Durão Barroso: Que en el futuro España vaya a dar más de lo que reciba es una muestra de lo que es la solidaridad europea

Artículo publicado el 2 de Enero de 2006
Artículo publicado el 2 de Enero de 2006

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El presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durão Barroso, habla en café babel sobre su trabajo, sobre España y Portugal y sobre la solidaridad en Europa.

Después de un accidentado estreno, Durão Barroso se ha instalado con fuerza al frente de la Comisión. En esta entrevista, el ex primer ministro de Portugal reflexiona sobre la importancia de la ayuda financiera de la Unión Europea para la integración de los nuevos Estados miembro y sobre sus esperanzas de conseguir una Europa política.

¿El hecho de que un portugués presida la Comisión Europea es determinante para el papel actual de Portugal en la UE?

La presidencia de la Comisión es una de las posiciones más importantes de la política internacional y no es necesario subrayar lo importante que es para mi país. Se podría decir lo mismo de cada Estado miembro de la Unión, por supuesto, pero es incluso más importante para un país pequeño como el mío. Desde 1958, la Comisión ha tenido diez presidentes: dos italianos, dos franceses, dos luxemburgueses, un alemán, un británico, un holandés y un belga. Es la primera vez que un portugués ha recibido el honor de emprender esta importante tarea y sólo la segunda ocasión en que un presidente no pertenece a ninguno de los seis países fundadores. Sin embargo, como presidente de la Comisión, no represento sólo los intereses portugueses. Soy un gran defensor de la idea de una Europa políticamente fuerte. El mercado libre dentro del Mercado Único es necesario para nuestra competitividad económica, pero eso no se sostiene sólo. También necesitamos instituciones firmes, que puedan ser parte clave a la hora de asegurar la solidaridad entre los ricos y los pobres. Esa es la consigna que trasladó el último Consejo Europeo del pasado 17 de diciembre [al alcanzar un acuerdo para el presupuesto de la UE].

Portugal ha recorrido mucho camino desde su adhesión a la UE en 1986. ¿Cómo le afectó personalmente su integración?

Para mi fue la culminación del desarrollo que comenzó en mi país con la Revolución de los Claveles en 1974. El 25 de abril de aquel año, Portugal se quitó de encima un régimen dictatorial, pero tuvieron que pasar otros 12 años para que Portugal se convirtiera en miembro de pleno derecho de la Comunidad Europea; una comunidad basada en la democracia, la libertad y la solidaridad. Yo era miembro del Gobierno en aquel tiempo, así que puede imaginarse la felicidad que sentí ese día.

¿Ser parte de la UE ha colmado las esperanzas de Portugal?

Hoy día, Portugal es una democracia estable, integrada plenamente en la Unión Europea y, gracias a la solidaridad europea, nada tiene que ver en términos económicos con la de 1986. Me atrevería a decir que sí, que muchas de nuestras esperanzas han sido colmadas. El establecimiento de un sistema democrático tanto en Portugal como en España y la mejora de las condiciones sociales de los ciudadanos hasta niveles similares a los que otros países europeos son claramente los logros más importantes. Cuando veo lo que mi país es ahora y recuerdo cómo era hace veinte años, no tengo duda de que la integración ha sido un éxito. Déjeme que le dé un dato para demostrarlo: los fondos estructurales recibidos han ayudado al PIB de Portugal a pasar del 53% de la media europea en 1985 al 72% en 2004.

¿La forma en la que se integraron Portugal y España debería ser seguida por los nuevos miembros potenciales?

Es cierto que se puede aprender mucho de las razones y condiciones que dieron este resultado tan favorable. Sin embargo, la situación de España y Portugal hace veinte años puede que no sea comparable a la situación de los Estados que aspiran a ser miembro. La UE y el mundo son también completamente diferentes ahora. El reto de integrar a diez nuevos miembros en 2004 fue, tanto en términos políticos como económicos, mucho más grande que en el caso de España y Portugal. Es un rasgo de la integración europea: aplicar el mismo modelo para todos los casos no suele funcionar, y uno tiene que ser prudente y tener en cuenta la variedad política, económica y cultural de todos los países europeos.

¿Qué cree usted que España y Portugal han aportado a la UE?

Las dos han participado de forma entusiasta en el proceso de integración europea. El hecho de que haya o bien un español o bien un portugués a la cabeza de las tres instituciones europeas más importantes – el Consejo, el Parlamento y la Comisión – es reflejo del compromiso de ambos países. Y no deberíamos olvidar que España fue el primer país en celebrar el referéndum sobre el borrador de la Constitución Europea, en la que el sí obtuvo una abrumadora mayoría. Además, ambos Estados tienen una variedad cultural muy rica, de gran tradición, y un pasado como potencia influyente en Europa y en todo el mundo. Sus lenguas están entre las más habladas del mundo. En un momento en el que la UE está tratando de hacerse oír de manera más clara en la comunidad internacional, Portugal y España han proporcionado a la UE un puente de unión hacia América, Oriente Medio y Asia que no tiene precio.

Y no sólo eso. Las reformas económicas que han atravesado España y Portugal desde 1986 no sólo han beneficiado a sus ciudadanos: también han ayudado a incrementar la riqueza de la Unión en su conjunto. Hace veinte años, ambos países eran un 30% más pobres que sus compañeros europeos y, por tanto, recibieron una cantidad sustancial de fondos de la UE correspondiente a las políticas de cohesión. A ese dinero se le ha dado un muy buen uso, y los dos países han alcanzado las medias europeas, o al menos se han acercado mucho, en algunos casos. Dentro de algunos años, España se convertirá probablemente en un contribuyente neto de la UE, es decir, dará más dinero del que recibirá. Eso va a ayudar a quienes lo necesiten para que puedan desarrollarse y, a su vez, ayudar a otros. Es, en mi opinión, una gran muestra de lo que es la solidaridad europea.