Dopaje, vídeos y bromas: El caso Contador aviva el chovinismo español

Artículo publicado el 9 de Febrero de 2012
Artículo publicado el 9 de Febrero de 2012
La polémica está servida. Los tres vídeos que emitió el programa de los Guiñoles de Canal Plus Francia en los que se acusaba al deporte español de dopaje han puesto España patas arriba. Europa451 lanza, sin paños calientes, un editorial en el que invita a los habitantes del sur de los Pirineos a hacer examen de conciencia.

Primero Alemania y ahora Francia. Sumida en la mayor crisis desde la guerra civil, España vuelve a buscar chivos expiatorios extranjeros para desahogar su desazón.

En los casi cuatro siglos de decadencia económica, política y cultural casi ininterrumpidos que vivió España hasta el inicio de la actual democracia, nunca han faltado los enemigos externos. El Gran Turco, los protestantes, los piratas ingleses, Napoleón y los afrancesados, los norteamericanos de 1898, los soviéticos, la conspiración judeo-masónica, suma y sigue. Es más, cabe establecer una relación entre el sentimiento de victimismo colectivo de un país con respecto a lo extranjero y la incapacidad de resolver sus problemas.

Francia siempre ha dado mucho juego a pesar de haber sido la nación con la que España más ha colaborado en toda su historia, por motivos geográficos, dinásticos, intelectuales o puramente estratégicos. Nada nuevo bajo el sol cuando los medios de España se rasgan las vestiduras desde hace 24 horas por una sátira aparecida en una cadena de televisión francesa que usa la imagen del ciclista Alberto Contador y del tenista Rafael Nadal para dudar de los controles antidopaje en España. Ambos campeones hispanos forman parte de una generación de deportistas ibéricos que conjuran sin miramientos los fantasmas del eterno derrotismo patrio y los complejos de un país que atávicamente había confundido sus ambiciones deportivas y su reputación internacional con repetidos arrebatos e ínfulas taberneras seguidas sin descanso de sonados gatillazos.

Una vez más, en sus horas más bajas el país de la piel de toro prefiere echar balones fuera. Cuando trampeaba con la burbuja inmobiliaria resulta que se reía de los italianos a quienes “adelantaba”. En 2011, Merkel nos decía que “un pepino” y se desataba contra su país toda la furia contenida del españolito mosqueado con las lecciones de la crisis económica. Y hoy, resulta que los franceses nos tienen envidia porque ni en sueños conquistan las competiciones deportivas que sí coronan los españoles.

Mal irá España si pretende taparse la nariz ante sus propios efluvios buscando cabezas de turco fuera. Sus argumentos son flojos; hoy Francia ha impuesto arresto domiciliario al marido de la ciclista francesa más laureada por supuesto tráfico de EPO, con lo que demuestra tratar a los suyos con el mismo rasero que a los demás. Además, España cuenta con sonados casos de dopaje en su deporte y el propio gobierno de Mariano Rajoy contempla una revisión de la legislación al respecto para mejorar los controles. Por último, los españoles deben recordar que cuando se han mirado en el espejo de Europa –en todos los planos, político, cultural, social, académico o comercial- han ido sistemáticamente a más. Si el espejito les dice hoy que ellos no son Blancanieves, que no pierdan el tiempo envenenándose con manzanas podridas.

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Fotos: portada, (cc) jesuscm/flickr; vídeo (cc) youtube