Edouard François: Construir para seducir

Artículo publicado el 17 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 17 de Febrero de 2007
Encuentro con este arquitecto parisino que ha conciliado arquitectura y ecología. Un cincuentón de moda, con formación ecléctica y autor de la célebre Tower Flower.

El estudio de Edouard François se encuentra cerca de la Torre Montparnasse. En un barrio residencial, en el piso bajo de un edificio de cemento, el arquitecto ha encontrado su dimensión: techos con tuberías e instalaciones eléctricas a la vista, luces de neón y plásticos arrinconados por todas partes.

Edouard François, en el umbral de la cincuentena, permanece impecable en su estilo. De aspecto muy cuidado, con camisa abierta ni un botón de más ni uno de menos, habla con voz pausada: “Soy parisino, de una familia de la aristocracia francesa”; como confirma su recorrido académico: Urbanismo en la prestigiosa Ecole de Ingenieros de puentes y Caminos, Arquitectura e Ingeniería en la Academia de las Bellas artes de París.

Hoy, este creador y diseñador figura como uno de los especialistas de la "Arquitectura verde". Solicitado por muchos, ha concebido numerosas estructuras innovadoras, como el "el edificio que crece" [conocido también como el Castillo de Lez] en Montpellier, en 2000, una construcción de siete plantas equipada con una fachada vegetal, mantenida mediante irrigación automática. Su Tower Flower en Paris, es un inmeuble de viviendas cuyas fachadas están decoradas con plantas de bambú y otras especies tropicales.

Tres elementos para la arquitectura

Es lícito preguntarse lo que significa para una figura tan poliédrica hacer arquitectura. “La mía –me explica el arquitecto delante de un vaso de vino tinto- es una profesión de artes aplicadas: un cruce de tres elementos. Por un lado es necesario mantener una dimensión técnica, de “know-how”, económica y jurídica. También es necesario tener una conciencia general, hacerse preguntas como “¿Qué es lo que mueve el mundo hoy en día? Y, por último, desarrollar una reflexión humana”. Edouard François pone el acento sobre el significado de la arquitectura partiendo de un análisis tan elemental como profundo. “El hombre puede vivir sólo dentro de una arquitectura, necesita un edificio. Y un edificio más bien complejo, que sea un decorado, sólo así puede ser feliz”. De hecho, según François, trabajar con la naturaleza ofrece una complejidad aceptable: “Observad un árbol: tiene mil ramas, se mueve, crece, ¡cambia de color!”. De este modo la naturaleza aporta al edificio la necesidad de complejidad típica del hombre. Basta pensar en el proyecto de la Tower Flower en París o en la Maison Française de Nueva Delhi.

La mala interpretación de la ecología

En la actualidad, el nombre del arquitecto parisino se entrelaza de manera indisoluble con la idea de naturaleza y ecología. No obstante, esta relación se ha malinterpretado por mucho tiempo. “La ecología es un elemento que se introduce dentro del discurso de conciencia sobre nuestro tiempo: la gente no se interesa ya por la higiene o la mundialización… la sociedad contemporánea se dirige a la materia, el contexto, a las emociones”. De hecho, lo que quiere realizar Edouard François es un edificio que se inserte dentro de su contexto “como un camaleón, con gran respeto por el paisaje urbano”. Y, subraya con gran énfasis, que “no se invente nuevas señales, ¡Ya hay demasiadas!”.

Diseñar en Champs Elysées

El último proyecto realizado por el estudio es un ejemplo de su visión ecológica. El Hotel

Fouquet’s Barriere se encuentra en los Campos Elíseos de París. “Cuando me encargaron el Fouquet’s me pidieron realizar un edificio de arquitectura ecológica, verde…¡Pero no tenía sentido! En Champs-Elysées no funciona: ¡No hay naturaleza! Y no quiero hacer un edificio sólo para que alguien pase y diga “¡Wow, un edificio ecológico!” Quiero mostrar una arquitectura inteligente”. Y en efecto el Fouquet’s es un ejemplo espectacular de arquitectura en armonía con su propio contexto, un edificio “silencioso y libre”.

Fuera de Francia, la Italia sofisticada

“Me interesa utilizar técnicas, elementos y materiales que estén lo más posible en “lo que se lleva”, en lo que está en boga, en sintonía con nuestro tiempo”. Edouard François respira y elabora las tendencias de la sociedad contemporánea para responder a una necesidad de inquietud artística, de sensibilidad personal. A pesar de los numerosos viajes, las conferencias por todo el mundo y una cátedra en la Architectural Association School de Londres, el arquitecto permanece en París, ¿Por mucho tiempo?

“Francia es estática y ya no me encuentro bien aquí. Me gustaría trasladarme”. Se siente atraído por el dinamismo de ciudades como Amberes, Bruselas o Londres. En cambio, Italia le resulta un país “demasiado sofisticado”. Demasiado. Y se pregunta: ¿Hay hoy en día necesidad de tanta delicadeza?

Sirviéndose el enésimo vaso me confiesa: “Me encanta viajar y moverme. Algunos fines de semana desconecto, cojo un avión a la Martinica, voy a la selva tropical y ni siquiera mis colegas lo saben”. Hoy por hoy irse de Francia es un objetivo fácil. “He trabajado en canteras en todo el mundo. Los clientes me contactan por Internet y estoy esperando tener menos del 40% de la actividad en Francia para poder irme”. Luego, concluye sonriendo: “Le he pedido ya a mi compañera suiza que nos traslademos: ¡Hasta quiero cambiar de nacionalidad!”.

“¿Sus inspiraciones? ¡Vivimos en una pesadilla de mensajes! Para hacer un buen trabajo tienes que seleccionar entre toda la mierda que gravita a nuestro alrededor en esta sociedad. No es necesario ir a buscar las buenas ideas quién sabe dónde”. Lo que está claro es que ante todo su profesión es la de “seductor”, y el principal objetivo de su trabajo es conquistar al público con su arte. Me mira fijamente a los ojos y afirma riendo: “Hasta el joven que pasa con su novia por los Campos Elíseos tiene que apartar la mirada de su chica y contemplar mi edificio. ¡Así es como me siento ganador!”. Apura el último trago de vino y, despidiéndose, vuelve al estudio.