Eboy: los padrinos del píxel en Berlín

Artículo publicado el 5 de Marzo de 2008
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Artículo publicado el 5 de Marzo de 2008
Londres, Colonia, Venecia, Tokio: este equipo de diseñadores alemanes pixelan visiones de la ciudad y se consideran sobre todo una banda de jazz. Son los culpables de inventar un concepto definitivo de estética urbana.

Kai Vermehr, de 43 años, Steffan Sauerteig y Svend Smital, ambos de 41, conforman eboy, un grupo de diseño a base de píxeles fundado en 1997. Diseñan carteles coloristas y laberínticos, ilustraciones para periódicos y material para diseñadores de moda como el británico Paul Smith a partir de píxeles separados. Ha sido difícil reunirlos a los tres para una sola sentada. En mitad de un lunes neblinoso y frío de Berlín logramos entrevistarles a través de un vídeochat, lo cual les viene de perlas, pues cada uno trabaja en un barrio distinto de la ciudad.

(Foto: Louisa Reichstetter)

¿A qué edad dejasteis de jugar con las piezas de Lego?

¡Pero si aún las tenemos rodando por aquí! Tenemos un montón de juegos de Lego desde que éramos pequeños.

¿Cómo os organizáis para trabajar? ¿Utilizáis Photoshop o han desarrollado su propio programa informático de diseño?

Los píxeles son los ladrillos que usamos para crear nuestro edificios. Trabajamos con Photoshop, con la herramienta Lápiz, para ser exactos; es la herramienta más simple, funciona como un lápiz. Mediante ella vamos levantando niveles de píxeles hasta guardar una casa, un árbol o una persona en nuestra base de datos. Las creaciones más grandes son evoluciones de otras más pequeñas. Luego, vemos cómo compactamos o ampliamos los objetos de nuestra galería. Cambiamos su apariencia, su color y siempre trabajamos con Photoshop a todos los niveles para que podamos cambiar los objetos cada vez que queramos.

¿Cuánto tardáis en concebir el cuadro de una ciudad?

Depende, pero como mínimo dos meses. Puede durar años si seguimos incorprando figuras al cuadro.

Stadtporträt Berlin (Foto: ©eboy)

¿Sus cuadros reciben influencias de sus viajes y experiencias por las diversas ciudades?

Al principio buscábamos imagenes típicas para que todos reconocieran una ciudad. Pero es seguro que hay mucho de lo que hemos visto y vivido por ahí. Eso sí, no planeamos lo que vamos a reflejar; es un trabajo de fantasía con su poquito de trampa visual.

Hoy en día, las cámaras tienen cada vez mayores capacidades de enfoque. Vuestro diseño es deliberadamente granuloso. ¿Cómo llegaron a decidir que esta antiestética era la que les valdría?

Nosotros empezamos por hacer bocetos en la pantalla del ordenador, hace una eternidad. Eboy existe desde 1997. ¡Piénselo, más tiempo que Google! (risas). Guardamos nuestras pequeñas creaciones en unos disquetes y los distribuimos entre nuestros amigos y conocidos. Les dijimos que, si les gustaban, lo pasaran a su vez a sus amigos. Y así nos hicimos más conocidos. Aún hoy nos divierte trabajar con píxeles. Lo que hacemos no está calculado para entrar en los límites de las tendencias actuales de apostar por resoluciones cada vez mejores, pero tampoco es una reacción retro consciente.

Retrato urbano de Londres (Foto: ©eboy)

Se perciben pocos elementos orgánicos en vuestras creaciones: poco verde, pocos animales, y hasta las personas son como de plástico. Además, incorporan monstruos. ¿Esta hostilidad es el futuro de las ciudades?

¡No que nosotros sepamos! Podríamos crear una imagen de una jungla. Es más, lo haremos pronto, ¡buena idea! Los objetos pixelados transmiten rigidez angulosidad como si los pintáramos con rotuladores. Pero vamos, buenos son los retos. Por cierto, que la estética no tiene nada que ver con la hostilidad del futuro; es la expresión de la simplicidad de medios que queremos usar.

¿Qué idea de vida urbana esconden vuestras creaciones?

¡Ninguna! (Más risas). No, en serio. En nuestras creaciones hay de todo salvo pretensiones teóricas. Si encontramos algo que nos gusta lo metemos dentro. Eboy es como un grupo de Jazz: improvisamos. Las cosas nos salen de la tripa.

¿Y qué dicen vuestras tripas de Europa?

Europa: es una acumulación de impresiones diferentes. El poster de Berlín unifica verdaderamente todo lo que sucede en Europa en la actualidad: el este y el oeste creciendo juntos, ¡pasan tantas cosas y esta ciudad es tan joven y salvaje!

¿En qué medida la Historia de un lugar está reflejada en vuestras creaciones?

Nos gustan las cosas hermosas, la vida, y tratamos de que se refleje en ellas. De este modo, podéis ver descampados históricos en nuestras ciudades cuando hoy ya no existen. Por ejemplo, el antiguo jardín japonés de Tokio que nos fascinó, y que incorporamos a una de nuestras ciudades.

Volviendo a los cuadros, parecen puzzles. ¿Sois la versión ciber de James Rizzi?

No sabemos quién es [Rizzi es un artista pop nacido y crecido en Brooklyn, ndr], danos un segundo y lo miramos en Google. A mí [Kai] me gustan mucho los libros de los cuadros del artista muniqués Ali Mitgutsch. Pero creo que las similitudes son coincidencias.

¿Cómo reaccionan las mujeres cuando se ven representadas en vuestros cuadros?

Con mucha comprensión. [Carcajada general tras un corto silencio]. A lo largo de estos años apenas hemos recibido unos cuantos e-mails de mujeres enfadadas con lo que hacemos. ¡Somos unos chavales, así que pronto nos pondremos a dibujar una mujer en pelotas píxel a píxel!

¿Y quién compra vuestas obras?

¡Gente como nosotros! Nuestro vecino, por ejemplo, es el director de administración de un enorme hospital. Y sigue volviéndose loco con nuestras figuras de juguete. Mucha gente las compra para sus hijos porque son del tamaño de los Playmobil y son juguetes antes que obras de diseño.

Vuestros estudios están distribuidos por la ciudad. ¿Tanta distancia necesitan para trabajar unos con otros?

En realidad todo se debe a que hemos elegido lugares distintos para vivir. Desde que [Steffan] vivo en Zehlendorf (suroeste de Berlín), no veo por qué tendría que atravesar la ciudad entera para ponerme delante de un ordenador el resto del día. Mira, yo [Kai] ya he tenido el gusto de compartir con estos dos una oficina y al final nos pasábamos el día charlando y ocupados en pamplinas.