Educación para la Ciudadanía: la asignatura de la discordia

Artículo publicado el 17 de Septiembre de 2007
Artículo publicado el 17 de Septiembre de 2007
El gobierno español introduce por ley una asignatura que será obligatorio cursar. Antes de que algunos colegios la incorporen en este curso, ya ha cosechado polémica y detractores.

Tras hacer obligatoria una asignatura sobre valores en las escuelas, el Gobierno ha abierto la caja de Pandora. Colectivos religiosos, partidos políticos y otras asociaciones están por diferentes razones en desacuerdo con esta iniciativa que, aunque pretenda educar en el criterio puede caer en reproducir los conflictos y prejuicios ya existentes. Si los mayores no se ponen de acuerdo en cuanto a la Constitución, los matrimonios homosexuales o el Islam, ¿cómo abordar estas cuestiones a través de un profesor y durante dos horas a la semana?

Curso de prueba

Se trata de una nueva asignatura impulsada por la ministra española de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera, en la Ley Orgánica para la Educación (LOE), que se perfila como un refuerzo para educar a los niños en valores democráticos. Se impartirá una hora a la semana, durante un curso de primaria y dos de secundaria, y es de carácter obligatorio –aunque sólo siete comunidades autónomas han optado por empezar a impartirla ya este año (Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Cataluña, Extremadura y Navarra: más de 230.000 alumnos). Como todas las materias obligatorias, hará media en el expediente y contará para repetir curso. La ministra ha recordado, además, que cursarla es indispensable para obtener el título.

Constitución, matrimonios homosexuales e Islam

El temario básico presentado por el Ministerio de Educación y Ciencia define los ejes temáticos sobre los que debe versar la asignatura: el respeto y el conocimiento de los Derechos Humanos, las instituciones democráticas, la conciencia de uno mismo, la tolerancia hacia la diversidad cultural o el razonamiento crítico de la información. Sin embargo, cada centro tiene libertad para concretar el temario, y las editoriales han puesto a disposición de los maestros que impartirán la materia -generalistas, especializados en ciencias sociales, historia, filosofía o ética- diversidad de libros de texto, para que escojan el que más se adapte al perfil del centro.

A pesar de las distintas posiciones ideológicas de los libros frente a temas como la sexualidad y el matrimonio entre homosexuales, la tendencia es a describir la situación social, más que a juzgarla. En un análisis de Alicia Rodríguez publicado en La Vanguardia, se expone el punto de vista de la editorial SM, de adscripción católica, cuyo libro firma José Antonio Marina, reconocido intelectual y cristiano: “Tenemos la obligación ética de respetar la dignidad de todas las personas, reflejada en la Constitución y las leyes españolas, que prohíben toda discriminación por razón de género u orientación sexual”. Y en el libro de Vicens Vives: “La legislación de los matrimonios homosexuales (y el consecuente derecho de adopción) es una nueva situación que unos consideran el fin de las imposiciones sobre el amor y otros como un problema para el futuro de la sociedad”.

Quejas de izquierda y derecha

El principal partido de la oposición, el Partido Popular, considera que el Estado está interfiriendo en un ámbito –la educación en valores- que forma parte de la esfera privada, y etiqueta a la asignatura de “catecismo socialista”. Con el mismo argumento, la Conferencia Episcopal considera que ”roza la inconstitucionalidad”, ya que ésta garantiza la libertad religiosa.

Algunos sectores han ido más allá de la crítica y han incitado a la acción. La patronal de escuelas privadas Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), de corte católico, –que reúne un 6% del alumnado-, ha aconsejado a sus centros en una circular interna que permitan a los alumnos ausentarse para cursar contenidos paralelos sobre Derechos Humanos, Constitución, etc.

Eso sí, no sólo se han recibido críticas de la derecha. Algunos sectores de la izquierda lamentan que la asignatura legitime la Europa unida en lugar de cuestionarla, y que los contenidos sean sustituidos por valores, una materia incapaz de ser asimilada per se. Clara Serrano, en un artículo opinativo publicado en Rebelión, compara los libros de texto de Ciudadanía con “álbumes de cromos” llenos de flechas y “juegos de rol”, en los que no hay “discurso ni argumentación”.

Hay quien plantea directamente la objeción de conciencia. Profesionales por la Ética, una asociación de valores cristianos, pide que la asignatura sea optativa y no evaluable. La organización ha repartido 4 millones de guías dando instrucciones para la objeción, amparándose, dicen, en el artículo 16 de la Constitución, y algunos ciudadanos ya se han apuntado a la propuesta.

¿Y en el resto de Europa?

España no ha inventado la sopa de ajo. Asignaturas específicas sobre ciudadanía y Derechos Humanos están presentes en dieciséis países europeos, si bien los contenidos también se imparten transversalmente (a través de otras materias) en Dinamarca, Hungría, Alemania, Chipre, Noruega y Finlandia. La diferencia con España es, en algunos casos, la obligatoriedad de cursarla. Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España, asegura que, hasta ahora, España estaba a la cola de Europa en formación sobre Derechos Humanos.