Drama en el Bataclan

Artículo publicado el 14 de Noviembre de 2015
Artículo publicado el 14 de Noviembre de 2015

La noche del 13 de noviembre, cerca de 130 personas perdieron la vida en los ataques terroristas de París. La capital francesa está herida. Todo el mundo está aún conmocionado. Un testigo de la escena lo cuenta.

Un viernes por la noche como cualquier otro. Voy a mi entrenamiento de fútbol, vuelvo a casa y me tiro en el sofá. En la tele veo, envuelta en una agradable chaqueta de lana, el partido entre Francia y Alemania. En el minuto 81, el comentarista anuncia con un tono serio: "Ha pasado algo grave. No realizarems entrevistas a los jugadores tras el partido, pero habrá una edición especial".

Teniendo en cuenta que los seguidores franceses celebran el 2 a 0 en el minuto 86, me conecto a mi cuenta de Twitter. Desde la ventana de mi salón, veo pasar las luces azules por la avenida periférica. La calle frente a mi casa está desierta. Presagio de un acontecimiento terrible. 

A las 23.41h suena el teléfono. Es Richard Gutjahr, el presentados de Rundschau Nacht para la radio bávara. Me pide que me meta en un taxi, que vaya al lugar de los hechos y que pase 20 minutos en directo en su programa de radio para contar qué está pasando. No le conozco y no sé cómo ha conseguido mi número de teléfono, pero eso poco importa. Con mi chaqueta de lana bien bandita y mis botas de caucho (para evitar problemas de cordones), me monto rápidamente en mi bicicleta. No tengo tiempo de llamar un taxi.

Me tiemblan las rodillas.

Las ambulancias me cierran el paso. Me siento pequeña y vulnerable. En un gesto torpe, apago sin querer mi móvil: Se deben instalar 64 actualizaciones. Sudo sangre y agua, la hora se acerca. Tengo que entrar en la emisión. En unos minutos. Todavía quedan 53 actualizaciones. Me acerco a la Plaza de la Bastilla. Estado de Urgencia. Soldados de uniforme y fuertemente armados me cortan el paso. De repente pienso: La guerra. En toda mi vida jamás he visto tantos coches de policía en un unico lugar. 

Entonces suena mi teléfono. Son las 00.05h. Tras el sobresalto, ya puedo comenzar. Empiezo con un "Buenas noches" y me arrepiento al instante de lo que acabo de decir. Describo lo que veo y lo que oigo. Mis frases son disconexas. Mis pensamientos se entremezclan. Muchos soldados, policías. Todo el perímetro está bloqueado. Civiles agitados. Una decena de personas se reagrupan alrededor de una moto que capta señal de radio. Sirenas. Ambulancias. Firmeza... "Muchas gracias a París". Ha terminado. La tensión aún es palpable.

Me siento inevitablemente atraída por el Bataclan. Estoy autorizada a acercarme al lugar en bicicleta a no menos de 400 metros. Las 00.33h. Las fuerzas de intervención lanzan el asalto en la sala de conciertos. Tengo hambre y sieno palpitaciones. Mi cuenta de Twitter se alegra de tener nuevos seguidores. Ante esta idea, me siento avergonzada y decido volver a casa. La ciudad está tranquila, sólo se escuchan las sirenas. Las ambulancias me adelantan. Dirección al Hospital de la Salpêtrière. ¿Habrá supervivientes o será ya demasiado tarde? ¿Y por qué yo estoy a salvo?