Dolan, un nuevo autor para las futuras generaciones

Artículo publicado el 10 de Diciembre de 2014
Artículo publicado el 10 de Diciembre de 2014

Ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Cannes, la nueva cinta de Xavier Dolan, Mommy, contribuye a la consagración del jovencísimo director canadiense. Descubrimos aquí sus características y obsesiones.

Lanzada al público como si de un gas lacrimógeno se tratara, la nueva película de Dolan no podía pasar inadvertida. La estrategia de distribución ya quedaba clara en el tráiler. En su versión francesa incluye el hoy célebre discurso del director en Cannes en el que incita a las nuevas generaciones a creer en los sueños, a poner en valor los roles femeninos y que termina en un abrazo a la presidenta del jurado, Jane Campion.

Mommy es el acontecimiento que apremia al gran público a fijar su atención en el nuevo benjamín internacional, más allá del círculo de cinéfilos que lo había descubierto incluso antes de que recibiera el Premio del Jurado, obtenido ex aequo con el más veterano de los auteurs, Jean-Luc Godard.

En efecto, la película conmueve, tanto por la interpretación excepcional conseguida por el trío de actores como por la gran fuerza de concertación y de empatía que de ella fluye. Si Yo maté a mi madre acentuaba el lado repulsivo e histérico de la relación materno-filial, Mommy pone en escena su lado atractivo, mediante la morbosa dependencia que ata a los dos personajes. Igual que sucede en Los amores imaginarios y en Tom à la ferme (Tom en la granja), la importancia de la libertad se mueve ambiguamente en las fallas de una relación oprimente pero inextinguible. Dolan es hábil explotando precisamente estos espacios entre la dominación limitante y la expresión de uno mismo. El amor cómplice, protector y exclusivo entre Diane y su hijo Steve no es suficiente, es más, termina por destruir sus vidas inmanejables y marginales, y así lo transmite el formato escogido para la imagen en 4:3, que solo permite encuadrar a un único personaje. El tema de la adolescencia afectada por trastornos de conducta, en un contexto no estereotipado de la periferia canadiense, denota además una cierta sensibilidad en la descripción del entorno y de los caracteres sociales.

En resumen, Mommy no solo se revela como una película conmovedora, tal como se había anunciado, sino que además demuestra que la conciencia fílmica de Dolan es cada vez más madura. Si al principio se decía de él que tenía talento, ahora se puede introducir en su perfil el estatus de "autor". Con cinco largometrajes en su haber, el jovencísimo director canadiense está llevando su prometedora carrera por el camino del éxito, pero también por los caminos más pretenciosos de la autoría cinematográfica, gracias a unos rasgos estilísticos ya marcados y reconocibles. Si se puede decir que cada autor se caracteriza por sus temas recurrentes y sus obsesiones, la todavía breve filmografía de Dolan destaca ya por sus elementos cardinales constantes. Se repiten los mismos temas (la desviación social o sexual, las relaciones afectivas conflictivas), los mismos actores (además del mismo Dolan, Anne DorvalSuzanne ClémentNiels Schneider Monia Chokri), las mismas frases ("me dicen que soy 'especial'" en Yo maté a mi madre y en Laurence Anyways) y los mismos músicos para la banda sonora (The Knife y Céline Dion).

La fuerza y la valentía de gritar cualquier sentimiento

A pesar de que se nota la poca experiencia en alguna que otra narrativa demasiado lenta, en algún ralentí de más y en una cierta ingenuidad al tratar determinados aspectos melodramáticos, es sin duda su energía juvenil (que no excluye maestría), lo que hace interesantes e incisivas sus obras. Una terquedad casi enfermiza de querer hacer cine y un carácter rebelde y a la vez frágil. Su firma está patente en el guión, con numerosos diálogos construidos para parecer lo más espontáneos posible. Estos son capaces de afrontar con franqueza la realidad, casi en forma de confesión, de declaración pública (con unas ciertas dotes teatrales, igual que en el mencionado discurso en Cannes). Pero también en la puesta en escena, que se intensifica al recortar y hacer emerger de la realidad algunos momentos surreales, en los que la música (indie, pop o clásica) y el montaje juegan con un efecto a veces de videoclip. Todo esto se traduce en frecuentes explosiones de rabia, peleas, injusticias, incomprensiones, pequeños momentos de alegría y grandes momentos de neurosis: en la fuerza y en la valentía de gritar cualquier sentimiento.

Solo queda pues, mirando mientras tanto estos instantes cinematográficos estimulantes para las "nuevas generaciones", esperar su próximo trabajo y, quizá, su próximo premio.