compuesta de siete retratos, el personaje principal reside, por tanto, en la misma frontera. ¿Qué tiene de fascinante?

La frontera, tiene algo de visible y de invisible. No se puede dar una definición personal de la frontera y nos parece que se trata de un lugar paradójico. De la separación y del encuentro. Es un espacio fantasma donde se acaban las escalas: es una línea que separa, dos ciudades, dos países y en el caso del telón de acero, dos bloques ideológicos.

Su cinta permite al espectador atravesar numerosos países pero la lengua principal de su película es el alemán. ¿Cómo se llevó a cabo la comunicación con los 7 personajes?

(Atelier LIMO/border-speaking.eu)Con el fin de preservar la autenticidad del testimonio, no quisimos intérpretes. Salvo una vez donde la hija de un guardia de museo húngaro que traducía lo propuso, pero ello ha dado, igualmente, bellas escenas. Forzosamente, debimos concentrarnos en personas con las cuales podíamos comunicarnos. Pero esto permite también a veces escenas insólitas, como con un comerciante polaco que se expresaba mucho por gestos.

Ahora, parten con mostrar esta película en 40 salas de proyección por toda esta frontera. ¿Qué espera de estas sesiones?

La película tiene, en sí, vocación de regresar a los lugares donde había sido rodada. Por ello, nosotros hemos cogido la dirección inversa del primer viaje, comenzando en Koper, en Eslovenia en julio, hasta Polonia en octubre. El objetivo, a pequeña escala, es hacer reflexionar. Si las fronteras están ahora abiertas, Europa no es tan de color de rosa. Todavía hay cosas que están escondidas y temas de los que hay que hablar. En cierto modo, esta película es provocadora, da una patada en el hormiguero, pues esperamos reacciones diferentes y sabemos que nos ponemos en peligro a veces. Lo que queremos es iniciar el diálogo y esperamos que esta película contribuya a eso.