¿Dónde pasó la fuerza de reacción rápida?

Artículo publicado el 24 de Marzo de 2003
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Artículo publicado el 24 de Marzo de 2003

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¿Ejercito europeo autónomo en gestación o auxiliar de los estadounidenses? La Fuerza de reacción rápida se está formando, pero no es permanente, ni tampoco rápida…

Prometida inicialmente para el mes de marzo de 2003, la fuerza de reacción rápida europea es la gran ausente de la escena mediática europea. Sin embargo, cuando los gobiernos de la Unión se dividen por la cuestión iraquí, los Quince muestran orgullosamente un consenso “de fachada” en lo que se refiere a la fuerza de intervención rápida. Según el servicio de prensa de la Comisión europea, los progresos de la UE en el ámbito de la defensa “han superado las esperanzas”: la UE ya ha mandado desde el 1 de enero de 2003 una fuerza de policía de 450 hombres en Bosnia y están preparados para mandar 12 000 hombres hasta el 2004 para reemplazar la SFOR (Fuerza de Estabilización, presente en Bosnia-Herzegovina por la OTAN). Además, durante el último Consejo europeo en diciembre de 2002, la UE ha confirmado el cambio de las tropas de la OTAN en Macedonia por una fuerza de 700 militares, lo que sería la primera operación hecha bajo el titulo de política extranjera y de seguridad común (PESD). Por primera vez, y el momento parece ser histórico, la UE dispone de un contingente de militares bajo mando exclusivamente europeo, lo que le va a permitir realizar de manera autónoma acciones humanitarias, de prevención de los conflictos y de mantenimiento de la paz (misiones de Petersberg).

De Saint-Malo a Copenhague

Es cierto que, a escala europea, los progresos cumplidos estos últimos cinco años con el objetivo de dar a la Unión los medios de una nueva política extranjera son loables. Acordémonos que hasta diciembre de 1998, la idea de una fuerza europea autónoma de la estructura de la OTAN, era sistemáticamente rechazada por Londres. El encuentro franco-inglés en Saint-Malo en diciembre de 1998 ha dado un nuevo impulso a los esfuerzos europeos, porque franceses e ingleses se han puesto de acuerdo sobre la necesidad de dotar a “la Unión Europea [de una] capacidad autónoma de acción, apoyada sobre fuerzas creíbles, con los medios de utilizarlas, y lista para hacerlo con el fin de responder a las crisis internacionales”. Hasta entonces inconcebible, este acercamiento entre las dos principales potencias militares europeas permitió que se aprobara el proyecto de fuerza de reacción rápida europea, y por lo tanto, según las conclusiones del Consejo europeo de Helsinki de diciembre de 1999, dotar a la Unión, antes del mes de marzo de 2003, de una capacidad autónoma de defensa permitiendo mandar, en un periodo de 60 días y durante 1 año, fuerzas militares de hasta 50 000 a 60 000 hombres y capaces de efectuar el conjunto de las misiones dichas de Petersberg. El objetivo global de Helsinki pretendiía pues dar la capacidad a la UE de lanzar y manejar operaciones militares bajo mando europeo, en las que la OTAN no estaría comprometida.

En dos años, los progresos en el plano institucional han sido notables, porque la UE se ha dotado, durante el Consejo europeo de Niza de diciembre de 2000, de estructuras permanentes con la misión de asegurar el buen funcionamiento de la fuerza europea. En diciembre de 2001, durante el Consejo europeo de Laeken, la fuerza de reacción rápida europea fue declarada operacional, y en la primavera de 2002, en Barcelona, el Consejo europeo ha decidido el relevo de las tropas de la OTAN en Macedonia a partir de fin del mes de marzo de 2003. Después de haber firmado un acuerdo de cooperación entre la UE y la OTAN, se anunció en el Consejo Europeo de Copenhague de diciembre de 2002, que la UE estaba dispuesta a remplazar la SFOR y llevar a cabo una operación militar en Bosnia.

En el ámbito estricto de la capacidad, los informes del plan europeo de acción por las capacidades (ECAP), con 19 grupos de trabajo, quieren también dar un balance ante todo positivo. Mientras esperamos un nuevo informe para el mes de mayo de 2003, los informes anteriores han subrayado que los dos tercios de los objetivos basado en el objetivo global de Helsinki, han sido realizados, aunque haya deficiencias en el sector crucial del transporte militar y de la comunicación. En cualquier caso, la UE debe ser capaz de llevar a cabo una operación de gestión de crisis en los Balcanes.

Una fuerza complementaria para Washington

Según la Comisión europea y las declaraciones de los sucesivos Consejos europeos, el objetivo global de Helsinki ha sido cumplido, hasta “ampliamente superado”. Si bien es cierto que ingleses y franceses han logrado ponerse de acuerdo sobre la necesidad de dar a la Unión las fuerzas suficientes para llevar a cabo intervenciones de mantenimiento de la paz y de prevención de los conflictos, también es cierto que la cuestión central de la autonomía de las fuerzas europeas hacia la estructura atlántica es más que ignorada. En efecto, dos interpretaciones se oponen en este caso: una posición atlantista, que pretende mantener toda acción de la Unión Europea en el marco estricto de la OTAN, y una posición europeísta, que pretende transformar la fuerza de reacción rápida en una estructura europea autónoma de la Alianza Atlántica. De cualquier modo, es necesario subrayar que la autonomía de la que dispone la fuerza de reacción rápida es relativa, porque depende de la voluntad de la OTAN, y por consecuencia de los Estados Unidos, de delegar a la UE las operaciones que Washington juzgue demasiado ingratas o sin relación directa con los intereses estadounidenses. Como tal, lo que representa una desgracia para los europeos, la idea un reparto de tareas parece cosolidarse, reservando a los Estados Unidos las operaciones de gran envergadura, y relegando a Europa la tarea ingrata de “limpiar los platos” después de los conflictos. Washington dispone de un derecho de veto absoluto sobre toda acción llevada a cabo en el marco de la PESD que vayan en contra de los intereses estadounidenses. De la misma manera, y por la dependencia europea hacia los Estados Unidos en lo que se refiere al armamento, a la capacidad de proyección y al ámbito de la información, Europa quedará bajo la dependencia estadounidense mientras no tenga medios militares propios. La oposición profunda que anunció la administración estadounidense al proyecto europeo de construcción del avión militar de transporte A400M que debería permitir a la Unión gestionar sus propias capacidades de proyección de fuerza, y la oposición virulenta del Pentágono al programa de imágenes por satélite Galileo, que debería dar a Europa recursos propios en el ámbito de la información, demuestran la hostilidad de Washington frente a la idea de que Europa tenga medios propios.

Una simple fuerza para de mantenimiento de la paz

Además, la reticencia de los europeos a destinar presupuestos suficientes a la defensa hace que esta situación pueda perdurar: mientras los Estados Unidos le asignan aproximadamente el 3,5% de su PBI, los europeos dedican en general apenas más del 2% de su presupuesto a la defensa, menos Inglaterra y Francia, cuyos presupuestos militares alcanzaron alrededor del 2,5% por año estos diez últimos años. La paradoja europea es la siguiente: mientras una gran mayoría de la opinión pública europea se pronuncia a favor de un mayor papel de Europa en la política exterior, la militarización de la UE parece todavía inaceptable para muchos europeos. Entre los países que tienen por tradición el ser neutrales o pacifistas y los países más “atlantistas”, atados a la comodidad ofrecida por el paraguas militar estadounidense dentro del marco de la OTAN, la idea de una Europa de defensa todavía no ha madurado, tanto en las mentes como en los hechos.

Para terminar, si añadimos el hecho que el suministro de contingentes nacionales a la fuerza de reacción rápida depende de la buena voluntad de los Estados miembros, nos damos rápidamente cuenta de que estamos todavía lejos de “un ejército europeo” o de una verdadera fuerza de intervención europea que permita dar una respuesta a situaciones que amenazan los intereses europeos. En el estado actual de las cosas, la fuerza de reacción europea rápida se parece más a un depósito de fuerza de mantenimiento de la paz que a una verdadera fuerza de intervención “que debería permitir a Europa dar respuesta a las crisis internacionales”.