Eduardo Dávila Miura: un torero nunca piensa en su muerte

Artículo publicado el 18 de Junio de 2007
Artículo publicado el 18 de Junio de 2007
Era uno de los mejores toreros españoles cuando el pasado otoño dejó los ruedos. Una entrevista con Eduardo Dávila Miura, 33 años, sobre la soledad en la plaza y el toreo como arte.

"Se encuentran un actor y un torero y le dice el actor al torero: “Tenemos unas profesiones muy parecidas. Los dos actuamos para espectadores y al final podemos morir”. El torero le responde: “En efecto, sólo que tú puedes morirte varias veces, y yo no”. Eduardo Dávila Miura ríe a mandíbula batiente tras contarnos el chiste. Al mismo tiempo nos lanza una pícara mirada.

Una relación muy estrecha con el animal

Cuando terminó su carrera, tras 10 años de toreo en los ruedos, Dávila Miura era uno de los toreros más conocidos de España. Durante ese tiempo ha recibido varios homenajes y no sólo en su Andalucía natal, sino también en el resto de España, Portugal, sur de Francia y Latinoamérica. La retirada del torero fue para muchos sorprendente. “Había conseguido todo y había llegado a lo más alto. Pensé entonces que era el mejor momento para dejarlo”, explica.

El toreo a Dávila Miura le viene desde la cuna. Proviene de una conocida familia de ganaderos de toros en Sevilla, ciudad en la que nació y en la que comenzó y terminó su carrera profesional. Nos cuenta cómo desde que ya era joven se entrenaba con toros en la dehesa de sus padres y era animado en su carácter y particularidades. El apego a los toros es para él una condición imprescindible para ser un buen torero. "Como torero tenemos una íntima relación con los toros", subraya. "Esto es precisamente lo que la mayoría de la gente no quiere entender".

En esa doble lucha con el toro se revela el alma de los toreros. "Toreas tal y como eres", cita Dávila Miura del conocido torero andaluz Juan Belmonte. "Como torero estás completamente solo, aunque lo estén viendo varios miles de personas: es una soledad inimaginable. Lo único que en ese momento percibes es el toro". Se trata de descifrar el carácter del toro. Evidentemente, existen diferentes clases de toros, y según ellas hay que torear de diferentes modos y maneras. "Hay también toros falsos, que parecen espectadores", nos comenta riendo. Cuando Dávila Miura deja de hablar de toros, se siente su amor a los animales, entre los que se ha criado, y que tan numerosos ha matado en el ruedo.

Arte y crueldad

Le gusta comparar el toreo con el arte, el torero con el artista. “El toreo es un drama, que sigue una cronología determinada”, prosigue. Ese drama tiene tres actos, los tercios. Al principio, el toro estará nervioso y herido, sin embargo todo el objetivo se centra en el acto final: “Para terminar, el torero da una estocada mortal con la espada“. Acompaña Dávila Miuras estas palabras con un movimiento de su gigantesca mano mirándonos fijamente. "Se necesita una alta concentración, para saber cuándo ha llegado el momento exacto. Uno es un artista, pero al contrario que un pintor o un escritor sólo tiene un único intento posible”. El único objetivo del toreo es la muerte del toro: para ello todo torero arriesga su vida ¿Ha pensado él alguna vez mientras toreaba en su propia muerte? Dávila Miuras niega con la cabeza, sus labios se contraen con firmeza: "Un torero nunca piensa sobre su propia muerte".

Ahora bien, el toreo no es sólo una forma de arte, sino también un espectáculo cruel. La estocada final del torero la preparan cuidadosamente sus ayudantes, los picadores y banderilleros. Con puyas y banderillas hieren al toro sucesivamente en la nuca y la paletilla, hasta que brama de dolor. Las corridas gozan cada vez en España de menos aficionados, en especial entre los más jóvenes. “Pudiera ser que el toreo es España estuviera en crisis desde hace tiempo, pero a los toreros no nos preocupa”. Dávila Miuras intenta, mediante un ágil movimiento de manos, limpiar criticas. Para “los críticos absolutos” tiene sólo una mirada despectiva. ¿Cómo convencería a un escéptico para que fuera a una corrida de toros? “Simplemente tiene que ver una corrida. Y entonces reconocerá lo más importante del toreo: el toro ha nacido para morir”.

Eduardo Dávila Miura habla de mala gana sobre las sombras de su trabajo. Cuando se entusiasma con el toreo la pasión atraviesa cada parte de su robusto cuerpo. Le resulta extraordinariamente difícil, ahora tras finalizar su carrera, ser sólo espectador. "Es duro conformarse con ver las corridas. El toreo es mi profesión”. Pero tiene una familia y niños, y por ello le resulta muy difícil continuar con un trabajo tan arriesgado. Ha sido herido de gravedad ocho o nueve veces. ¿Qué diría si un día un hijo le dijera que quiere ser torero? Dávila Miura se sorprende, y después nos responde con rotundidad: “Pasaría mucho miedo por él, porque es una forma de vida dura y peligrosa. Ahora bien, por supuesto le permitiría continuar, porque es el trabajo más bello del mundo”.

Agradecimiento a Eduardo S. Garcés