Dormíamos, pero Stéphane Hessel consiguió despertarnos

Artículo publicado el 27 de Febrero de 2013
Artículo publicado el 27 de Febrero de 2013
Stéphane Hessel, resistente a la Alemania nazi y autor del opúsculo ¡Indignaos!, ha muerto durante la pasada noche a la edad de 95 años. Este incansable defensor de los Derechos Humanos deja como acervo a los jóvenes del mundo —y especialmente, en una coyuntura como la actual, a los europeos— líneas con las que reclamar una sociedad solidaria, justa e igualitaria.

Todavía no lo sabemos —y es mejor que así sea—, pero algún día nos preguntaremos qué es lo que dejaremos a título póstumo. Cada uno a su manera, desde luego. Y apostamos, sin mucho énfasis, que todo el mundo antes de su último suspiro querrá saber si se ha portado bien o mal en esta vida. Stéphane Hessel no ha tenido una vida como los demás. Expuesto a la guerra prácticamente desde su nacimiento, este ciudadano francés nacido en Alemania encarnará, sea a través de su compromiso con la resistencia, sea por sus tomas de posición acerca de los sin papeles o el conflicto israelo-palestino, un patriotismo humanista de izquierdas. Esta clase de amor por el país, teorizada por el filósofo francés Simone Weil en su obra L’Enracinement (en castellano, Echar raíces), ha servido de guía a quienes han preferido relacionar los valores de la Ilustración a través de la resistencia, sin descanso, a aquellos otros que deseaban un patriotismo basado en la diferencia de razas.

Por el mero hecho de ser un patriota humanista, Stéphane Hessel fue un hombre luchador. A la edad de 95, era tal vez su última batalla. Pero nos deja un arma con la que podemos hacernos eco de su pensamiento. No es una coincidencia que un libro de 32 páginas y vendido en ocasiones al precio simbólico de un euro fuese uno de los libros más vendidos, leídos y comentados de 2011. Y tampoco es casualidad que los lectores de un periódico como es Le Mondelo nombrasen como la personalidad de aquel año. Las directrices de Hessel para la indignación, redactas de forma práctica, acabaron por trascender las fronteras del país conduciendo a un movimiento de protesta en Europa casi homónimo. No somos Hessel, pero no estamos solos. La capacidad de grandes hombres como este ha sido saber alzar la voz en un momento en el que el humanismo, ahogado por la crisis, está luchando por mirar hacia el futuro.

Nos resta a nosotros, las generaciones más jóvenes, saber qué haremos con el legado de un hombre como Hessel. Un legado evidente, pero anacrónico en una época en que la palabra lucha nunca había sonado tan vacía. ¿Deberemos volver a leer su ¡Indignados!? ¿Llegaremos a indignarnos finalmente? Ahora que se ha ido, ¿vamos por fin a escucharle?

Foto: (cc) Wikipedia.