Economía estonia, entre aterrizaje brusco y estío boreal

Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2007
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Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2007
11% de crecimienbto anual, 4,5% de paro y liberalismo. Así es como este Tigre Báltico conquista a los inversores. En cambio, no faltan amenazas y el euro no llegará antes de 2012, pues la inflación es alta.

Show must go on”, canta Freddy Mercury por el hilo musical del aeropuerto de Tallin. Debe ser por lo del estío boreal, con el sol luciendo aún a medianoche y la imagen de un país que no duerme nunca. En todo caso, hoy por hoy, Estonia desea de veras que “siga el espectáculo”. Que no se detenga la carrera de este Tigre báltico que en 2006 rozaba el 11,4% de crecimiento del Producto Interior Bruto, sólo superada por Letonia. Para 2007 prevé una desaceleración, colocándose en el 8,1% de crecimiento del PIB y –quizá más preocupante– enjuagando un retroceso en la clasificación de los analistas financieros de Standard & Poor's. ¿El motivo? La agencia teme un aterrizaje brusco de la economía tras siete años creciendo por encima del 7%. ¿Será verdad? Cuál es la solidez de la economía estonia? ¿Cómo se explica su reciente boom económico?

Menos corrupción que en Italia, según Transparency International

“Desde que se independizó de la Unión Soviética en 1991” –cuenta el emprendedor español Javier Ortiz de Artiñano, que ha hecho fortuna en este pequeño país– “Estonia decidió aplicarse a una economía ultraliberal que ha provocado, por ejemplo, una tasa de desempleo inferior al 4,5% de la población activa”. Como en los Estados Unidos. Así, desde 2003, este joven inversor en el mercado inmobiliario ha elegido Tallin como base de operaciones, engrosando la lista de inversores extranjeros del país. La receta de esta success story estonia es clara: impuesto de sociedades único fijado en un 22%, exoneración fiscal de los medios reinvertidos en empresas y pasar de la geografía. Sentados en la barra del Noku (que significa “picha” en Estonio), un club de moda en pleno centro histórico medieval, Ortiz se explica con gran expresividad: “¿Conoces Civilization, el vídeojuego en el que hay que construir un imperio? Bien. ¿Qué país elegirías tú: uno pequeñajo, sin materias primas y un clima de mierda o uno 20 veces más grande, emplazado sobre un enorme yacimiento petrolífero? ¿Entonces, por qué a Venezuela le va como le va y a Estonia va a cien por hora? Porque aquí todos saben que para vivir en un país pequeño y desarrollarse hay que abrirse al mundo.” Sin embargo, el verdadero secreto del éxito del país más oriental del Báltico es, para Ortiz, “la ausencia de corrupción. En la clasificación de Transparency International, Estonia supera de lejos a países como Italia, Polonia o Jamaica”.

Esto es bueno para el bienestar. Y si nos vamos a las estadísticas oficiales, su PIB ha alcanzando los 18.000 euros por persona de Portugal. David Ajanjan, a sus 20 años, estudia para convertirse en programador informático: “Cada vez son más las familias que poseen dos casas o dos coches”. Estonia ha hecho de la excelencia tecnológica su bandera: hasta es posible contraer un préstamo por sms.

La otra cara de la moneda

Ahora bien, el boom del gasto interno y su crecimiento a dos cifras trae sus complicaciones. Según datos del ministerio de Hacienda estonio, en 2007 la inflación alcanza el 6,1% en vez del 4,9% previsto inicialmente, y promete ser del 7,4% en 2008 para iniciar un descenso en 2009. 2012 es el horizonte más cercano de normalización que se plantea el país. “Debería ser también el año de la entrada en el Euro”, prevé la analista Maris Lauri. No es casualidad: si en 2006 tiró la toalla para adherirse a la eurozona en 2008, fue por culpa de su excesiva inflación. “Un verdadero pecado”, comenta Anne Sulling, la brillante consultora elegida por el ministerio de Economía y Hacienda com “Madame euro” hasta 2006. Para Sulling, treintañera y formada en los EE UU y Francia, su país estaba desarmado: “La corona estonia está ligada doblemente al euro, mediante los tipos de interés del BCE y su cotización frente al la moneda comunitaria. Y tanto mejor. Lo que sucede es que esto fuerza a aplicar los mismos tipos de interés bajos del Banco Central Europeo (BCE) pensados para economías al ralentí. Mientras terminaba de arrancar el crecimiento en la vieja Europa, nosotros comprábamos autos y casas a gogó y nuestro Banco Central no podía limitar el volumen de préstamos de la banca privada”. ¿Hace el Gobierno todo lo posible para cercenar la inflación? “Sí, salvo recurrir a ciertas argucias contables. Como sí hicieron Grecia, Italia o Eslovenia. La realidad es que entre todos los países del Este, Estonia es el que mejor está preparado para el euro. Desde la independencia, las cuentas del Estado siempre han presentado superávit.” Ortiz es más crítico con la política de la UE: “Hoy sólo caben dos cosas: o se frena el crecimiento de estos países o se adopta una decisión política saltándose los criterios para entrar en el euro. Pero claro, las repúblicas bálticas no cuentan gran cosa en la UE”.

El analista: “Apunta a estándares de países escandinavos”

Entretanto, la población no las tiene todas consigo. Taino Klaar, el joven director de la representación de la Comisión Europea en Estonia, se explica en presencia de una foto suya junto a la norteamericana Madleine Albright: “Sólo el 40% de los estonios aprueba la entrada en el euro, pues nuestra moneda es un símbolo de la independencia”. Un escepticismo que encuentra eco a pocos pasos de estas oficinas. Interrumpo a Tanya Lyubimtseva, propietaria treintañera de un negocio de telas para la casa, mientras repite, entre un cliente y otro, sus lecciones de inglés: “¿El euro? Ahora no, con esta inflación tan alta. La gente teme que se encarezca la vida. Katrin, que estudia Educación Física, no lo ve así: “Será mejor para la seguridad del país”. Y quien dice seguridad dice alejamiento de la antigua madre Rusia.

“En realidad”, rebate Maris Lauri, “si consideramos que el objetivo del euro sólo se ha postpuesto, la inflación es un problema de corta plazo. Para el país, el verdadero problema es la carencia de mano de obra. La tasa de empleo crece a un ritmo del 1% anual, pero en cinco años se reducirá. Mientras, la población seguirá envejeciendo”. Un país “normal” puede pensar en atraer inmigrantes, pero en Estonia eso significaría “aumentar la presencia de los rusos, que ya representan el 20% de la población. No”, remata Lauri, “los inversores deben comprender que Estonia quiere alcanzar estándares de tipo escandinavo. Aquí nunca habrá mano de obra de bajo coste. Tenemos que atraer a trabajadores altamente cualificados. El problema es que de la UE no viene nadie porque las pensiones y las prestaciones públicas son muy bajas”. ¿Justa prudencia o temor fingido? Inmigración o no, Estonia desea proseguir su carrera, consciente de que tras años de crecimento desenfrenado, está iniciando su aterrizaje. ¿La esperanza? Que no sea brusco. Como la noche del verano boreal.

Fotos, Farano