Ecología sobre ruedas: Bruselas se apunta al verde

Artículo publicado el 19 de Enero de 2011
Artículo publicado el 19 de Enero de 2011
La ajetreada, gris y oficial Bruselas no quiere perder la oportunidad de renovarse como ciudad sostenible, y una de las claves para lograrlo es cambiar el concepto de transporte. ¿Cómo limitar el uso del coche y potenciar la bicicleta pública? He aquí la batalla para descongestionar la capital de Europa.

Bruselas, puede que la ciudad más gris y melancólica de Europa. El tópico del color monocromático: gris niebla y luz lluvia. Pero si te paras un momento y observas, puedes encontrar una gama de verdes. Cuando pensamos en algo green, en algo ecológico, respetuoso con el medio ambiente, lo último que se nos pasaría por la cabeza sería un coche. Motor de combustión, petróleo y CO2 son la antítesis del paisaje verde al que Europa aspira. Pero Bruselas le ha dado la vuelta a la tortilla: fomentar el uso del coche para reducir los coches.

Una alternativa al coche privado

Desde 2003, la ciudad cuenta con el servicio privado Cambio. Siguiendo el patrón del alquiler de bicicletas urbanas, surge la idea de ofrecer coches por horas. “El objetivo es usar las cualidades del coche, para encontrar una alternativa al coche privado”; Frédéric Van Malleghem, director de Cambio Bruxelles, cuenta que el servicio no pretende fomentar el automóvil, sino darle un uso limitado y razonable. El sistema es sencillo: hay 70 puntos en toda la ciudad donde se puede coger o dejar un coche del servicio Cambio. Cada usuario tiene un abono mensual y una tarjeta electrónica como llave. “Nuestro servicio debe complementarse con otros medios de transporte como el metro y el tranvía, y a eso lo llamamos co-modality”. Este concepto fue introducido por la Comisión Europea en 2006. Define los diferentes métodos de transporte y sus combinaciones. Según la Comisión, la co-modality persigue el objetivo de obtener una combinación óptima y sostenible de medios de transporte.

O cómo racionalizar (léase limitar) el uso del coche

Un estudio realizado por Taxistop en colaboración con la UE destaca que el 70% de los usuarios recurren al car-sharing como iniciativa respetuosa con el medio ambiente. Aunque pueda resultar paradójico, el uso razonable del coche de alquiler reduce la compra de vehículos y la circulación en la ciudad.

Revolución verde a dos ruedas

Pro Velo, junto a otras asociaciones de ciclistas, también pone su granito de arena en la movilidad ecológica. La Bike Experience cambia el paradigma. Durante dos semanas, un grupo de personas seleccionadas deberán usar la bicicleta para sus trayectos diarios al trabajo o la escuela. “Los resultados han sido muy positivos. El 50% de los participantes asegura que continúan usando la bicicleta en su día a día. Somos promotores, consejeros y llevamos la bicicleta a todas partes”. Según Johannes Grillet, ciclista convencido y director de Comunicación de Pro Velo, es posible concienciar al ciudadano en cierta medida: “Podemos abrir una puerta, pero no podemos empujar a los ciudadanos al uso exclusivo de la bicicleta; ese no es el objetivo”. Actualmente, del total de movimientos metropolitanos de la ciudad de Bruselas, el 4% son realizados en bicicleta. El número crece año a año y surgen nuevas opciones sobre ruedas.

Grillet opina que el motor privado pierde protagonismo. “La bicicleta es el mejor transporte para moverse en Bruselas. Se va más rápido, se hace deporte, la contaminación se reduce a cero y no es más peligroso que otros medios”. Puede ser la mejor opción incluso durante el nublado invierno bruselense. “Las consecuencias de perder el control de un coche son infinitamente mayores que las de una bicicleta”. 

Caminando por la ciudad es imposible no cruzarse con una estación de bicicletas. El centro está plagado. Villo! es un servicio público; desde Mayo de 2009, el ayuntamiento de Bruselas ofrece un abono de 30 euros para usar las bicicletas “públicas” aparcadas en 180 lugares repartidas por la ciudad. Johannes Grillet reivindica la visibilidad: “Villo! Nos ayuda a convencer a las personas que no acaban de estarlo. La bicicleta está ahí, en la calle, la ves cada día al salir… Es muy posible que de repente pienses: ¿Por qué no probarlo?”. Este servicio municipal no sólo va dirigido al bruselense, también cuenta con tarifas de corta duración para, siguiendo el ejemplo de Vélib en París (un euro diario) o de BikeMI en Milán, sea útil para visitantes y turistas.

Un medio promocionado por el Ayuntamiento para terminar con el tráfico, el ruido y la contaminación. A módico precio: para bruselenses y visitantes

Caminando por las calles de la ciudad, enfundada en mi abrigo de pleno invierno, guantes y bufanda de lana, veo bicicletas y coches. Las primeras parecen no tener limitaciones. Suben y bajan a la calzada, si les interesa se paran en el semáforo, si tienen prisa suben a la acera y pasan por el paso de peatones. Tocan el timbre y hacen slalom entre coches y viandantes. Pero parece haber una armonía que no altera la circulación. Muchos coches llevan una o dos personas, pero la plena ocupación es poca, por no decir nula. Podría parecer que estos dos medios de transporte (bicicleta y coche) son irreconciliables, pero no: bienvenidos a la Intermodalidad; la combinación de diferentes medios de transporte puede ofrecer comodidad y a la vez respetar el medio ambiente.

Foto: (cc)Hauke Sandhaus/flickr; ©Diana Duarte/dianaduarte.comFoto: (cc)Hauke Sandhaus/flickr; ©Diana Duarte/dianaduarte.com