Edina, el lugar mimado de Escocia: Festival internacional del libro de Edimburgo

Artículo publicado el 4 de Septiembre de 2013
Artículo publicado el 4 de Septiembre de 2013

Uno de los momentos más destacados del año literario en Edimburgo es, sin duda, el festival anual del libro en agosto. En 2013, el festival internacional del libro de Edimburgo cumple 30 años. Para celebrarlo, nos hemos reunido con la fundadora y directora del festival, Jenny Brown. Recostada en una hamaca bajo el cielo cambiante de Escocia, nos habla de noches sin dormir y del primer festival.

“El primer festival se pensó en realidad como una única gran celebración de los libros y de la palabra escrita” recuerda Jenny Brown.  La idea surgió de dos instituciones artísticas puesto que el Festival Internacional de Edimburgo parecía representar todas las formas artísticas, excepto el libro. “Simplemente pensamos «¡Montemos una gran celebración!»” El equipo quería que el festival se ubicara en algún lugar inesperado, algún lugar que no tuviera conexión con los libros. “Después de investigar mucho resultó que, oh, el 69% de la población nunca había pasado el umbral de una librería porque pensaban que eso no era para ellos”− nos explica rápidamente Jenny. “De ahí surgió la idea de celebrar el festival en un jardín con carpas, un espacio al que la gente podía acudir fácilmente sin inhibiciones.”

situación situación

Jenny sigue hablando con misterio en su voz. “El emplazamiento original iba a estar en los Jardines de Princes Street, lo cual podría haber sido fantástico, pero existía un antiguo estatuto que prohibía la venta de libros y periódicos en los jardines. Creo que en el siglo diecinueve muchos vendedores ambulantes y las librerías de Princes Street se quejaron a los gobernantes.” En lugar de este parque central, paralelo a la calle comercial principal, los organizadores eligieron los Jardines de Charlotte Square, un lugar más pequeño en el que se ha celebrado el festival desde entonces.  Jenny echa un vistazo a su alrededor. El sol resplandece (brevemente) sobre los jardines, y hay niños pequeños corriendo por el césped en uno de los pocos refugios pacíficos de una ciudad cargada de festivales. “En realidad, ahora pienso que este sitio es mucho mejor porque…”− hace una pausa para buscar las palabras adecuadas− “…es mucho más contenido y se identifica mucho más con el festival del libro”. Se me acerca, como para contarme un secreto, y añade “El antiguo estatuto ha sido derogado, ¡pero no creo que vayamos a cambiar el lugar!”

El equipo que organizó el festival en 1983 era mayoritariamente (casi de forma intimidante) joven. “¡Sí, yo tenía 25!” exclama Jenny algo horrorizada. “Fue una curva de aprendizaje muy empinada. Por eso todo el equipo aprendió mucho.” Le brillan los ojos y añade “También fue divertido al mismo tiempo… ¡una vez que superamos las noches sin dormir!” Deja escapar una carcajada. “Dios mío ¡realmente no dormí durante los meses anteriores al festival!” A pesar de las noches en vela, el festival fue un gran éxito. Como Jenny me cuenta maravillada, treinta mil visitantes asistieron a las lecturas por parte de más de 120 escritores. “Fue extraño porque no existía una tradición de que la gente saliera y pagara dinero para ver a un autor hablar”. Hace una pausa y pregunta, divertida por las que fueron sus preocupaciones, “¿Vendrían? ¿Aparecería alguien? ¡Pero sí que vinieron!”

Okri, Oz y Burgess

En efecto, lo hicieron, y el comité organizador del festival decidió celebrar el festival (tan solo el tercero de estas características en Gran Bretaña) como un acontecimiento bianual. Se ha celebrado de forma anual desde 1997 y el festival de 2013 cuenta con un programa de más de 700 autores. ¿Tuvo Jenny algún momento favorito a lo largo del camino? “¡Tengo muchos!” exclama con la voz ahogada por el entusiasmo. “Hubo momentos muy bonitos. Yo no lo vi, pero parece ser que el primer año, en el Hotel Roxborough, donde se alojaban todos nuestros autores, Anthony Burgess, el autor de La Naranja Mecánica, se recorrió el comedor y tendió su mano”− nos muestra cómo, imitando un apretón de manos masculino− “y dijo «Updike, Burgess. Nos hemos escrito»”.

Se ríe a carcajadas “¡Me encanta! Y debe de haber sido, oh, hace veinte años, el escritor nigeriano Ben Okri asistió a una conferencia de escritores internacionales que celebramos. Creo que su libro no se había publicado aún. Hay una fotografía preciosa de él saludando a Amos Oz”. Sacude la cabeza, sonriendo, y sigue hablando cada vez más emocionada. “Y eso es− los jardines de Charlotte Square pueden ser un cruce de caminos para la literatura internacional, para escritores reconocidos y para los que están empezando. Lo maravilloso del festival del libro es que los tratamos a todos con el mismo respeto. Todos pagan lo mismo, ya sean principiantes o un ganador premio Nobel.” Deja de hablar y observa los jardines. “No querría estar en ninguna parte del mundo en agosto que no fuera los jardines de Charlotte Square”.