Economía Vs Identidad

Artículo publicado el 5 de Octubre de 2004
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Artículo publicado el 5 de Octubre de 2004

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No cabe duda, el acceso de Turquía reabriría el debate sobre la identidad Europea, a la vez, el capital geopolítico que Ankara puede ofrecernos es inmenso.¿merece la pena?

Los que apoyan la entrada de Turquía en la Unión creen en una Europa con un papel determinante en el escenario de Oriente Medio. Una Turquía “Europea” espandiría la UE hasta las puertas de Iraq, Irán y Siria, por lo que se vería envuelta de lleno en todos los conflictos y tragedias que afectasen a Oriente Medio. Este tipo de papel requeriría un mayor grado de responsabilidad.

La dote de Ankara: Petroleo y Soldados

En términos de seguridad y defensa Europea, la posición geoestratégica y el potencial militar de Turquía ( Cuyo ejercito es el mayor de la OTAN, tan sálo superado por el de EE.UU. ) son fundamentales para los que apoyan el ingreso de este país en la Unión. Turquía, miembro de la Alianza Atlántica desde 1952, ya ha tomado parte en misiones de paz, pero eso no es todo, en el contexto actual, Ankara podría desempeñar un papel clave en la guerra internacional contra el terrorismo , el crimen organizado y la emigración ilegal. La entrada de Turquía podría suponer un acicate para todos los países árabes moderados, podría mostrar que es factible combinar las reformas democráticas con las tradiciones religiosas. Desde un punto de vista económico, las sustanciales reservas de crudo y gas natural que hay en la región del mar Caspio hacen de Turquía un país estratégico para el transito de recursos energéticos. Su enclave permitiría un

acceso seguro a los recursos de Asia Central yRusia, de lo cual tenemos un buen ejemplo con la reciente apertura del oleoducto Bakou-Ceyhany.

Riesgo de Migraciones

Las consideraciones de los que se oponen al acceso de Turquía no se ciñen a la geopolítica. Según ellos, el riesgo se encuentra en la amenaza que esto supondría para la identidad Europea.

Desde su punto de vista, serían esos mismos intereses estratégicos los que se verían erosionados por el aumento de los emigrantes turcos, cuya integración no ha sido sencilla en países como Alemania. La entrada de Turquía también plantea cuestiones delicadas sobre el futuro de las fronteras de la Unión. Si Turquía es aceptada, nada impide una posible adhesión de Ucrania, Moldavia o Rusia. En definitiva, en el fondo de todas estas cuestiones lo que subyace es la idea de una Europa unida políticamente sobre la base de una identidad religiosa y social que necesita ser preservada, una Unión homogénea que detenta una posición clave en la escena internacional, una Europa independiente de los Estados Unidos (gran entusiasta del acceso de Turquía), una Europa que da preferencia a la conclusión del proceso de integración política sobre las futuras estrategias geopolíticas, basada en la cristiandad, la democracia y el acervo histórico de los países que la integran.

Si, pero con condiciones

Pero en estos tiempos de guerra y miedos renovados, el problema turco parece cuestionar el significado mismo de Europa. Una Europa unida en base a un conjunto de intereses llamaría a las puertas de Turquía para que accediese a la Unión inmediatamente, para ganarse así tanto acceso a los recursos energéticos como el control militar sobre la zona. Por contra, una Europa unida en base a un proyecto político y social fundada sobre una identidad común no buscaría comprometerse inmediatamente.

Realmente, el proceso de adhesión de Turquía bien podría alargarse 10 años o más, y es por esto por lo que la Comisión prevé periodos de “enfriamiento” controlados cuando la membresia turca sea puesta a prueba. Por los tanto, las negociaciones deben comenzar en diciembre, como estaba previsto, aunque sólo sea para mandarles señales de apertura al mundo islámico moderado, algo crucial en estos momentos de crisis. Cerrarle la puerta en la cara a Turquía sería un movimiento peligroso y poco afortunado. No tiene sentido comprometer las oportunidades económicas y estratégicas que la entrada de Turquía aseguraría por temor a dañar la identidad europea, identidad que aún se está forjando. El proyecto Europeo, en su fase constitutiva, no puede más que ser abierto e inclusivo. Esos que temen la entrada de Ankara hoy infravaloran la fortaleza de una Europa finalmente unida.