Dos pasos adelante, un paso hacia atrás.

Artículo publicado el 20 de Junio de 2003
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Artículo publicado el 20 de Junio de 2003

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Una Constitución europea, sin duda, pero demasiado prudente, demasiado sometida a compromisos. ¡Adiós a la simplicidad, a la política exterior y a la audacia!

Giscard dEstaing dejaba claros sus anhelos al comienzo de los trabajos de la Convención: la Constitución europea debía poder ser leída por cualquier adolescente europeo; debía contribuir al surgimiento de una identidad común, fundamentalmente en materia de política exterior.

Ya han pasado cerca de 15 meses. Las sesiones plenarias de la Convención se han extendido más de 40 días. ¿Y cuál es el resultado?

Posiblemente, la historia recogerá el 13 de junio de 2003 como fecha del nacimiento de la Constitución europea. Tras superar algunos miedos, el proyecto de Constitución está listo y finalmente se han acordado las formalidades.

Pero, ¿a qué precio ?

En primer lugar, renunciado al principio de la legibilidad. ¿Podrá comprender un adolescente europeo por qué algunas disposiciones de la Constitución se aplicarán en 2004 y por qué otras no comenzarán a aplicarse hasta 2009? A mi me cuesta comprenderla y lamento la actitud poco constructiva de algunos gobiernos cuyos representantes en la Convención han tenido en ocasiones tendencia a pensar que detentaban el monopolio de la representación de los ciudadanos europeos.

Pero si sólo fuese la legibilidad la cosa es bastante más grave: ¡la entrada en vigor de algunas disposiciones incluso podría ser aplazada de 2009 a 2012! Así pues, la Unión Europea debería vivir 8 años con una comisión inmensa (compuesta por 25 comisarios, es decir, uno por Estado miembro) y un sistema de ponderación de voto basado en el Tratado de Niza, ampliamente criticado. El riesgo de bloqueo se haría efectivo en una Unión ampliada.

Demasiados pasitos

Este es el precio de la renuncia a la mayoría cualificada para decidir en materia de política exterior. Hoy por hoy no existe una política exterior común en la Unión Europea. La constatación es inapelable. Por si alguien lo dudaba, la guerra de Irak lo ha recordado. Y por si alguien lo había olvidado, nos ha recordado hasta que punto es deseable una política exterior común. Hay que construir la diplomacia europea y mantener el principio de unanimidad en la toma de decisiones en materia de política exterior retrasaría el surgimiento de esa diplomacia común.

Ya que creo que la Unión Europea es meritoria de un proyecto más ambicioso, más coherente y más viable, manifiesto mis reservas cuando se habla de los compromisos que tienden a reducir el alcance de nuestra futura Constitución europea.